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Parques de Estados Unidos: la llamada de la naturaleza

Abarcan desde bosques y desierto hasta hielo y volcanes. Las fuerzas de la naturaleza eclosionan en los parques nacionales de Estados Unidos. Dedicamos una mirada a la diversidad de su paisajes.
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ellowstone, famoso por sus explosivos géiseres, infinitas cascadas y por ser el hogar del Oso Yogui –el famoso dibujo animado ‘roba-meriendas’–, fue el primer entorno natural en ser declarado parque nacional en Estados Unidos. Fue en 1872 y la iniciativa vino del naturalista escocés John Muir y otros amantes de la naturaleza de su época como el paisajista Frederick Law Olmsted –creador de Central Park– o el escritor Henry David Thoreau, que pretendía preservar y acercar la grandeza natural de este país a todas las personas. “No hay nada tan americano. La idea fundamental que hay tras los parques es que el país pertenece a la gente”, diría el presidente Franklin D. Roosevelt. Gracias a ello, más de 300 millones de personas se sorprenden cada año al visitar los excesos naturales y contrastes que ofrecen los 59 parques nacionales de Estados Unidos.

Entre bosques, piedras y dunas

 Yosemite, (California), al que John Muir consideraba ‘su templo’ fue creado en 1890. Con casi cinco millones de visitas anuales, se ha convertido en el tercer parque más visitado del país. Declarado Patrimonio Natural por la Unesco, las grandes formaciones rocosas de este valle encogen el corazón al que levanta la vista hacia ellas, especialmente El Capitán, una descomunal roca de granito –con paredes verticales de 910 metros de altura resultado de la acción glaciar– que se ha convertido en uno de los desafíos favoritos de escaladores de todo el mundo.

Personas en las Grandes Dunas de Arena.
Grandes Dunas de Arena.

Las inmensas praderas de piedras se extienden hacia la meseta del Colorado, que alberga la mayor concentración de parques nacionales de Estados Unidos, como el Gran Cañón y Canyonlands. Lugares donde la tierra ha sido mordida por el viento, el agua y el hielo creando estructuras tan alucinantes como la famosa garganta de piedras y estratos que se abre a lo largo de más de 400 kilómetros en el Gran Cañón, segundo parque más visitado del país.

 

Más cerca del mar, en la costa norte de California, los árboles sustituyen a las rocas como protagonistas de los parques. En los bosques de vértigo del parque Redwood los oscuros senderos se deslizan a la sombra de monumentales secuoyas y alces que conducen hasta playas desiertas cubiertas de madera erosionada. Miradores como Klamath River se alzan en las montañas donde el agua de los ríos se cruza con el océano Pacífico.

De los bosques saltamos al desierto en los interminables campos del parque de las Grandes Dunas de Arena, de nuevo en Colorado. Son las dunas más altas de América del Norte y uno de los sistemas más frágiles y complejos del mundo, al que los científicos no han conseguido ponerle edad. Estas formaciones se pueden atravesar practicando ‘sandsurf’ (surfear la arena), en ‘fatbike’ o a caballo.

Volcán en Hawái
Parque Nacional de los Volcanes.

Canción de hielo y fuego

Alaska, el estado más grande del país, también aloja los parques naturales más extensos. Uno de ellos es el parque de los fiordos de Kenai. Una extensión de casi 25.000 kilómetros cuadrados, donde el hielo de los glaciares sirve de telón de fondo a grandes zonas de naturaleza deshabitada. El glaciar Exit y el campo de hielo Harding –uno de los cuatro campos de hielo que quedan en Estados Unidos–, son las atracciones más visitadas del parque. Los cruceros y las rutas en kayaks se convierten en la mejor manera de conocer el parque para los que no sean expertos alpinistas.

Frente al hielo de los fiordos surge el fuego de los volcanes activos del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái. Vistas dramáticas, olas gigantescas y lenguas de lava se suceden en este impresionante paisaje que aloja el volcán mas alto del mundo, Mauna Loa, y el más activo, Kilauea –que lleva escupiendo magma a unos 1,093 º C ininterrumpidamente desde 1983–. Las leyendas de la isla cuentan que este volcán es el hogar de Pelé, gran diosa de fuego que escupe lava cuando se enfada y maldice al que se lleva alguna piedra del parque. Fuerzas naturales tan misteriosas e impredecibles como el resto de elementos salvajes –y por fortuna protegidos– que forman parte de la historia natural de los Estados Unidos.

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