>>>Viena con (y para) niños

Viena con (y para) niños

Ciudad imperial repleta de historia, la capital austriaca también tiene una cara divertida y desenfada que merece la pena explorar en familia.
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no de los símbolos de Viena es su noria. Visible desde muchos puntos de la ciudad, sirve de guía para quienes comiencen una ruta en familia por la capital austriaca. Se encuentra en el barrio de Leopoldstadt, en la entrada de Prater, uno de los parques de atracciones más emblemáticos de Europa –y también de los más antiguos–. Tiovivos, salas de espejos, una montaña rusa y el tren de Liliput son algunas de las paradas obligatorias en este parque que también alberga el Planetarium y el Madame Tussauds, el museo de cera más famoso del mundo. También se encuentra rodeado de espacios verdes y canchas para practicar skate, BMX o vóley playa.

A unos dos kilómetros de Prater se localiza Stadtpark, otro de los pulmones verdes de Viena –y el más bonito–. Abierto desde 1862, fue el primer parque público de la ciudad y cuenta con numerosos monumentos. Entre ellos, el más fotografiado es la estatua dorada del compositor Johann-Strauss. Y es que Viena es el destino ideal para despertar en los niños el amor por la música.

Niños en la Casa de la Música
La Casa de la Música se encuentra en el que fuera palacio del archiduque Carlos.
Foto: ©Hause der Musik

Un museo pensado para niños

En el Museo infantil ZOOM pueden jugar y aprender al mismo tiempo. Gracias a las exposiciones y talleres desarrollan sus capacidades en arte, ciencia, creatividad, estimulación, habilidades sociales, etc. Hay actividades disponibles desde los ocho meses hasta los 14 años.

La Casa de la Música contribuye a ese propósito. En sus cuatro plantas (Museo de la Filarmónica de Viena, Sonosphere, Grandes compositores y Virto-Stage) apuesta por un acercamiento total a este arte. Se trata de un espacio interactivo donde los niños experimentan con actividades como Namadeus, un programa que permite escuchar los nombres de los visitantes en las composiciones de Mozart.

Los sitios de interés más populares de Viena también tienen en cuenta los gustos de los más pequeños. Es el caso del Palacio de Hofburg, que cuenta con visitas guiadas que les muestran los aposentos donde residían el emperador Francisco José y su mujer, la famosa emperatriz Sissi, en los meses de invierno. Para hacer la visita más entretenida, pueden disfrazarse con trajes, uniformes y complementos de época. Frente a Hofburg se encuentra también la Escuela Española de Equitación, con más de 450 años de historia. Su ‘ballet’ de caballos blancos encantará a mayores y pequeños por igual.

Jirafa del zoo de Schönbrunn
El zoo de Schönbrunn abre los 365 días del año.

En el Versalles vienés, el Palacio de Schönbrunn, comprobarán como vivían los niños de la familia imperial durante el verano: hasta los seis años tenían tres habitaciones propias cada uno, y después de esa edad se les adjudicaban otras dos más (antesala y sala de audiencias). El programa para niños creado para recorrer el castillo incluye visita al Museo de los Niños y a los laberintos del jardín.

ZOOM Children's Museum
El Museo infantil ZOOM cuenta con 1600 metros cuadrados para exposiciones y actividades.
Foto: ZOOM Children's Museum/J.J. Kucek

En Schönbrunn también hay un zoo. Y no uno cualquiera: es el más antiguo del mundo y ha sido nombrado en cinco ocasiones el mejor de Europa (la última en otoño de 2018). Tanto reconocimiento se debe, en buena parte, a los amplios espacios donde habitan osos pandas, elefantes y demás animales exóticos. La Casa de la selva tropical y el Invernadero de naranjos son dos de los lugares más populares de este zoo que, como el resto de Schönbrunn, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A priori, la catedral de San Esteban puede resultar menos llamativa para los niños que el zoo, pero seguro que les encanta divisar toda la ciudad desde sus dos torres. Para acceder a la sur hay que subir casi 350 peldaños, así que puede convertirse en todo un reto. Si no, siempre estará la alternativa del ascensor que llega hasta la cima de la torre norte. Y para los más valientes, las catacumbas de la catedral también están abiertas. Después pueden reponer fuerzas con un trozo de tarta Sacher, aunque para comer chocolate no hacen falta ni excusas.

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