>>>Wakayama: un desvío de la vida moderna

Wakayama: un desvío de la vida moderna

Hay un destino (casi secreto) en Japón, entre el mar y la montaña, que es perfecto para desconectar el wifi y conectar con la naturaleza. Un lugar privilegiado donde los dioses habitan en los bosques y las leyendas se aferran a los acantilados.
E

n Japón hay un momento para todo. Hay un momento para el ruido y las luces de Tokio, y hay un momento para volver a los orígenes, lejos de la globalización y las rutas turísticas. En la prefectura de Wakayama (región de Kansai), uno de los destinos más naturales del país, es posible recuperar la calma en pequeñas aldeas a lo largo de sus 600 kilómetros de costa, dentro de bosques con cedros centenarios y entre aguas termales que desembocan en el Pacífico. Un viaje fuera de ruta por lugares que provienen de tiempos inmemorables y ayudan a revitalizar los sentidos.

Descenso del río Kitayama
Foto: ©JNTO
1. Un río que se navega de pie

Cuando pensamos en hacer rafting, nos imaginamos sentados sobre una balsa inflable. En Japón, como tantas otras cosas, esto es diferente. El río Kitayama es el único lugar del país que ofrece a los viajeros la oportunidad de descender de pie sobre balsas hechas con troncos. El origen de este ‘deporte’ se remonta a cuando la madera cortada se ensamblaba en balsas y se enviaba río abajo, un método de transporte que se usó durante más de 600 años. Con botas, un sombrero y remos de madera en la mano, los atrevidos pilotos conducen estas balsas por los rápidos mientras los pasajeros se sujetan de pie a una barra de metal e intentan que la corriente no les derribe.

Acantilado Sandanbeki
Foto: ©JNTO
2. Una cueva de piratas

Shirahama es una de las ciudades costeras más populares de Wakayama. Allí se encuentra el acantilado Sandanbeki, un tramo de dos kilómetros de costa donde las olas se estrellan contra las gigantescas paredes de piedra que se elevan 50 metros sobre el mar. Dentro de los acantilados está el sistema de cuevas en el que los piratas Kumano Suigun –del periodo Heian (794-1185)– tenían sus guaridas y ocultaban los barcos. A través de un ascensor, que desciende 35 metros, se llega al interior de este esqueleto de rocas en el que el agua del mar se cuela por los agujeros entre réplicas de armaduras que usaban los piratas y un santuario con cien linternas colgantes que iluminan una talla de Benzaiten, la diosa de todo lo que fluye.

Peregrinos en el camino Daimonzaka
3. Una escalera en un bosque

Se dice que el espíritu del viajero se limpia al bañarse en la niebla de la cascada Nachi, la más alta de Japón. Para llegar hasta ella hay que ascender 267 peldaños por la cuesta Daimonzaka. Un evocador tramo de 650 metros dentro de la ruta de Kumano Kodo, el camino de peregrinación japonés en el que se venera a las deidades de la naturaleza. El trayecto de Daimonzaka forma parte de la de la ruta Nakahechi, que conduce hasta el santuario de Nachi Taisha, uno de los más importantes de Kumano. La mejor manera de subir esta mítica cuesta es vestirse con traje de peregrino del periodo Heian (que se alquilan allí mismo) y caminar bajo la sombra de los ‘cedros casados’, que con más de 800 años todavía flanquean el camino con sus raíces ‘amorosamente’ entrelazadas.

Islote Engetsuto
4. Un atardecer dentro de una cueva

Como si hubiera sido pensado para una foto de Instagram, un agujero con forma de luna llena se ha convertido en otro lugar de peregrinación de Wakayama, pero en este caso para ver la puesta de sol. Se trata del deshabitado islote Engetsuto, que descansa en una ensenada cerca de la playa de Shirahama. Este icónico arco natural, originado por la erosión de la piedra, es el símbolo de la ciudad y ha sido seleccionado como uno de ‘100 mejores soles vespertinos de Japón’. Mientras el sol va colándose por el agujero, se pueden ver pulpos y calamares ‘despidiendo el día’ bajo las transparentes aguas del océano. También puedes acercarte un poco más a este peculiar atardecer en un crucero.

Onsen en Wakayama
5. Un onsen de aguas imperiales

¿Hay algo más relajante en Japón que sumergirse en un onsen? Sí, sumergirse en un onsen contemplando el océano Pacífico. Wakayama es popular entre los japoneses por sus baños de aguas termales al aire libre, conocidos como rotenburo. Entre los más singulares se encuentran Kawayu, un gran onsen en medio del río Oto y rodeado de bosque, y Saki-no-yu, en Shirahama, uno de los tres onsen más antiguos del país, donde ya se bañaban los emperadores hace 1300 años. En sus piscinas, que se abren al mar, se siente la brisa del océano tan cerca que es necesario cerrarlas cuando las olas son demasiado altas.

Formación rocosa Hashigui-iwa
6. Un puente invisible

Además de ser el paraíso de los buceadores gracias a sus arrecifes de coral, la ciudad de Kushimoto tiene una de las formaciones naturales más misteriosas de Wakayama: las rocas de Hashigui-iwa. Una obra de arte natural que presenta una línea recta de rocas de distintos tamaños que parecen ser los pilotes de un puente. La leyenda cuenta que el monje Kobo Daishi, fundador de Koyasán, intentó construir un puente hace más de 1200 años, pero este fue destruido por un demonio, lo que provocó que las rocas cayeran al mar y formaran Hashigui-iwa. Ahora, el ‘puente sin terminar’ se adentra a lo largo de 850 metros en el mar y es uno de los lugares más fotografiados de la región.

Artículos relacionados

‘Ryokan’, el B&B nipón

Para vivir según las costumbres de la cultura japonesa, las casas de huéspedes ‘ryokan’ permiten alojarse en una casa tradicional...

Hakone y Nikko: donde no llegan los rascacielos o el secreto japonés para vivir más años

Aguas termales entre cedros, casas de samuráis, licores antiguos y senderos que llevan al pasado. Así transcurre la vida en...

Bienvenidos al futuro

Tres robots te recibirán en la recepción para hacer el check-in. No te preocupes si no te dan la llave...

Dormir entre libros

A ti, devorador de páginas, si quieres dormir rodeado (literalmente) de libros, sigue leyendo: hemos encontrado tu hotel.