Bali

La isla de los dioses

Bali nos invita a sumergirnos bajo sus aguas, bailar con una máscara hasta el amanecer, recorrer la selva entre los volcanes o meditar en un templo sobre un acantilado.
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odas las mañanas Alit se asoma desde su barca y deja caer en el mar una pequeña ofrenda flotante. Hecha de hojas de plátano trenzadas, contiene arroz, incienso, flores o dulces. Con los ojos cerrados, realiza unos movimientos hipnóticos con las manos mientras le habla al aire. “Esto lo hago por mí, pero también por vosotros. Creo que veremos muchos peces hoy”, nos dice mientras observa su ofrenda alejarse mecida por las olas. “Os llevaré a un sitio que nunca olvidaréis”. Alit es hoy nuestro capitán. Nos enseña sus rincones submarinos favoritos de las costas de Nusa Penida, una pequeña isla a 35 minutos de Bali famosa entre los buceadores. Se dice que ir allí es viajar en el tiempo y ver cómo era Bali hace décadas, antes de que el turismo lo convirtiera en un destino soñado para lunas de miel o retiros espirituales.

Todos los balineses elaboran diariamente sus ofrendas con sumo cuidado para honrar a sus deidades.

Como Alit, todos los balineses elaboran diariamente sus ofrendas con sumo cuidado para honrar a sus deidades, y las depositan en cualquier lugar. Este gesto cotidiano se convierte en un ritual casi artístico que encierra la esencia del espíritu balinés. “Es algo tan simple como dar y recibir”, dice el joven pescador. El motivo por el que en Bali se respira tanta felicidad reside en la doctrina hinduista Tri Hita Karana, que significa literalmente “tres formas de obtener bienestar físico y espiritual”. Esta filosofía, adoptada por la mayoría de balineses, busca la prosperidad de las personas a través de una triple armonía: con otras personas, con la naturaleza y con los dioses. Probablemente sea esta armonía la que explica la constante sonrisa que nos rodea.

A diferencia del resto de indonesios, que son mayoritariamente musulmanes, el 90% de los balineses practica el hinduismo. Pero este ha incorporado desde hace siglos creencias budistas, animistas y ancestrales. Este sincretismo religioso, mezclado con un carácter sostenible y comunitario, hace que los balineses siempre tengan algo que celebrar. Se estima que Bali cuenta con unos 20.000 templos para cuatro millones de habitantes. El caos que se vive en las ciudades y en las carreteras adquiere un cierto orden en los templos. Mantener la armonía entre el bien y el mal es la prioridad de las ceremonias que se realizan en ellos. El templo madre Besakih o el icónico Tanah Lot, situado a la orilla del mar, son los más venerados.

Un templo budista submarino

Bali está situada en el llamado Triángulo Coral del Pacífico, donde existe la mayor biodiversidad de especies submarinas del mundo, siete veces más que en el Caribe. Los lugares más famosos para practicar buceo son la islas de Nusa Penida y Nusa Lembongan, al este, y la isla de Menjangan, al oeste. “Una vez te sumerges entre los corales y descubres peces de mil colores y formas, o coges aire para llegar hasta el templo budista submarino construido en los años 50, no querrás hacer otra cosa”, explica Andrew, biólogo marino y guía de buceo.

La relación de los balineses con la cultura y las artes es cotidiana, pero también está tocada por lo divino. “Cuando bailamos para un público, lo hacemos en realidad para los dioses. Es una expresión de respeto y creatividad”, dice la bailarina Cok Ratih. Según Ratih, la cultura tradicional balinesa sigue viva porque es capaz de incorporar cuidadosamente a sus raíces nuevas historias y técnicas provenientes de otros lugares. Los bailes representan historias del ‘Mahabhárata’ hindú, se realizan obras teatrales inspiradas en las sombras chinescas y las máscaras recuerdan la estética japonesa. El artista mexicano Miguel Covarrubias auguró en los años 30 que la cultura balinesa podría desaparecer y pasó una temporada en la isla para inmortalizarla en fotografías y dibujos. Pero las tradiciones permanecen. Tanto es así que muchos jóvenes prefieren entrar en una orquesta de gamelán que jugar en un equipo de fútbol.

En la llamada isla de los dioses hasta el entorno natural tiene una dimensión casi divina. La naturaleza también es objeto de celebración y ofrendas. Enormes árboles ancestrales presiden los templos, los volcanes son el hogar de espíritus y dioses que protegen la isla, y el agua, tanto de los ríos como del mar, es fuente de vitalidad y purificación. Las aguas de las siete cascadas de Sekumpul, que alcanzan los 80 metros de altura, caen con una fuerza sobrenatural sobre los bañistas. Se localizan en una de las zonas más salvajes y frondosas del norte de la isla, en el valle de Singaraja. Contrasta con el ordenado paisaje de la zona central de Bali, donde las 19.500 hectáreas dedicadas al cultivo de arroz están dibujadas en terrazas. La UNESCO lo ha reconocido como Patrimonio de la Humanidad debido a un particular sistema de riego, denominado ‘subak’, que reparte el agua de forma equitativa por toda la isla.

Muchos jóvenes prefieren entrar en una orquesta de gamelán que jugar en un equipo de fútbol.

En Bali todo adquiere un sentido de comunidad: la ceremonia de cremación, caracterizada por las enormes torres funerarias, es un ejemplo perfecto de ello. Mientras ardía en llamas la engalanada figura de un toro, que albergaba el cuerpo del difunto, su nieto nos contó que los familiares y los amigos asisten a estos rituales con un ambiente festivo. “Esto ahuyenta a los malos espíritus y ayuda al alma a encontrar bien su camino”. La vida aquí es entendida como un ciclo en tiempo presente.

Jugando con los dioses del mar

El surf es una de las actividades que atraen a más turistas extranjeros. El dominio de las olas puede entenderse como una batalla o juego con los dioses del mar, a los que tanto respeto tienen los balineses. “Hoy hay bastante gente, las olas aquí no son agresivas. Pero más al sur, en Uluwatu… es otra historia”, asegura un monitor de surf en la playa de Canggu. Se refiere al lugar donde en los años setenta el surfista Gerry Lopez descubrió una de las olas más legendarias del mundo, convirtiendo esta zona en el territorio favorito de los australianos.

“No me di cuenta de que aquí todo el mundo sonreía hasta que pasé un tiempo en el extranjero”, confiesa Ketut Siandana, arquitecto y responsable del hotel NusaBay Menjangan. “Por eso me gusta que todo el mundo se lleve el recuerdo de que en Bali hay un sentimiento de unión y armonía que se transmite en muchas direcciones”.

Direcciones útilesCompartir

Jl. Petitenget, Denpasar, Kabupaten Badung
Jl. Lanyahan, Banjar Nagi, Ubud, Gianyar
Jimbaran, Kuta Selatan, Badung
Kotal Beach, West Bali National Park, Banyuasri, Kec. Buleleng, Kabupaten Buleleng
JL. Sari dewi No. 12, Basangkasa Seminyak., Jl. Sari Dewi, Kuta-Bali
Jalan Raya Seminyak No. 21, Kuta
Jl. Petitenget No. 51B, Seminyak, Kuta, Kabupaten Badung
Jalan Batu Mejan No. 8, Canggu, Kuta Utara, Badung
Jalan Raya Jungut Batu, Jungutbatu, Nusapenida, Jungutbatu
Jl. Monkey Forest, Ubud
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