>>>Zanzíbar, el África tropical

Zanzíbar, el África tropical

Paradisíaca como el Caribe, auténtica como cualquier ciudad africana. Con colores, especias, historia y playa, mucha playa. Así es la isla favorita de Tanzania.
E

n suajili, matlai significa “el primer viento de la mañana que sopla las velas de los barcos”, en el caso de Zanzíbar, de los ‘dhows’, la embarcación tradicional más utilizada en esta parte de África. El matlai sopla a la misma hora a la que las mujeres recolectoras de algas caminan por la orilla envueltas en sus coloridos ‘kangas’ hasta llegar a sus granjas marinas. La imagen, con el agua turquesa del Índico de fondo, es pura fantasía para cualquiera con un mínimo de visión fotográfica.

Pero la realidad, por colorida que sea, no es tan perfecta como esa fotografía. El aumento de la temperatura del mar y una bacteria atacan a las plantaciones de algas y ponen en peligro a la segunda fuente de ingresos del país por detrás del turismo. Por eso te proponemos que disfrutes del paraíso con conciencia y responsabilidad. Una opción es el hotel Matlai Hotel Boutique, que homenajea en su nombre a este primer viento de la mañana y a todos los madrugadores de Zanzíbar. Su filosofía ‘ecofriendly’ procura proteger los recursos naturales de la isla con iniciativas como la reducción de residuos o el uso de jabón biodegradable (adquirido en una cooperativa local). Sus habitaciones incluyen una ‘infinity pool’ con vistas al océano rodeada de palmeras.

Vista aérea de varios dhows pescando
El ‘dhow’, de origen árabe, continúa utilizándose en los pueblos costeros del este de África.

La isla de Pemba

La segunda isla más importante del archipiélago Zanzíbar tiene el apodo de “la isla verde” y sus colinas y valles cubiertas de cocoteros, mango y otros árboles frutales explican por qué. En ella (en sus aguas) se encuentra uno de los hoteles más originales del mundo: The Manta Resort, que dispone de una habitación submarina.

En Essque Zalu Zanzibar también prestan atención al origen de todo lo que ofrecen. En sus dos restaurantes siguen la filosofía de la granja a la mesa, en el caso de Jetty Restaurant, “de la granja al Índico”, pues se encuentra flotando en el agua sobre una plataforma de madera. El 98% de lo que ofrecen proviene de “talento local”, incluidos los souvenirs de su boutique sostenible y los tratamientos de su spa, basados en los rituales maasai. En función del número de días, proponen varias actividades para conocer este archipiélago a 30 kilómetros de la costa continental de Tanzania. Éstas también pueden elegirse con conciencia, por ejemplo, evitando los transportes a motor: en lugar de disfrutar de las olas en moto acuática, hacerlo remando sobre un kayak.

 

Otra de las actividades recomendables es el buceo. Puede practicarse en los arrecifes cercanos a Nungwi, una aldea de pescadores famosa por sus playas, donde habitan desde mantas hasta barracudas. E incluso demonios. La cercana isla de Tumbatu está rodeada por un halo de misterio, ya que se piensa que fue el lugar de nacimiento del vudú y los locales creen que en sus jardines de coral habitan demonios.

 

Monumento en memoria de los esclavos en Stone Town
El mercado de esclavos de Stone Town fue uno de los últimos en cerrar. Hoy existe un memorial en su honor.

Además de su costa paradisíaca, demonios y leyendas aparte, hay mucho por conocer en Zanzíbar. Su nombre, procedente del árabe, (Zenj=negro, barr=tierra) da pistas sobre su historia. Por la “Costa de los Negros” han pasado varias ocupaciones, desde el imperio Persa hasta los conquistadores portugueses, pasando por sultanes y visires designados por los británicos. Fue uno de los epicentros del tráfico de esclavos y desde principios del siglo XIX, también del de las especias. El olor de la canela, el clavo, la vainilla y la nuez moscada le valieron su otro apodo, “la isla de las especias”, que puede descubrirse en los tours organizados a las granjas y plantaciones.

El pasado también se hace presente en su capital, Stone Town, donde las antiguas casas de mercaderes, los bazares y el antiguo palacio del sultán trasladan al viajero a otra época. Su autenticidad le ha valido el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Mundial. De cómo lo visitemos hoy dependerá que siga conservando intacto ese encanto que tanto seduce al objetivo de la cámara.

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