
De Los Ángeles a Las Vegas entre cañones
ada detrás de mí, todo delante de mí, como siempre en el camino”. Esta frase de Jack Kerouac en su mítico libro ‘On the road’ bien vale como mantra en un viaje por Estados Unidos. Punto de partida, Los Ángeles. Allí comienzan las míticas Ruta 1 y 66. Pero L.A también es la primera parada de muchas otras aventuras. Empezando por el Gran Cañón, la postal más emblemática de Arizona. El responsable de este peculiar paisaje es el río Colorado, que fue tallándolo poco a poco. Una erosión que data de hace seis millones de años, aunque los científicos siguen debatiendo sobre su origen exacto.
Lo visitan cuatro millones y medio de personas cada año. Nueve de cada diez apuestan por el extremo sur porque el acceso al norte es mucho más complicado. Lo que pocos saben es que no es un (gran) cañón, sino una garganta. Se trata de un conjunto de cañones de diferentes épocas y características. Comprenden todas las tonalidades del rojo y cambian de color según la hora del día. ¿El resultado? Una panorámica cambiante de la que es imposible aburrirse.

Las Vegas en versión mini
Entre Los Ángeles y el Gran Cañon es habitual parar en Laughlin. Big Bend State Recreation Area es el centro de esta ciudad repleta de hoteles y casinos. Los más impacientes se alojan en uno de los nueve ‘resorts’ con los que cuenta y apuestan aquí sus primeros dólares.
En el camino hacia el siguiente cañón se cruza el lago Powell, entre los estados de Arizona y Utah. Es el segundo lago artificial más grande de Estados Unidos con 300 kilómetros de largo. Se originó gracias a la presa del cañón de Glen, con agua del río Colorado y en las zonas más profundas alcanza 122 metros. Este pequeño oasis, rodeado de rocas rojizas, puede explorarse en lancha, buceando o incluso mientras se practica esquí acuático.
A unas seis horas del lago se encuentra Bryce Canyon, ya en Utah. Sus afiladísimas rocas son su principal seña de identidad. Se puede conocer haciendo senderismo nocturno, tomar clases prácticas de geología o a caballo. En invierno se organizan recorridos con raquetas de nieve. También en Utah se encuentra Zyon Canyon, caracterizado por el despliegue de colores de sus rocas, en mutantes tonos rosas y rojos. Aunque no todos los cañones son accesibles, es habitual la practica de barranquismo. Está a menos de 250 kilómetros del aeropuerto de Las Vegas.

El evidente contraste entre ‘la ciudad del pecado’ y los cañones se olvida pronto. Las luces de los casinos tienen el mismo efecto hipnótico que un atardecer en el Gran Cañón y la oferta de ocio de la ciudad llena de actividades las 24 horas del día. Espectáculos, partidas de póker y la vida nocturna más animada de todo el país se dan cita a ambos lados del Strip, la arteria principal de la ciudad.

Y antes de volver, una parada más, Death Valley. Su nombre avisa. Durante los meses de verano las temperaturas oscilan entre los 38 y los 49 grados, un calor extremo. Tanto como sus inviernos, cuando se pueden ver sus picos repletos de nieve. Su paisaje se resume en, 3.4 millones de acres de desierto y montañas. Carreteras en las que no se ve el límite. Desierto a derecha e izquierda. O como dijo Kerouac: todo el camino por delante.









