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Un desierto no apto para hipertensos

No seas soso y saca tu cámara de fotos: hay mil maneras de retratar el Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande del mundo.
Un todoterreno se mueve por encima de las nubes mientras una mujer parece imitar a Mary Poppins y vuela agarrada a su paraguas. No hemos utilizado Photoshop, son fotos reales tomadas en el Salar de Uyuni, en Bolivia. Sus más de 11.000 kilómetros cuadrados están llenos de paisajes sobrenaturales que inspiran a aventureros creativos de todo el mundo. Estas no son las únicas fotografías sorprendentes que puedes tomar en el Salar de Uyuni. Prepara tu cámara porque lo increíble se hace posible.
Cáctus de la isla Incahuasi
Josef Friedhuber

Un mar de lágrimas

Cuenta una leyenda que el salar se formó a partir de la tristeza de una mujer, Tunupa, a la que su marido engañó con otra cuando acababa de tener un bebé. Según el mito, las lágrimas y la leche de su pecho se unieron para crear el desierto de sal boliviano.

Para llegar al desierto hay que coger un avión hasta la localidad de Uyuni, al sudoeste de Bolivia. Allí se contratan los tours guiados o las camionetas 4×4 imprescindibles para recorrer el Salar de Uyuni. A su puerta da la bienvenida la comunidad de Colchani, que se dedica fundamentalmente a la extracción de sal. Frente a ella, se abre en toda su inmensidad la superficie blanca que mejor permite apreciar la curvatura de la tierra. Se calcula que contiene diez mil millones de toneladas de sal.
Hace miles de años, existieron en la zona varios lagos cuya evaporación fue lo que originó la explanada blanca que hoy se puede recorrer. Pero no todo es blanco: en el Salar también hay volcanes, lagunas de colores y hasta un jardín de cactus gigantes, la isla Incahuasi. La Laguna Colorada, con sus miles de flamencos, o la Laguna Verde, a los pies del volcán Licancabur, son uno de los muchos tesoros escondidos en este desierto blanco. También se encuentran un cementerio de ferrocarriles de vapor y hasta momias de más de 2.000 años de antigüedad. Las cinco que se descubrieron en una pequeña caverna a los pies del volcán Tunupa, cerca del pueblecito de Coquesa. Si asciendes al volcán, puedes contemplar toda la inmensidad del salar desde lo alto de sus 5.432 metros.
Montones de sal en el desierto
Los paisajes, ya de por sí diversos, cambian en función de la época del año. En época de lluvias, por ejemplo, el desierto se transforma en un gigantesco espejo en el que cuesta distinguir el cielo de la tierra. Otras veces se tiene la sensación de estar en otro planeta, debido a los montoncitos de sal que sobresalen del suelo y que recuerdan la superficie lunar.
Para dormir te recomendamos una experiencia que también tiene algo de extraterreste: el Palacio de Sal. Fue construido en 1998 con el fin de que los viajeros pudieran pernoctar dentro del desierto en un hotel en consonancia con la naturaleza y el paisaje que lo rodean. Está edificado completamente con ladrillos de sal, desde las paredes al mobiliario. La especialidad de su restaurante es, como no podía ser menos, el pollo a la sal.

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