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París a oscuras

Hay un lugar donde no llegan las luces de la Torre Eiffel ni los neones del Moulin Rouge. Coge una linterna y olvida que estás en 'la ciudad de la luz'.
“Deténte, este es el imperio de la muerte” advierte un letrero a la entrada. Pero la única forma de conocer la otra cara de París es adentrándote en sus profundidades: a 20 metros bajo el suelo. Allí descansan los huesos de más de seis millones de parisinos y cientos de historias y secretos, muchos aún por revelar.
Las Catacumbas de París (Les Catacombes) son 300 kilómetros de galerías sin luz y pasillos angostos en los que todo recuerda a la muerte. Esqueletos y calaveras decoran los muros dándole un aire aún más tétrico a este laberinto subterráneo. Son restos óseos trasladados a este lugar debido al cierre de cementerios entre los siglos XVIII y XIX. En sus comienzos, estos túneles se excavaron con la intención de buscar piedra caliza para construir la mayoría de los monumentos y edificios que se pueden visitar actualmente en la ciudad.

Un lugar inspirador

Al menos para el escritor y político francés Victor Hugo, que inmortalizó las catacumbas de París en su novela de 1862 ‘Los Miserables’.

Recibían el nombre de Les Carrières de Paris (Las canteras de París). Cuando el Cementerio de los Inocentes, en el distrito de Halles, se convirtió en un foco de infección, decidieron mover los restos a este lugar. Lo hacían por la noche, con una procesión de sacerdotes cantando el Oficio de Difuntos detrás de los carros que transportaban los huesos cubiertos por un velo negro. Al principio, simplemente lanzaban las osamentas a los túneles. Después empezaron a ordenarlos de forma ‘decorativa’ en las paredes. Hasta 1814 éste fue el lugar donde descansaron todos los cadáveres de los parisinos.
No solo resulta fascinante (e inquietante) la ornamentación de sus muros. Esculturas como el Puerto de Mahón (Menorca), realizada por un cantero que estuvo allí preso varios años o diferentes inscripciones que recuerdan hechos de la Revolución Francesa, como el combate en el castillo de Las Tullerías, en agosto de 1792, nos dan una idea de toda la historia que ocultan estos pasillos. O la cripta de la Pasión, un pilar revestido de cráneos y tibias con forma de tonel construido durante un concierto clandestino – con tintes de fiesta macabra- organizado por burgueses y artistas en 1897. Durante la Segunda Guerra Mundial, los túneles también fueron utilizados tanto por la resistencia francesa como por los soldados alemanes. Y actualmente son los catáfilos sus principales moradores.

Una sala de cine subterránea

En 2004 la policía encontró una sala de cine dentro de las catacumbas. Su entrada estaba en una alcantarilla cerca de Trocadero. Había una pantalla de cine y un anfiteatro esculpido en la roca, además de un bar, electricidad y línea telefónica. Pertenecía al movimiento artístico La Mexicaine de Perforation.

El acceso a las catacumbas está restringido: únicamente dos kilómetros están abiertos al público, en un recorrido cerrado de aproximadamente 45 minutos de duración. En un tour, recorrerás las principales salas y descubrirás algunos de los secretos que se guardan estas paredes de hueso. Las autoridades prohibieron el acceso cuando descubrieron que en su interior se celebraban rituales como misas negras. Además, resulta algo peligroso caminar entre sus laberínticos pasillos, estrechos y sin ningún tipo de iluminación ni ventilación. Sin embargo, hay entradas secretas a lo largo de toda la ciudad y hay quien se aventura a adentrarse. Los catáfilos organizan incursiones, aunque se exponen a ser multados por la policía…pero es que no es fácil resistirse a conocer el lado oscuro de París.

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