>>>Paredes que quisieron ser viñetas
Foto: Christian Mueller/ Shutterstock.com

Paredes que quisieron ser viñetas

Los pitufos, Lucky Luke, Astérix, Tintín… Hay una manera diferente de leer cómics, basta con pasearse por Bruselas.
L
os belgas inventaron el praliné. No es casualidad que el aeropuerto de Zaventem (Bruselas) sea el lugar que más chocolate vende del mundo. No es su única pasión, ni su único récord. Cuentan con el mayor número de dibujantes de cómic por kilómetro cuadrado. Prueba de su amor incondicional por el noveno arte. Con una ruta de más de 50 fachadas a lo largo de toda la ciudad, Bruselas rinde tributo a los mejores autores y personajes del cómic.
Sin duda el mural más visitado, Tintín y el Capitán Haddock ocupan un lugar de honor, entre el Ayuntamiento y la Grand Place.
Foto: Brussels©O.van de Kerchove

Objetivo: amar los cómics

La arquitectura modernista y el noveno arte se unen en el Centro Belga del Cómic. Tintín y Los pitufos, tienen sus propias salas. Más de 1500 metros dedicados a los personajes, historia y autores del cómic. El gran cohete de ‘Objetivo: la luna’ preside la entrada del emblemático edificio de Victor Horta.

El cómic tiene una larga tradición como lenguaje artístico en Bélgica. Su nacimiento está ligado a la prensa de principios del siglo XX. En 1929 se publica la primera viñeta de Tintín en la revista ‘Le Petit Vingtième’. Se considera el principio de ‘La escuela de Bruselas’, que marcará a toda una corriente de dibujantes en las décadas de los 40 y 50. A partir de los años 60, personajes como ‘Blueberry’ (1963), escrito por Jean-Michel Charlier e ilustrado por Jean Giraud “Moebius’, toman el relevo de la audacia gráfica característica del cómic belga, manteniéndose hasta hoy.
Escuelas, museos y tiendas de compraventa e intercambio de tebeos, se mezclan en Bruselas con murales callejeros y galerías como Petit Papiers que exhiben las tendencias más vanguardistas del sector. Tintín y Los pitufos tienen su propio espacio en la Boutique Tintin y Smurf Store. El cómic, o BD (acrónimo de ‘Bande Dessiné’), que es como se conoce en los países franco hablantes a la novela gráfica, supone en Bélgica más del 80% de la cifra del negocio editorial. Con más de 230 millones de ejemplares vendidos, Tintín es el más deseado. 2,5 millones de euros fue lo que alcanzó en subasta una ilustración en tinta china de ‘Tintín y la estrella misteriosa’. Sus libros han sido traducidos a más de 100 idiomas.
En el ‘Ballon’s Day Parade’, los gigantes del cómic sobrevuelan la ciudad.
Foto: skyfish/Shutterstock.com
La idea de pintar las fachadas de Bruselas surgió en 1991 como una solución alternativa para decorar las paredes que quedaban al descubierto tras la alineación de algunos edificios. La mayor concentración de estos murales se localiza en la zona centro, entre la Grand Place, el barrio de Saint Géry y el mirador del Palacio de Justicia. Se pueden descubrir por casualidad o partir a su encuentro con una ruta organizada en un mapa.
El Centro Belga del Cómic, un museo para ‘niños’ de todas las edades.
Foto: Botond Horvath/Shutterstock.com
Si hubiera una página de inicio, sería el mural de Broussaille (Hergé). El joven y su novia se adueñan de la Rue du Marché au Charbon. El mural original se retocó en 1999 para hacer el personaje de Catherine más femenino, ya que los dos estaban pintados con el pelo corto y pantalones. Al estar situado cerca del barrio gay, se interpretaba como una pareja masculina.
Justo enfrente, Victor Sackville, el famoso espía durante la Primera Guerra Mundial, se abre paso desde otro tiempo al encuentro del espectador. De la juventud más irreverente de Hergé, surge el mural dedicado a Quique y Flupi (Rue Haute). Pocos saben que los dos jóvenes pícaros aparecen en una viñeta de ‘Tintín en el Congo’ y en otra de ‘La estrella Misteriosa’.
La estatua de medio metro del niño meón y símbolo de Bruselas, el Manneken Pis, se encuentra al lado de uno de los murales más vistos: Tintín, Milú y el capitán Haddock (Rue de l’etuve) bajan por unas escaleras en una escena de ‘El Asunto de Tornasol’. El entrañable personaje de Nero (Plaza de Saint Gery), se asoma en busca de problemas cerca del mercado de Les Halles. Lucky Luke, junto con la banda los Dalton ocupa todo un edificio (Rue de la Buanderie). En esa misma calle se encuentra el mural de Astérix y Obélix, ‘esos locos galos’, luchando contra los romanos.
El humor está presente en los homenajes al Manneken Pis en los murales de Sike and Suzy y de Cubitus (Rue de Flandre). El botones más aventurero, Spirou, destaca de rojo, entre los puestos de segunda mano del barrio de Marolles.
Las calles no son las únicas que se visten con ilustraciones, también en las estaciones de metro se pueden encontrar frescos. Los tintinófilos no deben perderse el de la estación Stockel, 140 figuras que se escapan de 22 de los cómics del reportero más viajado de la historia del cómic.

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