>>>Puerto Rico ‘on the road’

Puerto Rico ‘on the road’

Entre selvas y grandes olas recorremos esta montañosa isla vigilada por dos mares. Olvida el GPS, cualquier carretera te lleva a un rincón especial en Puerto Rico.
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manecer en el Atlántico y atardecer en el Caribe. O viceversa. Es la posibilidad que ofrece Puerto Rico, donde las distancias son perfectamente salvables por carretera en un solo día. La música suena junto al mar. Salsa y latin jazz entre palmeras y árboles de hibiscus. Automóviles con la radio puesta, clubes escondidos y restaurantes de mariscos frente al mar completan la estampa. Los puertorriqueños celebran la esencia de su identidad– mezcla de influencias indígenas, españolas, africanas y estadounidenses– e invitan al viajero a disfrutar de su territorio tanto como ellos.

San Juan sirve como punto de partida para recorrer la isla. Antes o después de lanzarse a la carretera, merece la pena gastar algunos días en el alma boricua de la capital. Barrios como Santurce, lugar de nacimiento de las leyendas de la salsa Ismael Rivera y Tito Rodríguez, acogen ahora galerías de arte, salones de tatuajes, librerías y tiendas de bagels. Al otro lado de la muralla de la ciudad, teatros reutilizados, calles adoquinadas y edificios coloniales conducen hasta el Viejo San Juan. Justo donde rompe el mar se levantan desordenadas las casitas de colores que forman La Perla. Este barrio se ha convertido en visita obligada después de que los puertorriqueños Luis Fonsi y Daddy Yankee grabaran entre sus calles el vídeo del megahit ‘Despacito’. Su ambiente callejero y festivo, al que otros artistas locales como Calle 13 e Ismael Rivera han dedicado canciones, refleja la mezcla de tradiciones folclóricas y urbanas que conforman la personalidad de la isla.

Músico tocando acordeón Puerto Rico
La rica herencia musical está presente por toda la isla en ritmos tan variados como latin jazz, rap, salsa o reggaeton.

Por mar y tierra

Desde Fajardo sale el ferry que conecta con las islas caribeñas de Culebra y Vieques. En cualquiera de las dos se puede alquilar un jeep y disfrutar de su naturaleza virgen. Vieques cuenta con Bahía Mosquito, una de las bahías bioluminiscentes de mayor intensidad del planeta. Y en Culebra se encuentra Playa Flamenco, la segunda mejor del mundo según Discovery Channel.

Dejamos atrás San Juan y partimos hacia la costa este, donde las montañas cubiertas de bosques antiguos y lluviosos sirven de telón de fondo a las playas de Luquillo. Conocida por la tranquilidad de sus aguas, en esta localidad destaca La Monserrate, una playa donde se puede elegir entre la adrenalina del windsurf y el flyboard, o la calma de su famoso balneario.

Desde Luquillo y en dirección sudeste, la carretera llega hasta Fajardo, una localidad costera donde, tras una visita a la transparente playa Seven Seas hay que dirigirse a la Reserva Natural Cabezas de San Juan. Un área protegida en la que el plan ideal es alquilar una bicicleta y pasear entre los exuberantes manglares que conducen al océano, para terminar el día recorriendo en kayak su bahía bioluminiscente.

Playa Mar Chiquita en Puerto Rico
La apariencia de concha hacen única a la Playa Mar Chiquita, donde el océano Atlántico crea una piscina natural protegida por las rocas.

La vida local se cuela en la carretera y recibe a los visitantes con puestos de comida junto a las áreas de descanso. Empanadillas fritas o arroz con coco se saborean en un alto en el camino, entre campesinos que venden piñas maduras, yucas o batatas, antes de dirigirnos hacia la ‘ruta del lechón’, una carretera rural entre las montañas centrales, famosa por sus lechoneras (o chinchorros ) donde sirven “lechón asado a la varita”.

De vuelta a la costa, y camino al sur, las casas coloniales pintadas de rosa chillón y azul eléctrico salpican el paisaje, y el olor del mar se mezcla con el del cilantro, la cúrcuma y el mango. El encanto sureño de las ciudades de Salinas y Ponce ofrece un paseo único por la historia de Puerto Rico, entre arquitectura criolla, museos de arte y plantaciones de café. Una vez visitadas las ciudades, los más aventureros se pueden dirigir hacia el monte Guilarte y alcanzar su cima (1.204 metros), uno de los puntos más altos de la isla.

Caballos en la playa de Vieques.
Por las playas de Vieques es fácil cruzarse con alguno de los caballos salvajes que viven en la isla.

Desde el sur siempre se puede poner rumbo al oeste, donde aguardan las olas más salvajes. Aunque las playas favoritas de los surfistas se encuentran en la localidad de Rincón, por el camino nos tropezamos con otras tan míticas como La Playuela–dentro de la Reserva Natural de Cabo Rojo–, una de las más deseadas por los puertorriqueños. Se hace difícil decidir la siguiente dirección entre los más de 400 kilómetros de playas que ofrece la isla, pero no importa qué desvío tomemos, Puerto Rico siempre sorprende. Ya lo canta Calle 13: “soy un pedazo de tierra que vale la pena”.

 

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