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Raja Ampat, el paraíso (aún) secreto

Indonesia esconde un archipiélago casi virgen con más de 1.500 islas sobre un mar codiciado como uno de los mejores del mundo para bucear. Visítalo antes de que se ponga de moda… y no lo cuentes.
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ara llegar a Raja Ampat primero hay que descubrirlo. Y no es fácil. La línea del mapa que lleva hasta allí arranca con un vuelo desde Kuala Lumpur, Singapur o Bali. Luego hay que llegar hasta Sorog- la puerta de entrada del archipiélago- para finalmente coger un barco que llega hasta un punto entre el Pacífico y el Índico, en la provincia de Papúa Occidental, al sudeste de Indonesia. Justo allí surgen las más de 1.500 islas del archipiélago de Raja Ampat, enclavadas dentro de la península de Doberai, conocida también como Cabeza de Pájaro.

Un destino soñado para los buceadores y buscadores de ‘otros mundos’ que consiguen llegar hasta este escondite tropical atraídos por su belleza y su increíble vida marina. Un arcoíris de más 1.300 especies que van desde microscópicos organismos hasta cachalotes y mantas con aletas de tres metros. Todos ellos dentro del Triángulo de coral, el hábitat marino con mayor biodiversidad del mundo, y el Parque Nacional Marino más grande de Indonesia.

Buceador con peces amarillos en Raja Ampat
La mayoría de inmersiones son a la deriva y puede haber fuertes corrientes por lo que requieren nivel experto de buceo.

A bordo de la historia

Los cruceros ‘liveaboard’ se realizan en veleros tradicionales de Indonesia conocidos como pinisi. Estas embarcaciones de madera se siguen fabricando de forma artesanal en astilleros que hacen réplicas de los modelos centenarios de las tribus Bugis, famosos navegantes de la isla de Sulawesi que comerciaban con China y mercaderes árabes siglos atrás.

Además de su exótica naturaleza, la ausencia de desarrollo turístico es la clave del gran atractivo del destino. Las cuatro principales islas de Raja Ampat -en indonesio significa Cuatro Reyes-, Waigeo, Misool, Salawati y Batanta, suman menos de un cuarto de los más de 40.000 kilómetros cuadrados que ocupa el archipiélago. Waisai, su capital, en la isla de Waigeo, es el único lugar donde encontrar un pequeño nexo de unión con la vida moderna: cafés con internet, un mercado tradicional de pescado y algún cajero automático -puede que averiado-. Después, solo hay mar.

 

La mejor manera de asomarse al fondo marino de las islas es vivir sobre el agua en modalidad ‘liveaboard’. Una especie de complejos de buceo flotantes que balancean a sus ocupantes entre un arrecife de coral y otro. Lujosas embarcaciones como Grand Komodo o Amanikan incluyen un ‘dive master’ en su tripulación para organizar las rutas de buceo, chef a bordo, servicio de cubierta y masajistas. La otra opción es alojarse en tierra en los escasos eco resorts o ‘homestay’ disponibles, la mayoría en Waigeo, Batanta o Misool, y en las islas más pequeñas de Kri, Gam y Mansuar. El turismo mochilero de bajo presupuesto está casi descartado en este territorio, solo un desplazamiento entre islotes suele rondar los 400 euros.

Niños al atardecer en Raja Ampat
En las cuevas escondidas entre los bosques de la isla Misool hay diseños grabados en piedra con más de 5.000 años de antigüedad.

La rutina se sucede entre las diminutas islas que invitan a naufragar. Las cabañas ancladas sobre palos en el agua dan paso a pintorescos islotes de piedra caliza, coronados por la jungla, que permiten ser escalados hasta la cima y recuerdan que no solo hay vida bajo el agua. Playas de arena fina donde tumbarse y bahías para hacer kayak. Las pocas islas habitadas sorprenden con construcciones aborígenes de tribus que aún conservan danzas milenarias y el profundo amor por la naturaleza que caracteriza la cultura del archipiélago.

Debajo del mar todo un mapa de puntos de buceo imprescindibles. La isla de Misool, destacada por Mark Erdmann, vicepresidente de los programas marinos de conservación internacional de Asia y del Pacífico (CI), como uno de los pocos lugares en el universo donde la biodiversidad está mejorando en lugar de disminuir. Cape Kri, cerca de la isla de Koh, que ha contabilizado varios años el récord mundial de variedad de especies durante una sola inmersión. Y las deshabitadas islas de Wayag, imagen icónica de Raja Ampat, con sus formaciones kársticas que parecen flotar sobre el agua.

Encima del mar la vida queda suspendida a diario a la espera de la siguiente inmersión. Los cientos de murciélagos de la isla de Bat vuelan cada atardecer hacia otra isla. Los tripulantes de las embarcaciones saborean alguna cena de marisco a bordo. El mar se adentra hacia el interior y el sol se esconde mientras la frágil belleza de Raja Ampat conecta a los viajeros con otro mundo.

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