>>>Nuevos tesoros para el gigante de Swarovski
Foto: Gerhard Berger©Swarovski Kristallwelten

Nuevos tesoros para el gigante de Swarovski

Espejos infinitos, trapecistas y un carrusel entre montañas son algunas de las novedades de Swarovski Crystal Worlds para esta primavera. Un lugar, a menos de media hora de Innsbruck, donde los niños se imaginan que crecen y los adultos vuelven a ser pequeños.
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abía una vez un gigante que dejó su hogar para viajar muy lejos y contemplar todos los tesoros y maravillas del mundo. Todo aquello de valor que encontró en sus viajes lo llevó hasta la localidad de Wattens, en el Tirol, y lo guardó en unas cuevas conocidas como Cámaras de las Maravillas. Desde entonces, vive allí para vigilar esos tesoros.

Fue el artista multimedia austriaco André Heller quien imaginó esta historia, inspirada en sus fantasías infantiles, y creó el universo Swarovski Crystal Worlds. Inaugurado en 1995 para conmemorar el centenario de la firma Swarovski, este parque ha sido visitado por más de catorce millones de personas y se ha convertido en una excursión imprescindible desde Innsbruck. Una aventura al estilo de Alicia en el país de las maravillas, solo que aquí la madriguera es de cristal y todo brilla mucho más.

Invitados especiales

Esta temporada también se unen al gigante los artistas del circo Roncalli, uno de los más famosos de Alemania. Un colorido espectáculo que con suelo de serrín y música alegre evoca la magia del circo clásico. Payasos, malabaristas y osados trapecistas sobre un alambre llenarán de emoción, sueños y aplausos el universo Swarovski.

Crystal Worlds consta de 17 cámaras dentro de las cuales se encuentran instalaciones de diferentes artistas internacionales. Una ruta a través de objetos preciosos, reflejos y secretos ocultos que se recorre, linterna en mano, con un libro de acertijos y puzles.

 

El último espacio en incorporarse ha sido diseñado por la artista japonesa Yayoi Kusama, quien ha trabajado para marcas de lujo como Louis Vuitton. Su asombrosa ‘Chandelier of Grief’ es una habitación totalmente rodeada de espejos que envuelven una gigantesca lámpara de araña de cristal Swarovski, creando la ilusión de estar en un espacio sin fin. La búsqueda de tesoros continúa en otras salas donde hallar los zapatos de Cenicienta, el cristal más grande del mundo –con cien caras talladas– y el más pequeño, o una sala con 595 espejos, ocho de los cuales son espejos espía que ocultan piezas de arte.

 

Una fantasía de cristal que se prolonga también en los jardines que rodean al gran gigante. Un campo de juegos brillante que contrasta con la cordillera montañosa que llega hasta Innsbruck, en el que las cabras también están invitadas. Allí niños y adultos descubren que “los mundos de Swarovski no tienen límites” y se exploran en escalada vertical, horizontal y hasta flotando. Los más pequeños (a partir de 4 años) pueden acceder a una torre de juegos con fachadas de cristal. Los niveles están conectados por una red vertical que les permite moverse en diferentes direcciones y hasta una altura de 14 metros.

Yayoi Kusama in Swarovski Crystal World
La sala diseñada por Yayoi Kusama crea un efecto óptico con el movimiento de la lámpara.

 

Con la llegada del buen tiempo, el jardín de Swarovski Crystal Worlds se abre a otras posibilidades para compartir en familia. Tras perderse y encontrarse en el laberinto de setos con forma de mano, hay que atreverse a crear colosales pompas de jabón, estirarse en una sesión de yoga y dejarse envolver por la mágica atmósfera del cine al aire libre. Son algunas de las propuestas de esta primavera-verano, que además contará con el sueño de todo niño: un imaginativo carrusel, diseñado por el artista Jaime Hayon, donde dar vueltas mientras las montañas giran alrededor.

Torre de juegos en Swarovski Crystal Worlds
El horario se amplía hasta las 22:00 durante los meses de julio y agosto.
Foto: David Schreyer ©Swarovski Kristallwelten

La creatividad llega incluso a la cocina. Desde el original diseño del ‘Fat Bus’, un gordo ‘foodtruck’ de color mostaza que vende perritos calientes, hasta los pasteles y chocolates del restaurante Daniels Kristallwelten, dignos de la fábrica de Willy Wonka. Cualquier picnic sabe mejor cerca de Crystal Cloud, una ‘nube’ de 800.000 cristales que parece flotar e invita a mirar hacia arriba. Definitivamente, el brillo en nuestros ojos puede no ser de Swarovski, pero todo lo demás sí lo será.

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