Bangkok

Bangkok, la nueva ciudad del lujo

“Exclusividad” es lo que buscan los viajeros para quienes el precio no es un problema. El lujo en la capital de Tailandia incluye desde masajes en cápsulas hasta comer con la manos en el restaurante del mejor chef de Asia.
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uevos ojos” y no “nuevos caminos” se necesitan para el “verdadero descubrimiento” en un viaje. Así lo decía Marcel Proust, y así es necesario si se quiere recorrer Tailandia con una mirada nueva: la que aleja de tópicos e imágenes preconcebidas para animarnos a explorar con la mente abierta. Tailandia es el país de los mochileros y los 400 metros de longitud de Khao San Road, su paraíso (o gueto) particular. Pero el reto era, alejándonos de este perfil viajero, hallar el Bangkok más top, literalmente. El de las suites de 300 metros cuadrados con vistas al skyline de la ‘ciudad de los ángeles’ y el de los cócteles de diseño en terrazas vertiginosas. Así, optamos por recorrerla a través de un aspecto muy vinculado al lujo: la gastronomía. Excelente materia prima, especias, muchas especias, emplatados que parecen cuadros… Bangkok es la capital mundial del ‘street food’ y cuesta resisitirse. Los olores llaman al apetito e impregnan las calles sin horario establecido. En cambio, la exclusividad no invita a la improvisación, sino a sentarse relajadamente a la mesa de un restaurante con vistas al río, de etiqueta, con mil cubiertos y con banda sonora.

Tartar, en el Water Library.
Water Library fusiona la comida tailandesa con una cocina europea moderna.
Water Library.

Si se busca alta gama, la oferta hotelera es abrumadora

Al llegar a la capital tailandesa cuesta acostumbrarse al calor, a esa pegajosidad que dejan los climas húmedos, y quizá por esa constante sensación de estar en una sauna, su fuerte son los espacios de relajación. Los hay que destacan por su originalidad, como Bangkok Float Center, cuya propuesta es encerrarse en cápsulas ahuevadas en las que flotar, gracias a sus sales de Epsom, mientras se medita. Otro peculiar masaje es el que, inspirado en el deporte nacional de Tailandia, el Muay Thai, ofrecen en el spa del hotel Mandarin Oriental, considerado uno de los mejores del mundo. Ubicado a orillas del río Chao Phraya –una de las zonas de alojamiento más exclusivas–, este masaje introduce las patadas y golpes propias de esta disciplina deportiva. Y para terminar de perder la conciencia del tiempo y el espacio, vale la pena su tratamiento ‘The Perfect Day’, de cinco horas y media de duración.

Spa del hotel Mandarin Oriental.
El lujoso hotel Mandarin Oriental se sitúa a orillas del río Chao Phraya.
Mandarin Oriental.

Si se busca alta gama, la oferta hotelera es abrumadora. The Landmark Bangkok, donde nos hospedamos, se encuentra en Sukhumvit, la avenida más larga de la capital y principal arteria comercial. Al entrar en la habitación impresiona su tamaño –la Executive Suite de 78 metros cuadrados–, y asomarse a las ventanas es dejarse engatusar por el Bangkok de las vistas y los atardeceres. Puestas de sol que se contemplan y alargan desde ‘rooftop bars’ como Above Eleven (planta 33), Vertigo y Moon Bar (planta 61), o el más fotografiado de la ciudad: Sky Bar, mundialmente famoso por ser escenario en la segunda parte de ‘Resacón en Las Vegas’. Una terraza situada en la planta 63 (a 250 metros de altura) del lujoso hotel lebua. Su parte más exclusiva es Sirocco, uno de los restaurantes al aire libre más altos del mundo.

Alta gastronomía en centros comerciales

Se conoce como ‘food courts’ a los grandes espacios en centros comerciales donde se aglutinan puestos de comida que quieren dotar de mayor lujo al tradicional concepto tailandés de ‘street food’. Pier 21, en el centro comercial Terminal 21, es uno de los más exclusivos. Otra opción son los restaurantes de lujo. Uno de los mejores de Bangkok es Paste. Ubicado en la tercera planta del Gaysorn Village, destaca por ofrecer platos inspirados en las recetas de la realeza y de la época dorada de Tailandia, cuando reinaba Rama IV.

Tras los cócteles de autor y las noches infinitas, amanece temprano en Bangkok. El olor a especias lo inunda todo y ni siquiera la meditación frena el ajetreo. Calma asociada a representaciones como la del templo del Buda Esmeralda o el del Buda Reclinado, que choca con el estrés de turistas despistados cazando templos. Es imprescindible Wat Pho, pero también el Gran Palacio, donde todavía se intuye la influencia que ha dejado la muerte del rey. Bhumibol Adulyadej falleció en octubre de 2016, pero el luto dura un año: altares con su foto, pancartas en los rascacielos… que ayudan a comprender la fisionomía de una ciudad con valores muy arraigados.

Monje en el templo de Wat Pho.
Vertigo Sunset es el cóctel estrella del restaurante Vertigo.
Vertigo and Moon Bar, hotel Banyan Tree.

Este tipo de escenas ayudan a entender Bangkok. Estampas que se encuentran también en los mercados, tan característicos de Tailandia. A poco más de una hora de distancia de la capital, Damnoen Saduak y Amphawa son los mercados flotantes más famosos y turísticos. Y aún más céntrico y especializado en productos locales es Samyan Market. Incluso los restaurantes más prestigiosos hacen la compra en este espacio. Por él se pasea Garima Agora, propietaria del restaurante Gaa, que montó su propio negocio tras su paso por las cocinas del mejor chef de Asia, Gaggan Anand. El prestigioso cocinero también tiene en esta ciudad un restaurante con su nombre, cuyo menú cuesta 5.000 baths (unos 130 euros) y se compone de 25 platos, de los cuales 22 se comen con las manos.

Mercado de Amphawa.
En What Pho se encuentra una de las mejores escuelas de masaje de Tailandia.

Tras los cócteles de autor y las noches infinitas, amanece temprano en Bangkok

El lujo es muy posible en la ciudad de los mochileros. Un destino de inesperados contrastes, de budas silenciosos en templos desbordantes y jaleosos. El oxímoron constante de esta gran ciudad, una de las más visitadas del mundo. En Tailandia no solo comprobamos que, efectivamente, lujo y exclusividad existen, sino que aprendimos que es fácil encontrarlos si viajamos con los “nuevos ojos” que pretendía Proust. Y con los bolsillos llenos.

El Mercado de Amphawa solo abre los fines de semana.
nimon / Shutterstock.com
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