>>>Palawan, la frontera de las mil islas
Isla de Bohol.
Foto: DiegoMariottini / Shutterstock.com

Palawan, la frontera de las mil islas

Jacques Cousteau dijo que era el lugar más hermoso que había explorado. Cuevas subterráneas, playas deshabitadas y submarinismo entre las islas más salvajes de Filipinas.
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lévate solo tus fotografías, deja solo la huella de tus pies descalzos, no te lleves más que tus recuerdos”, advierte el cartel que cuelga de una palmera en Palawan. Una isla con forma de media luna, refugio de mochileros y adictos al ‘beach way of life’, donde el mar reina por encima de todo. Palawan se halla inmersa entre cientos de islas que a su vez están rodeadas de más islas. 1780 concretamente, consideradas ‘la última frontera ecológica del Filipinas’ debido a su alta biodiversidad. No es de extrañar que la actividad principal que los nativos ofrecen a los viajeros sea ‘island hopping’, que consiste en navegar en un ‘bangka’ -embarcación que usan los pescadores para desplazarse- en busca de playas deshabitadas, cascadas que nacen en la profundidad de bosques verdes, filas de cocoteros y lagos ocultos entre acantilados de roca caliza.

La belleza natural y el ritmo relajado característico del estilo de vida isleño se dejan ver en Puerto Princesa, la capital palaweña. Como todas las ciudades importantes de Filipinas, guarda el encanto del desorden mezclado con la naturaleza más salvaje. Puerto, como la llaman los lugareños, es el mayor núcleo urbano y sirve como base de operaciones para visitar el resto de la isla. Además de explorar playas vírgenes como la de Nagtabon, y bucear en su bahía, la ciudad ofrece uno de los ríos subterráneos más largos del mundo, ubicado en el pueblecito de Sabang. Declarado como una de las siete maravillas del mundo natural y Patrimonio de la Unesco, este canal de ocho kilómetros permite navegar en piragua bajo tierra entre estalactitas, lagunas de colores y cavernas que parecen de otro planeta para desembocar en el mar de China.

Bahía de El Nido
Navegar en kayak, submarinismo, snorkel o escalada en acantilados de piedra caliza son las actividades habituales.
Foto: Phuong D. Nguyen / Shutterstock.com

Otro universo bajo el agua

Submarinismo y snorkel son las actividades estrella en las islas. Peces loro, peces mariposa, caballitos de mar, pulpos, tiburones ballena y hasta especies con bioluminiscencia acompañan durante las inmersiones. En la isla de Corón se puede bucear entre barcos hundidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde Puerto Princesa los viajeros se aventuran hasta la ciudad de El Nido. Las seis horas de incómodo trayecto montados en ‘jeepney’ –furgonetas públicas de transporte colectivo- se recompensan con la llegada a esta ciudad en la que se inspiró Alex Garland para su novela ‘La playa’, de la que luego se hizo la película homónima, protagonizada por Leonardo DiCaprio.

Vacas en mitad de polvorientas carreteras, ‘bangkas’ de pescadores y niños camino de la escuela sonríen a los viajeros y saludan: “give me five!”. Es la estampa típica. Aunque El Nido ha crecido alrededor de la comunidad de mochileros, también posee el lujo de ‘ecolodges’ como El Nido Resorts, magníficas villas sobre el agua en las islas cercanas de Lagen, Apulit y Miniloc.

Playa de las Cabanas en Filipinas
En la playa de Las Cabanas solo hay dos puestos rústicos que venden bebidas en cocos abiertos.
Foto: jennagenio / Shutterstock.com

Diversos operadores ofrecen ‘island hopping’ por las más de 40 islas de Bacuit Bay, la bahía que rodea el Nido. La ‘excursión A’ es el viaje más popular: nadar en Little Lagoon, montar en kayak a través de las tranquilas aguas de Big Lagoon, disfrutar de una barbacoa de mariscos en la isla de Shimizu, y ver la puesta de sol tomando una piña colada en Seven Commandos Beach.

Algunas de sus mejores playas se exploran por tierra en una motocicleta de alquiler a través de carreteras ‘off the road’ llenas de barro. Entre ellas destacan Corong Corong, una pequeña franja de arena donde cabe lo justo para apoyar una bolsa y tumbarse; y Las Cabanas, una gloriosa playa con hamacas colgadas entre infinitas filas de palmeras y aguas transparentes.

Port Barton, a cuatro horas por carretera de el Nido, es otra parada en este vaivén entre playas. Un  tranquilo pueblo de pescadores pegado a una bahía, sin el ajetreo turístico de el Nido, donde la electricidad solo llega por la tarde y el wifi es casi una utopía.

Además de Palawan, hay más islas para elegir. Bohol, con sus famosas colinas de Chocolate; Siquijor, la isla mística de ‘brujos’; o Corón, el paraíso de los buceadores. Y así hasta más de 1000 (o 7000, si contamos las de todo el país). En un extracto de ‘La playa’, Alex Garland lo deja claro: “Si hubiera aprendido una sola cosa de viajar, era que la manera de hacer las cosas era seguir adelante y hacerlas. No hables acerca de ir a Borneo. Compra el billete, pide un visado, haz la maleta y simplemente ocurrirá”.

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