>>>White Island: el volcán dramático
Foto: ©Chris Sisarich/NewZealand.com

White Island: el volcán dramático

Humo blanco, azufre y temperaturas de 800 grados. Descubrimos qué esconde el volcán más activo de Nueva Zelanda, uno de los más accesibles del mundo.
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a ambición me lleva no solo a donde ningún hombre ha ido antes, sino a donde creo que es imposible que vaya”. Son palabras del explorador británico James Cook. Conocido como el Capitán Cook, realizó tres viajes por el océano Pacífico en el siglo XVIII. En el que le llevó hasta Nueva Zelanda alcanzó un islote circular de apenas dos kilómetros que alberga el que, actualmente, es el volcán más activo del país. Cook lo bautizó como White Island por la nube blanca que lo rodeaba. Una nube de vapor y gas. Para los maorís era Te Puia o Whakaari, que significa “volcán dramático”.

Desde 1826 ha registrado unas 35 erupciones. La mayoría, de pequeña intensidad. Los últimos ‘movimientos’ datan del año 2013, pero los gases que emite a diario (lo lleva haciendo desde hace siglos) convierten a este estratovolcán en todo un reclamo turístico. El número de visitas aumenta gracias a que es uno de los volcanes marinos más accesibles del mundo, a 48 kilómetros de la costa de la localidad de Whakatane. El trayecto hasta White Island supone unos 90 minutos más un último tramo en lancha.

Helicópteros en White Island.
En la escala de riesgo de erupción (que va de 1 a 5) suele situarse entre 1 y 2.

La isla de Gran Hermano

GNS Science, consultoría de geología neozelandesa, monotoriza White Island con cámaras web, un sismógrafo y un micrófono. Además, realizan tres visitas al mes para controlar el agua, el gas y el suelo por si hubiera cualquier cambio en la superficie.

Empresas locales como White Island Tours organizan estas excursiones (normalmente de unas tres horas de duración). Los tours dieron sus primeros pasos en 1990 gracias a la iniciativa de Peter y Jenny Tait, que renunciaron a sus trabajos como agricultores para montar una empresa de pesca y buceo. Cuando llevaban un par de años, un cliente les pidió ir hasta el volcán. Tanto les impresionó que decidieron dejar las cañas de pescar y los trajes de buceo y centrarse en Whakaari. Ahora cuentan con varios barcos para atender a quienes buscan emociones más fuertes.

 

Al llegar a White Island –también hay opción de hacerlo en helicóptero– no verán lava, pero sí humo y vapor. Es obligatorio llevar mascarilla y se recomienda proteger ojos y piel. Un mal paso puede liberar una ráfaga de aire de una grieta recién abierta. El gas que emite el volcán, que puede alcanzar temperaturas de hasta 800 grados, no es tóxico, pero provoca tos y lagrimeo. Las máscaras también protegen del fuerte olor a azufre. Ese mismo azufre que, tras siglos de exposición, ha impregnado las rocas de la isla de un amarillo característico. Casi marciano.

Los gases rodean la isla.
Los gases disueltos del magma forman la famosa nube blanca de vapor y gas que rodea la isla.

La mayor atracción de la isla es el lago dentro del cráter, en el que se mezclan agua, gases y barro. El agua allí es muy ácida: el PH se sitúa por debajo de 0, siendo el mínimo de potabilidad 7.5. A pesar de ello, existe vida microscópica que ha sido capaz de sobrevivir en esas condiciones tan extremas. Eso sí, son los únicos habitantes de la isla, que permanece deshabitada.

El azufre tiñe de amarillo las rocas de White Island
White Island lleva activo 150.000 años.

Hasta 1936 hubo actividad minera en White Island. De hecho, aún se pueden ver restos de la fábrica en la isla, recuerdo de los mineros que perdieron la vida en 1914 por un desprendimiento. Después comenzaron una serie de litigios entre el propietario de la isla, George Raymond Buttle, que se negaba a venderla, y el gobierno neozelandés. Hoy día sigue estando controlada por la sociedad Buttle Family Trust y explotada para el turismo que quiere conocer uno de los lugares más ardientes de Nueva Zelanda. La pesca y el buceo han pasado a un segundo plano desde entonces. Ahora la emoción está sobre tierra, rodeada de humo blanco.

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