>>>‘Road trip’ por Islandia, la isla de moda
Foto: Jared Erondu on Unsplash

‘Road trip’ por Islandia, la isla de moda

Tierra de fuego y hielo, Islandia no es tan inhóspita como parece. Cada vez más volcada en el turismo, conocerla por carretera es posible en algo más de una semana.
S

alvajes, caminantes blancos y turistas, un montón de turistas. 1,7 millones de viajeros llegaron a Islandia en 2016. Una cifra que multiplica por cinco el número de residentes, 330.000. No solo las escenas ambientadas al norte del Muro de ‘Juego de tronos’ se han grabado aquí. También ‘Prometheus’ (2012), de Ridley Scott; ‘Oblivion’ (2012), o ‘La vida secreta de Walter Mitty’ (2013). Todas ayudaron a convertir esta isla del noroeste de Europa en uno de los mejores platós naturales del mundo. Volcanes, cascadas, glaciares, fiordos, géiseres… La inmensa naturaleza de Islandia, surgida en la dorsal atlántica que separa las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, se puede comparar con muy pocos lugares del mundo.

Además de ser escenario real o ficticio de rodajes, Islandia se ha puesto de moda en la última década por razones tan dispares como su forma de afrontar la crisis política y económica o la erupción del volcán Eyjafjalla, que obligó a suspender cientos de vuelos en el espacio aéreo europeo en 2010. Una mayor frecuencia en los vuelos desde América y Europa ha terminado con las caras de sorpresa cuando contabas que te ibas de viaje a Islandia (¡ni que fuera un billete a Marte!).

Vista aérea de Reikiavik.
Reikiavik presume de una agitada vida nocturna.
Foto: Tim Wright on Unsplash

La península de Julio Verne

Al noroeste de la isla, y a unos 120 kilómetros de la capital, la península de Snæfellsnes es un buen resumen de todas las maravillas naturales islandesas. Volcanes, cascadas… y cuevas. En estas últimas se inspiró Julio Verne para escribir ‘Viaje al centro de la Tierra’ a mediados del siglo XIX.

El aeropuerto internacional de Keflavík –al suroeste de la isla– es la puerta de entrada para la mayoría de los visitantes extranjeros. Se encuentra a unos 40 minutos de la capital, Reikiavik. Esta ciudad, en la que vive un tercio de la población islandesa, gira en torno al Distrito 101, donde se congregan tiendas, galerías y restaurantes. Desde aquí se puede comenzar un viaje por carretera por la Ring Road (o Ruta Nacional Uno), que rodea la isla. Hacerlo en sentido de las agujas del reloj o a la inversa es una de las primeras decisiones que se debe tomar (ambas válidas). Otra está clara: alquilar un 4×4 para que las carreteras del norte no se te resistan. Son 1.340 kilómetros de ruta, que suelen completarse en un periodo de entre una semana y diez días.

 

Al ponerse al volante, hay que acostumbrase a los nombres impronunciables y con muchas consonantes de las localidades islandesas. Aun así, es difícil perderse. Vatnajökull, el mayor glaciar de Europa en cuanto a volumen se refiere (3.000 kilómetros cúbicos), ocupa alrededor de una décima parte de todo el territorio islandés. Desde el año 2008 está considerado Parque Nacional (agrupando Jökulsárgljúfur y Skaftafell) y cuenta con varios centros de visitantes desde los que se organizan visitas guiadas.

 

Piscina de agua termal
El olor de las piscinas de agua termal puede resultar algo fuerte.
Foto: Tim Wright on Unsplash

Otra de las zonas más visitadas del país es el Círculo de Oro (Gullni Hringurinn), formado por la cascada de Gullfoss, la zona de los géiseres (Haukadalur) y el valle de Thingvellir. Todos se encuentran a poca distancia de la capital.

 

Bañarse en piscinas geotérmicas no es algo nuevo. Y menos en Islandia donde este tipo de energía calienta más de 170 piscinas. Esta costumbre, que se remonta a la época de la colonización, tiene su versión más conocida en Blue Lagoon (Bláa Lóni en islandés), un lago artificial creado junto a la central Svartsengi, a unos 50 kilómetros al sur de Reikiavik. El agua, que ronda los 40 grados, es de un potente azul turquesa que contrasta con los campos de lava que la rodean.

La experiencia islandesa definitiva puede conseguirse cuando se dan dos requisitos: bajas temperaturas y cielo despejado. Así aumentan las posibilidades de ver auroras boreales. Este fenómeno que tiñe el cielo de llamativos colores, casi surrealista, es imprevisible pero sucede de noche y en los meses fríos. La oficina meteorológica de Islandia alerta de las posibilidades de cazar una aurora y las mejores horas y zonas para hacerlo. También existen varias aplicaciones de móvil para quienes quieran seguir su rastro. Para eso sirve también el 4×4.

“Ver el mundo, afrontar peligros, traspasar muros, acercarse a los demás, encontrarse y sentir. Ese es el propósito de la vida”. Es una de las frases más trascendentales de ‘La vida secreta de Walter Mitty’, pero bien podría ser la definición de un viaje en coche por Islandia.

Artículos relacionados

Un universo de hielo

Langjökull es el segundo glaciar más extenso de Islandia. Into the glacier es un túnel excavado dentro de él que...

Bañarse a 40 grados en Islandia

La Laguna Azul es, como la definen, “un oasis de relajación”: aguas termales y un balneario de lujo donde alejarse...

Fotografiar un glaciar como nunca antes

La belleza de las cuevas del glaciar islandés de Vatnajökull se revela con la mayor precisión alcanzada hasta ahora en...