>>>Sandakan: en busca del corazón verde de Borneo

Sandakan: en busca del corazón verde de Borneo

Saca tu lado salvaje y ábrete paso hacia la selva más ‘viva’ del sudeste asiático. No necesitarás linterna, las luciérnagas te alumbrarán el camino hacia animales que solo habitan en esta parte del mundo.
A

quí no se viene solo a tumbarse en playas paradisiacas (que las hay) ni a ver exóticos templos (que también los hay). Aquí uno viene a ensuciarse en la selva más vieja del mundo junto a animales que no habitan en ningún otro lugar. Lejos de playas masificadas y monumentos colapsados, en lo más profundo de la isla de Borneo –la parte que pertenece a Malasia–, en el estado de Sabah, existe una región con la mayor concentración de vida silvestre del sudeste asiático. Sandakan, conocida también como ‘Little Hong Kong’ por su elevada población de malayos chinos, es una de las ciudades más bulliciosas al este de Malasia y la gran puerta de entrada hacia uno de los paraísos salvajes más emocionantes.

Antigua capital de Sabah –antes de ceder el puesto a Kota Kinabalu–, el nucleo úrbano de Sandakan no llama tanto la atención como la naturaleza que lo rodea, aunque sí lo suficiente como para acercarse a su peculiar vida cotidiana. Tras recorrer la bahía y subir hasta lo alto de la colina, presidida por los dragones ondulantes y budas del templo Puu Jih Shih, hay que mezclarse entre el bullicio de su mercado central, donde probar grandes cantidades de pescado, incluido cocodrilo o mantarraya, y atreverse con frutas exóticas como el durián, que huele muy mal pero sabe muy bien.

Casas acuáticas en Sandakan
Casas acuáticas en Sandakan

Cerca de su costa asoman pueblos acuáticos como Buli Sim Sim, al que se llega a través de un sendero que flota en el aire. Es el hogar de pescadores y buzos que se sumergen en busca de las auténticas perlas de Borneo, con forma de lágrima. Casas elevadas sobre el mar y barcas. No hace falta más. Lejos de su costa, la vida se abre paso hacia reservas naturales salpicadas por plantas carnívoras, orquídeas y luciérnagas que iluminan la selva como si de neones se tratara.

 
El protagonista de la naturaleza que rodea Sandakan es el río Kinabatangan, el segundo más largo de Malasia, que atraviesa toda la región. 560 kilómetros de agua dulce que conectan la zona montañosa de Crocker con el mar de Sulú. Si las inesperadas lluvias lo permiten, hay safaris acuáticos que recorren su cauce en embarcaciones de madera. Al navegar por este río solo se escucha el sonido de los arboles movidos por el viento. Un paisaje fundido a verde en el aparentemente no hay nada y la jungla descansa expectante. Aparentemente solo, porque en sus orillas, prismático en mano, se divisan orangutanes y monos narigudos saltando de rama en rama, gigantescos lagartos (porque aquí los lagartos miden más de dos metros) y elefantes pigmeos, una de las especies endémicas de la región. Junto a estos asombrosos animales, conviven águilas, martines pescadores y elegantes garzas reales que se dejan ver caminando por el agua con sus largas patas.

Elefante pigmeo junto al rio Kinabatangan
Debido a la deforestación, apenas quedan 1000 ejemplares de elefantes pigmeo en Sabah.
Foto: Rob Hampson/ Unsplash

La otra manera de acercarse a la vida salvaje de Sandakan es a través de santuarios de animales, que preservan la supervivencia de especies que viven solo en esta isla. Un esfuerzo por proteger y devolver a la selva lo que le pertenece. El santuario de Labuk Bay es el único lugar del planeta, aparte de Borneo, donde ver en libertad a familias enteras de monos narigudos. Mientras que en el pueblo de Sepilok está el centro de rehabilitación de orangutanes más grande del mundo. Fundado en 1964, esta reserva cuenta con 40 kilómetros de selva virgen en la que viven libres orangutanes bebés que son rescatados del tráfico y la caza ilegal. Aquí aprenden de nuevo los trucos necesarios para sobrevivir en la selva a base de una monótona dieta de bananas o leche que les invita a buscar la comida por sí mismos.

Aldea junto a rio Kinabatangan
Los safaris por el río Kinabatangan también se realizan de noche, acompañados por búhos y cocodrilos.

Pegado a este refugio se encuentra el Centro de Conservación del Oso Miel de Borneo, una reserva de osos malayos, los más pequeños del mundo. Un emocionante recorrido que permite observar de cerca a estos entrañables animales que han sido liberados del tráfico ilegal y de circos. Una visita que nos recuerda que para conocer el paraíso primero hay que conservarlo.

Artículos relacionados

Punk rural y aventuras ‘millennials’ en Sabah

Viajar improvisando, conectar con tribus antiguas, compartir la selva y llevarse un tatuaje de recuerdo. Sabah es el nuevo destino...

Un museo para los “locos” de los gatos

Si los motivos felinos inundan tu ropa y amas a tu gato más que a tu pareja, el primer museo...

Malasia: capital Metrópolis

48 horas en Kuala Lumpur: o cómo posar en las Petronas como un superhéroe, disfrutar del mejor pollo a la...

Amante de la naturaleza, Sabah es el viaje de tu vida

En el exterior, tres mares; en el interior, los bosques más viejos del mundo donde reinan los orangutanes. Y más...