>>>Relajarse ‘a la finlandesa’
En el país nórdico estar invitado a una sauna supone un honor.
Foto: ©VisitFinland

Relajarse ‘a la finlandesa’

En Finlandia hay una sauna por cada tres habitantes. La conocida como “farmacia de los pobres” ha pasado de vieja y sana costumbre a ser abanderada del turismo wellness.
S

auna es la única palabra de origen finlandés que ha sido aceptada en otros idiomas. Y para entender hasta donde llega la devoción de los finlandeses por su costumbre más extendida basta con recordar algunos de sus antiguos usos: hace unas décadas era habitual que las mujeres dieran a luz en el interior de una sauna. Puerta de entrada y salida de este mundo para los finlandeses, al morir, los cuerpos de los fallecidos se sometían a un último lavado en su interior.

Las saunas son consideradas un espacio para la limpieza de cuerpo y mente. A la primera parte contribuyen las ramas de abedul, que se restriegan por la piel para eliminar impurezas. A la segunda, la tranquilidad que se respira en su interior.

Löyly en Helsinki
Dos horas en una de las saunas de Löyly cuestan 19 euros.
Foto: ©Löyly

Con la sauna a cuestas

Entre las portátiles, la sauna más antigua es la tienda de campaña del ejército, que aún se sigue utilizando. De hecho, algunas empresas las alquilan. En el municipio de Teuva, en la costa occidental, se organiza un evento de saunas móviles y flotantes.

En las saunas finlandesas se impone la camaradería y se fomenta la conversación y el debate (también entre desconocidos). Y eso que los finlandeses no son especialmente cálidos, y rehúyen el contacto. Ese ‘carácter’ queda fuera de las cabinas. Las hay particulares (en viviendas), de acceso público en mitad de la ciudad, o lujosos templos del bienestar… No resulta complicado encontrar uno de estos rincones regulados a 80 grados (pueden llegar hasta 160).

Con más de dos millones de saunas para sus cinco millones y medio de habitantes la variedad resulta casi una exigencia. De humo, de hielo, de cubo caliente, móviles y hasta culturales, con recitales de poesía incluidos… Existen muchos tipos de saunas y en Finlandia se pueden encontrar en los lugares más insospechados: en el Parlamento finlandés, en un Burger King, en un teleférico (Ylläs, Laponia) o en una noria (Sky Wheel Sauna). Tampoco falta una en las embajadas que el país tiene por todo el mundo. Y una modalidad más, las saunas móviles para llevar la relajación allí donde sea necesario. En la ciudad de Teuva (en la cosa occidental) se organiza un festival de saunas móviles, prototipos navegables incluidos.

Sauna con Helsinki de fondo
Helsinki celebra cada año su Sauna Day. En 2017 será el 11 de marzo.
Foto: ©VisitFinland

¿Relax entre 70 personas?

La sauna de humo más grande del mundo está –¿cómo no?– en Finlandia. Concretamente, en el complejo Rauhalahti. Además de hotel y spa, cuenta con una antigua cabaña de leñadores reconvertida en sauna de humo con capacidad para 70 personas.

La sauna más popular de Helsinki es Kotiharju Sauna. Abierta desde el año 1928, era muy visitada entonces, cuando la gente aún no tenía una propia. Esto es lo habitual en el campo, en la ciudad suele haber al menos una por edificio o comunidad de vecinos. Una de las últimas en establecerse en la capital es Sauna Löyly. Con casi 2.000 metros cuadrados y a orillas del Báltico, tiene tres saunas de madera climatizadas. Una se mantiene climatiza durante todo el día, otra una vez al día y la tercera es de humo tradicional. Después de la sauna, el mar está a un salto. Literalmente. Terminar el baño de vapor con un baño helado es otra de las tradiciones habituales en Finlandia. Lo mejor para la circulación sanguínea.

Baño entre el hielo
Después de un baño en las aguas heladas de Finlandia, la circulación se reactiva.
Foto: ©VisitFinland

Pero ‘el rito’ no acaba con un baño –o en su defecto, ducha– de agua fría. ‘Saunanjälkeinen’ es una expresión que podría traducirse como “post-sauna” y que define un estado de relajación que sirve de excusa para evitar hacer cualquier esfuerzo. Aunque en Finlandia no se interpreta como una queja, sino como un disfrute. Esa sensación de estar limpio, renovado –tanto física como mentalmente– que tan bien han sabido fomentar los finlandeses.

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