Lisboa

Historias callejeras

Brilla Lisboa reflejada en el río Tajo, por cuyas recuperadas orillas los lisboetas pasean ahora con más orgullo, pues el tiempo solo ha aumentando su belleza.
L

isboa no ha cambiado, ha evolucionado. Más de 3,5 millones de turistas visitaron la capital portuguesa en 2015, en consonancia con el aumento del 20% que registró el turismo en Portugal ese año. Si Lisboa está desde hace unos cinco años en la agenda del turista internacional también el turista está en la mira de la ciudad. Entre los factores para hacer su estancia más atractiva, la renovación de la oferta hotelera, con la aparición de hoteles boutique con terraza en zonas céntricas, como H10 Duque de Loulé, Hotel Bairro Alto o Memmo Alfama, y la proliferación de ‘hostels’ de diseño, desde The Independente, en la zona de moda de Príncipe Real, a Brickoven, abierto en un palacete que sirvió como convento.

Vista de Alfama y Castelo desde el río Tajo
Dentro del proyecto de recuperación de las riberas del rio Tajo se incluye la construcción de un nuevo muelle para cruceros.

Una de las virtudes de Lisboa es que ha sabido reutilizar su pasado.

A Lisboa no le faltaban atractivos, gracias a su gran riqueza monumental, la personalidad de sus edificios decorados con azulejos y su rica gastronomía, la recuperación de zonas industriales degradadas y de la ribera del río Tajo han sumado enteros para ofrecer alternativas de ocio y culturales tanto a turistas como a lisboetas. Desde la explanada verde que es ahora Ribeira das Naus, junto a la plaza del Comerço, donde la escultora Joana Vasconcelos ha reinventado en estética pop el tradicional gallo de Barcelos, hasta el recién inaugurado Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología MAAT, cerca de Belém, que tiene visos de convertirse en el Guggenheim de Lisboa.

Vista del puente 25 de abril desde la terraza del restaurante Rio Maravilha.
Las vistas desde el restaurante Rio Maravilha, en Factory LX, alcanzan hasta la estatua de Cristo Rei, inspirada en la de Río de Janeiro.

“La crisis ha sido buena para la creatividad”, asegura Roger Mor mientras nos guía por LX Factory. Es una antigua fábrica de hilo reconvertida ahora en un pequeño barrio donde trabajan más de 1.000 personas relacionadas con profesiones artísticas y liberales. Entre las galerías de arte, tiendas, restaurantes, ‘coworkshops’ y hasta una ‘escape room’ de ambiente ‘burlesque’, destacan Landeu, una cafetería que solo sirve tarta de chocolate y la librería Ler Devagar (Leer despacio, en portugués). En esta antigua imprenta habitan las esculturas cinéticas de Pietro Proserpio, que confieren al lugar un ambiente que recuerda a las películas ‘Amelie’ o ‘La invención de Hugo’. Al igual que muchos negocios, han recuperado y reutilizado el mobiliario de la fábrica. Por su parte, el restaurante y coctelería Río Maravilha se ha apropiado del antiguo comedor y sala común de los trabajadores para crear un espacio en el que compartir experiencias, sobre todo al atardecer desde su terraza junto al puente colgante 25 de Abril.

Cataplana con vistas al río

Si lo que se busca es sumergirse en la cocina tradicional portuguesa, hay que conocer sus ‘cataplanas’. Guisos marineros a base de patata y pescado o marisco, aunque también se pueden hacer con carne, a los que da nombre la cazuela con tapa donde se elaboran. Si además se puede degustar en una terraza en la Praça de Comerço, como la de Populi, solo es necesario que salga el sol para que el plan sea perfecto.

Main Side, la promotora inmobiliaria para la que trabaja Mor, pretende devolver el alma a los lugares. Al igual que ha llevado al arte a LX Factory, con los grafitis del artista brasileño Derlon, ha respetado el pasado pero ofreciéndole un nuevo futuro. Ha convertido en imprescindibles en la noche lisboeta a Pensâo Amor, antiguo prostíbulo y ahora bar de moda con espectáculo de ‘pole dancing’ incluido, o el restaurante Casa de Pasto, con una tasca de vinos en la planta baja y un comedor en la planta de arriba decorado como una casa tradicional, que mezcla elementos ‘kitch’ como cerdos volando en la sala de fumadores y una cocina muy interesante. Ambos se sitúan en la zona de Cais do Sodré, donde se encuentra también el Time Out Market en el Mercado da Ribeira. Ejemplo, junto con el Mercado de Oubrique, de la convivencia de los mercados tradicionales con pequeños puestos ‘take away’, detrás de los que están a veces conocidos chefs, para degustar en las mesas comunes.

Terraza al sol en Ribeira das Naus
El paseo peatonal de Ribeira das Naus, junto a la céntrica Praça do Comércio, era un muelle degradado y peligroso donde se ubicó un astillero.

“La cocina es la cultura de un pueblo y una forma mejor de conocerlo que visitar monumentos”, asegura José Avillez, chef con dos estrellas Michelin, que ha aportado creatividad y técnica a la cocina portuguesa sin renunciar a los sabores y productos tradicionales. Además del restaurante Belcanto, ha abierto en Lisboa establecimientos mutiespacios como Bairro y Cantinho de Avillez, donde comprar charcutería, quesos o conservas, y degustar sus recetas más informales. Estas recientes iniciativas, como la de Palacio Chiado, que ha reconvertido en bares y restaurantes algunas estancias de una residencia palaciega de la familia del marqués de Pombal, son algunas de las nuevas aperturas que no dejan de demostrar que el panorama gastronómico en Lisboa es más que bacalao y sardinas. “Aun falta la estabilidad financiera de los restaurantes que se abren, una mayor presencia de cocinas de fusión y que chefs internacionales acudan a cocinar a Lisboa”, añade Avillez.

Praça do Comércio
La Praça do Comércio, que ocupa los terrenos donde estaba el Palacio Real, destruido por el terremoto de 1755, fue el escenario de la Revolución de los Claveles de 1974.

El panorama gastronómico de Lisboa es más que bacalao y sardinas.

El crítico gastronómico y director del festival Peixe em Lisboa Duarte Calvâo coincide en que, a pesar de que Portugal ha recogido influencias de múltiples culturas, las cocinas de sus antiguas colonias, como Angola, Cabo Verde, Brasil o Goa, no están lo suficientemente representadas. Uno de los pioneros en llevar a Lisboa la gastronomía internacional ha sido el chef Kiko Martins. Tras recorrer 23 países en poco más de un año, cargó su GPS personal con mapas de sabores y trajo el mundo a Portugal, según sus palabras. “No me gusta llamarlo cocina fusión, porque la cocina ya es fusión en sí misma”, aclara el chef, cuyo último restaurante, O Asiático, se acaba de unir a sus propuestas A Cevicheria, de cocina peruana, y O Talho, centrado en carnes.

La costa lisboeta

La Doca de Santo Amaro, zona de ocio adyacente al puerto deportivo, es un buen lugar tanto para comer o cenar como para subir a una lancha para recorrer el río o, mejor aun embarcarse en un velero, como los que ofrece la empresa y escuela de navegación Terra Incógnita, para acercarse hasta las localidades costeras de Cascais, Estoril, Sesimbra o Comporta, donde la ‘jet set’ internacional disfruta de sus largas playas.

Taberna da Rua das Flores
André Magalhães prepara en la Taberna da Rua das Flores originales platos con influencias de Angola y Mozambique.

Aun así, la actual oferta de restauración en Lisboa cubre la demanda de todo tipo de público. “Es un buen momento; se realiza cocina más elaborada y las iniciativas son más receptivas al gusto del público”, añade Duarte Calvâo. Se pueden encontrar desde restaurantes basados en buen producto, como las propuestas del pionero restaurador Olivier da Costa K.O.B y Yakuza, hasta tabernas donde ‘petiscar’ pequeños platos o porciones con un vino, herederas de las antiguas carbonerías regentadas por gallegos. La Taberna da Rua das Flores, que compra directamente a productores portugueses, preferiblemente productos biológicos, es un buen ejemplo de estas iniciativas más innovadoras de cocina tradicional portuguesa fusionada con otras culturas en el escenario recreado con los elementos de la antigua barbería, farmacia y cocheras de bomberos a cuya puerta esperan los clientes que haya mesa libre.

Sin olvidar tampoco la oferta dulce que surte las numerosas ‘pastelarias’ de Lisboa, desde los famosos ‘pasteis de nata’ a los bombones de Bettina y Niccolò Corallo. Acompañado siempre de un café, que en Portugal es siempre fuerte, torrefacto, mezcla de arábica y robusta. Para terminar con una ‘ginjinha’, el tradicional licor de guindas que se compra y degusta en los locales de los alrededores de la plaza de Rossio.

Compras de artesanía y diseño
Al igual que la restauración de Lisboa, los diseñadores también han sabido mezclar la calidad de su artesanía tradicional como un toque más contemporáneo. En el palacete y ahora centro comercial Embaixada, en la Praça do Príncipe Real, se reúnen alrededor de un patio de estilo neoárabe diseñadores, artistas y anticuarios portugueses. Los cuadernos y libretas, cosméticos, productos textiles, de corcho y de cerámica que se encuentran allí, y en otras tiendas como A Vida Portuguesa, More than wine, Claus Porto o Cerámicas na Linha, llevan décadas produciéndose de la misma forma, aunque ahora parezcan elaborados expresamente para el gusto ‘vintage’ del turismo. Porque una de las cualidades de Lisboa es que ha sabido reutilizar, que no recrear, su pasado poniéndolo en valor.

Los productos artesanales se presentan envueltos en un gran diseño, algo que hay que promocionar más, según Helena y Miguel Amante, octava generación de diseñadores y fabricantes de zapatos de la firma Eleh. Desde el taller recuperado preservando la autenticidad en el Barrio Azul de Lisboa defienden la diferenciación de los productos ‘made in Portugal ‘y de Lisboa, una ciudad donde “no encuentras lo mismo que en otras ciudades europeas”. Muestra de ello es cuando el mejor souvenir es una lata de conservas de pescado.

Direcciones útilesCompartir

Rua Anchieta 11
Rua Nova da Trindade 18
Rua de Sâo Paulo 20
Praça do Príncipe Real 26
Avenida Ressano Garcia 11 F
Rua Rodrigues de Faria 103
Av. Brasília, Central Tejo
Rua da Rosa 317
Júlio César Machado 7
Rua do Alecrim 70
Rua do Alecrim 19
Ala Nascente Terreiro do Paço 85/86
Rua das Flores 103
Doca de Santo Amaro (DOCAS) Armazém 17
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