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Una isla hecha a mano

La fiebre por el D.I.Y (‘do it yourself’) no es algo nuevo. Siglos antes de que nacieran Pinterest y los tutoriales de Youtube, en Perú ya lo ponían en práctica.
Hay quien hace bufandas de punto, una lámpara para la mesilla e incluso las invitaciones de la boda…pero el cúlmen de la cultura del “hazlo tú mismo” es hacer tu propia isla. Si la aguja y la lana no son lo tuyo, prueba suerte con la totora. Es una especie de junco acuático que crece en el lago Titicaca, ubicado en un altiplano entre Perú y Bolivia, y es la materia prima con la que se hacen las islas que flotan en el lago, como la Isla de los Uros.

Un lago de récord

El lago Titicaca es el lago navegable más alto del mundo (más de 3.800 metros). Se necesitarían siete días en barco para poder recorrerlo. Pero los habitantes de esta comunidad flotante no tienen ningún reparo en afirmar que son los dueños de sus aguas.

Sus habitantes llevan siglos viviendo sobre islas artificiales construidas por ellos mismos a base de totora. Las raíces de estos juncos producen gases que se quedan atrapados en el agua cuando se descomponen, lo cual favorece la flotación, y sobre estos bloques, la totora, que ha sido sometida a un tratamiento de secado y tejido, forma una fina capa (‘khili’), que cubre las islas y sobre la que se construyen las casas. Un sistema de anclaje con palos evita que las islas se desplacen con el viento o el movimiento del agua.
Los uros son descendientes de los Pukinas, una de las comunidades más antiguas de América, y llevan siglos habitando el lago Titicaca. Buen ejemplo de ello son las 87 islas artificiales que han construido en él. Cada una de ellas está habitada por un clan familiar y tienen entre dos y tres metros de espesor. El tamaño depende de la cantidad de familias que viven en ellas, que suele estar entre tres y diez.
Las casas y embarcaciones también son de totora. Además, tienen iglesias, un pequeño hospital e incluso escuelas, lugares comunes a los que los habitantes de cada isla pueden llegar con sus barcas de totora. Los niños y niñas reman hasta la escuela con la misma naturalidad con la que cualquier niño caminaría hasta la suya. Las barcas de totora no sólo sirven para desplazarse, también son cruciales para que puedan desempeñar su actividad básica de subsistencia: la pesca, que junto a la caza y el tejido de tapices de lana, son la base de su economía.
Pero la totora no se utiliza solo para la construcción, también es la alimento principal de su dieta, que complementan con pescado y aves acuáticas. Además, cuando sus tallos de se secan, los utilizan como leña para sus cocinas, a modo de combustible. Últimamente, con el crecimiento del turismo, también la usan para confeccionar souvenirs y artesanías.
Puedes llegar a este peculiar paraje en barco desde el puerto de Puno, al suroeste de Perú. Puedes hacer una visita guiada de tres horas, pero los viajeros que quieren empaparse del espíritu y modo de vida de los uros, tienen la opción de dormir allí, tanto en casas de familias como en hoteles especialmente diseñados para los visitantes. Es el caso del Uros Tupirmarka, un hotel flotante con capacidad para 18 personas. ¿Adivinas de qué está fabricado?

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