>>>Oporto adelanta el reloj

Oporto adelanta el reloj

Ha nacido el Oporto ‘cool’. La ciudad con la ‘saudade’ más vetusta del mundo es también la que tiene el corazón ‘indie’ y artístico más apresurado: festivales, arte y tapas.
O
porto retrocede en el tiempo. La primera vez que estuve en la capital de la que nació Portugal me pareció que todo se había detenido en los años 80: el grafismo de los letreros, el asfaltado de las calles y la decoración de todos los bares de barrio. En este último viaje ya van por los 60: la lentitud, las tiendas con el bacalao expuesto al aire, señoras con pañuelo en la cabeza y los propios comercios, que venden artículos como las trampas para ratones. En este contexto, descubrir que existe el Oporto moderno al que acude la juventud cuando sale del festival Primavera Sound no puede ser más paradójico.
Los colores de las casas populares de la Ribeira están conformados por diversos materiales y por azulejos, un clásico elemento decorativo en Oporto.

Dormirse en el arte

El hotel más ‘artie’ de Oporto es Gallery Hostel, en Miguel Bombarda, una galería de arte y hotel en un excéntrico edificio de 1906 en el que se celebran actividades culturales a menudo. Rosa et Al, en Rua do Rosario, organiza exposiciones en un ambiente casero de diseño ‘vintage’.

El corazón que comenzó a bombear modernidad a esta ciudad Patrimonio de la Humanidad está en el Museo Serralves. Este edificio de hechuras vanguardistas, diseñado por el premio Pritzker Álvaro Siza Vieira en los 90, se ha convertido en el símbolo del arte contemporáneo del país. Alrededor de su mansión art déco se extienden 18 hectáreas de parque ajardinado plagado de esculturas.
Hay otros ejemplos de buen gusto contemporáneo que escandalizan a la vetusta Oporto: la Casa da Música, del holandés Rem Koolhaas, con su forma de diamante, o las coloridas fachadas de las casas populares de la Ribera. Del arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, ganador del Pritzker, es la restauración del Alfândega do Porto, que alberga el Museo de Transportes y Comunicaciones, la puerta de entrada a la ciudad más actual. Desde allí, en las calles que rodean la Torre dos Clérigos, se hacen compañía los negocios más modernos que se han abierto en los últimos años: salas de conciertos, bares, clubs, restaurantes con cocina de autor, tiendas de ‘cupcakes’, vinotecas con referencias del Duero, Alentejo o Dao y boutiques.
En Gallery Hostel “cada habitación cuenta una historia”. Las del edificio principal son un tributo a las diferentes generaciones de artistas de la ciudad.
Es también el escenario de los pequeños mercados urbanos donde bucear hasta encontrar alguna joya del diseño artesanal. La libreria Lello, con su fachada neogótica, sobresale en Rua das Carmelitas. Lleva honrando a las letras desde 1906 y unos 4000 turistas visitan cada día esta librería, una de las más bonitas del mundo. Muy cerca se encuentra BASE, un bar-jardín al aire libre que invita a tumbarse bajo el sol portuense.
Rodeado de verde, el bar-jardín BASE apuesta por actividades al aire libre y un estilo de vida natural y saludable.
Pero la calle en la que Oporto demuestra definitivamente su poderío ‘cool’ es Miguel Bombarda, de la que se dice es la vía con más galerías de arte de Europa. Cafés, talleres, tiendas ecológicas y patios y jardines interiores que se llenan un sábado cada dos meses, cuando las galerías inauguran sus exposiciones. Su catálogo incluye O! Galeria, dedicada a la ilustración portuguesa, Serpente, donde conviven la pintura y las instalaciones de video-art, y Quadrado Azul, en la que también podemos encontrar ‘collages’ o fotografía. La zona está plagada de arte urbano, grafitis, pegatinas y mosaicos. Y aún tiene espacio para la moda en la mundana Muuda, para los pequeños objetos de diseño en la irrepetible Aguas Furtadas o para una refinada ceremonia del té en Rota do Chá: tres plantas y un jardín de puro oasis asiático, lo nunca visto en la tradicional capital atlántica.

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