>>>Vacaciones en Kos: la verdadera medicina natural

Vacaciones en Kos: la verdadera medicina natural

Respirar aire puro, andar descalzo por la playa o un baño en aguas termales. Podrían ser las recomendaciones de tu médico, pero son nuestros consejos para disfrutar al máximo de esta isla griega.
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a naturaleza tiene poderes curativos, y más en una isla salpicada de playas de arena blanca y montes cubiertos de pinares. Hipócrates, considerado el padre de la medicina occidental, compartía nuestra opinión. Nació en la isla de Kos en el año 460 a.C. y su fama se extendió por toda la Antigua Grecia, llegando a curar al filósofo Demócrito y al rey de Macedonia. Después de viajar por varios países, dirigió la escuela de medicina de Kos. En el santuario de Asclepios (Asklepieion), cuyas ruinas del siglo IV a.C. aún pueden visitarse, compartía con sus discípulos los detalles de las terapias hipocráticas, que buscaban facilitar el proceso curativo natural con inmovilidad o reposo. Cualquier playa de Kos es perfecta para seguir este tratamiento. No hace falta tener ninguna síntoma.

La ciudad natal de Hipócrates es la tercera isla más grande del archipiélago del Dodecaneso, por detrás de Kárpatos y Rodas. Situada a cuatro kilómetros de la costa de Bodrum (Turquía), atrae a más de un millón de turistas cada año gracias a sus playas y su pasado, presente en monumentos como el Asklepieion. Habitada desde el Neolítico, ha sido lugar de paso para numerosas civilizaciones, que dejaron su huella en forma de templos y leyendas.

Ruinas en la playa de Agios Stefanos
En Kos se encuentran varios asentamientos con restos desde el periodo helenístico. Los de Agios Stefanos datan del 469 y el 554 a.C.

La isla de las bicis

Más vale prevenir que curar, y estar en forma es la mejor manera de cuidarse. Por eso, la isla de Kos cuenta con varios senderos para obligar a los visitantes a moverse en bici. Una buena ruta para comenzar es la que une las playas de Lambi y Agios Fokas, a 11 kilómetros de distancia.

En la mitología griega es escenario de las hazañas de Hércules, a quien le fue dedicado un templo en el siglo II a.C., aunque ahora apenas quedan algunos bloques de piedra que en su día formaron su estructura. Muy cerca de estas ruinas se encuentra el Árbol de Hipócrates, en cuya sombra, dicen, el médico y filósofo daba clase a sus alumnos. También pueden visitarse el Odeón, un antiguo auditorio romano donde todavía se celebran eventos culturales, y el antiguo ágora de la ciudad, uno de los más grandes de Grecia. El que fuera el corazón social y comercial de la ciudad, se encuentra cerca del puerto y mantiene parte de sus columnas a pesar de haber sufrido varios terremotos. Los materiales usados en sus distintas reconstrucciones a lo largo de la historia permiten identificar los diferentes periodos.

 

Pero si por algo es conocida la isla de Kos es por sus paisajes bañados por el Egeo. Se suele decir que toda la isla es una playa interminable. Las dos terceras partes de su costa son playas, accesibles desde cualquier punto de la isla en tan solo unos minutos. Agios Stefanos, a tres kilómetros del pueblo de Kefalos, es una de las más visitadas por su belleza y las ruinas históricas que la rodean. La pequeña isla de Castri, con su capilla blanca y azul, emerge en el horizonte, justo en la mitad del golfo, como si posara esperando la foto perfecta.

Isla de Castri
El islote de Castri, frente a la playa de Agios Stefanos, tiene 50 metros de diámetro.

Cavo Paradiso, al sur de la isla, es una de las playas más tranquilas y apartadas, perfecta para el reposo que recomendaba Hipócrates. La más saludable’ es, sin duda, la de Thermas, un spa natural con millones de años. De origen volcánico, cuenta con aguas termales ricas en potasio, calcio, magnesio y sodio, con propiedades curativas para el reuma o las enfermedades de la piel. Además, la isla cuenta con varios balnearios y hoteles con spa donde también se puede disfrutar de la talasoterapia, el método curativo basado en los baños marinos.

Gato al atardecer en Zia
Además de contemplar el atardecer, en las cafeterías de Zia se pueden probar los postres típicos de la isla, como el pastel de queso (katimeria).

Más allá de sus playas, Kos cuenta con otros lugares cuya visita podría considerarse casi terapéutica, como las vistas desde el monte Dikaios (el punto más alto de la isla, a 846 metros sobre el nivel del mar) o una excursión a las ruinas de Palio Pili. Nuestro favorito es el pueblo de Zia, el lugar habitado más alto de Kos. Un atardecer desde cualquiera de sus terrazas cura mejor que un ibuprofeno.

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