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Ushguli, la cima de Europa

Las torres de vigilancia y las montañas dominan el paisaje de Ushguli, la población habitada más alta de Europa. Ni el turismo ha llegado a alcanzarla.
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shguli presume de ser una comunidad a la que nadie ha podido invadir ni conquistar. Su historia cuenta que en el siglo XIX el lord Puta Dadeshkeliani trató de someter a sus gentes. Como respuesta, la población se unió frente a él delante de la iglesia para tirar conjuntamente de una soga conectada al gatillo de un rifle que le apuntaba. Con su muerte consiguieron deshacerse de la amenaza sin que la culpa recayera sobre una única persona. La tradición defensiva está más que arraigada en este remoto rincón del extremo norte de Georgia, escondido a más de 2.200 metros de altura en la región de Alta Svanetia, a 50 kilómetros de Mestia. La zona fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Este asentamiento ‘inconquistable’ está formado por cuatro aldeas: Murkmeli, Chazhashi, Chvibiani y Zhibiani. Se encuentran dispersas por la quebrada de Enguri y envueltas por las montañas caucásicas. Son lugares detenidos en el tiempo, y por sus calles empedradas circulan apaciblemente vacas, cerdos y vecinos montados a caballo, el medio de transporte más usado. Sus casas, de origen medieval y conservadas en su forma original, mantienen una particularidad que recuerda al célebre pueblo italiano de San Gimignano: sus torres. Entre los siglos IX y XIII cada familia construía su propia torre (‘murkwam’) a modo de fortaleza ante invasores mongoles, persas y otomanos, pero también para defenderse de las peleas locales entre clanes. Ahora guardan el heno que sirve para alimentar el ganado.

Torre en Ushguli
Se conservan unas 200 torres defensivas en la región de Svanetia.

Guardianes de las joyas nacionales

En las épocas más inestables los georgianos ponían a salvo sus reliquias, iconos religiosos y manuscritos enviándolos a las montañas. Allí se salvaguardaban, inaccesibles, los ‘tesoros’ nacionales. En Ushguli, en el monasterio de Lamaria, se conservan algunos de ellos.

Estas torres son los edificios tradicionales de la etnia georgiana de los esvanos. Estos, resguardados entre las cadenas montañosas y aislados durante siglos, han preservado su cultura, sus tradiciones e incluso su propio idioma, que existe principalmente a nivel oral, y que muchos expertos consideran anterior al georgiano. Mantienen incluso las ceremonias precristianas que incluyen sacrificios de animales y un riguroso ritual para cortar la barba. Hoy asisten asombrados a la llegada de los escasos turistas que logran acceder a Ushguli. Se tardan unas tres horas (en todoterreno o minibús) en cubrir los 50 kilómetros de maltrecha carretera que la separan de Mestia. A pesar de su carácter reservado, los habitantes los reciben amablemente, los alojan en sus casas y comparten su comida.

 

Actualmente residen en Ushguli 70 familias. Los más pequeños acuden a una pequeña escuela, abierta de septiembre a julio. La vida a 2.060 o 2.200 metros de altura, dependiendo del punto exacto, no es cómoda. Ushguli pasa seis meses sepultada bajo la nieve y el aislamiento es obligado. A cambio, sus habitantes disfrutan de unas vistas excepcionales del Shjara, la montaña más alta de Georgia con 5.193 metros de altura.

Vista de las montañas de Georgia.
Una de las excursiones más populares de la zona es la que parte hacia el glaciar del Shjara.

Gracias a una orografía complicada y un clima adverso, los esvanos han conseguido mantener sus tradiciones y su unión prácticamente intactos hasta el siglo XXI. Aunque los nuevos tiempos los van cercando: dentro de poco estará totalmente asfaltada la carretera que comunica con Mestia, y en el cercano Tetnuldi se acaba de abrir una estación de esquí. Pero los esvanos, al igual que hicieron contra Puta Dadeshkeliani, unirán sus fuerzas para proteger sus tradiciones (y sus torres) de las ‘amenazas’ del turismo.

Un vecino recorre las calles sin asfaltar de Ushguli
Actualmente viven en Ushguli unas 200 personas.

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