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Samaipata, un descanso en las alturas

El codo de los Andes es el tesoro de Samaipata. Pero no el único. Este rincón boliviano tiene un fuerte prehispánico desde donde comunicarse con los dioses.
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amaipata significa ‘descanso en las alturas’ en quechua. La paz es un bien preciado en este rinconcito boliviano cercano a la trepidante Santa Cruz de la Sierra. Se necesita calma para armonizar las 25 nacionalidades que, a fuerza de ecoturismo y leyendas, han ido haciéndose su nido entre plantas tropicales.

Pero Samaipata es, sobre todo, la puerta a uno de los rincones más bellos del sur de Bolivia: el codo de los Andes, donde se integra el Parque Nacional Amboró, con más de 600.000 hectáreas. Dependiendo de la zona no es apto para quienes padecen vértigo. A modo de pisos, su altura oscila entre los 320 metros hasta más de 3.000. Quienes sí se atrevan, deberán ir acompañados por un guía local para no perderse al atravesar la cordillera, descender el cañón o subir el cerro Inca.

Fuerte de Samaipata.
Hay teorías que asocian el fuerte con un punto de comunicación entre mortales y dioses, y con el lanzamiento de naves espaciales.

Los pasos del Che

Más de sesenta expositores suelen reunirse en torno al producto más típico de Samaipata, la miel. Sucede durante la feria de miel y artesanías que el pueblo celebra anualmente. Aunque en cualquier época del año se puede adquirir tanto miel como sus sucedáneos al estilo de caramelos, jabones o cremas.

Biodiversidad, variedad paisajística y recorridos por impresionantes picos de montaña. Es lo que ofrece este paraje, además de caídas de agua como ‘La Pajcha’, en la que detenerse a tomar un baño y caminos de musgos, rocas y helechos que, si bien crecen solo un centímetro al año, pueden alcanzar los cuatro metros que le valen la denominación de ‘gigantes’. O un ‘trekking’ de unas cuatro horas para alcanzar un mirador desde el que avistar al cóndor andino.

 

Otro espacio icónico es el Fuerte, de época prehispánica. Es una de las muestras de arte rupestre más impactantes de Latinoamérica, con una altura de 1.950 metros. Sus grabados lo localizan como centro ceremonial de la ciudad durante los siglos XIV a XVI. Una inmensa roca esculpida domina desde lo alto.

Cascada del Codo de los Andes.
Esta zona del bosque boliviano, de la región de Los Yungas, tiene un clima húmedo tropical.

Considerado Patrimonio de la Humanidad, también se usó como fuerte militar. Buscadores de tesoros, expedicionarios y viajeros han debatido el significado del emplazamiento, cuya cúpula es el ‘coro de los sacerdotes’, una formación que simula doce asientos. Triángulos, nichos y canalizaciones en zigzag completan los símbolos. La influencia de las leyendas incas y andinas se advierten en muestras como las representaciones de serpientes, asociadas a “los dioses que vinieron de los cielos”.

Samaipata.
Samaipata cuenta con unas 3.000 especies de plantas.

Pero como mortales que somos, tras la jornada de senderismo anhelaremos descanso. Y en Samaipata hay para todos los gustos. Desde el lujo del ‘resort’ de cuatro estrellas El Pueblito, con habitaciones que recrean tabernas y herrerías hasta espacios acordes a la idea del ecoturismo, como la finca La víspera, que aboga por mostrar la horticultura biológica moderna. “La finca es nuestra fuente de verduras, frutas, condimentos, conservas, medicina, leña, estiércol, material de construcción e ingresos”, explican desde el lugar. Y animan: “Explorar la finca, aunque sólo sea un par de días, te deja con un innegable sentido de la armonía”.

Otro espacio es El Refugio de Los Andes, desde el que además de ofrecer alojamiento, organizan todos los tours posibles. Ubicado en las entrañas del Codo de los Andes, abanderan el ecoturismo como seña, encajando así su identidad con la de Samaipata: “Naturaleza, cultura y espiritualidad”.

 

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