>>>Nueva York deslumbra (todavía más) en Navidad
Foto: NYC&Company

Nueva York deslumbra (todavía más) en Navidad

Si ya es Navidad en la Gran Manzana, ya es Navidad en el resto del mundo. Haz las maletas y prepara los jerséis de renos, volamos hacia la magia navideña entre rascacielos, frío y luces.
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Si hay un lugar hecho para la Navidad (con permiso del Polo Norte), ese es Nueva York. Allí las experiencias tradicionales y cargadas de nostalgia se unen a otras menos conocidas durante esta época festiva en la que el frío y la ilusión acompañan al compás del “Let it Snow! Let it Snow! Let it Snow!”. Por ejemplo, saborear bastones de caramelo gigantes, casas de pan de jengibre y chocolate caliente con un algodón de azúcar que se despliega como una flor –esto último puedes hacerlo en la archiconocida pastelería de Dominique Ansel–. Unirse a un grupo de villancicos bajo el icónico arco de Washington Square, una tradición que se reparte también por toda la ciudad, incluido el metro. Y, por supuesto, dejarse apabullar por los miles de luces que decoran los edificios y calles.

 

El último mes del año, la Gran Manzana se convierte en un pequeño reino iluminado donde destaca el gigantesco árbol de Rockefeller Center, símbolo y orgullo de la ciudad, que da el pistoletazo de salida a las fiestas al encenderse el 4 de diciembre. Un cable de más de ocho kilómetros con 50.000 luces envuelve este gigantesco abeto de más de 25 metros de alto. Dejarse abrazar por la multitud en la plaza de Rockefeller Center es un clásico inevitable y una oportunidad de acercarse al teatro Radio City Music Hall, en el que se representa uno de los espectáculos navideños más icónicos: ‘Christmas Spectacular’, un show en el que las Rockettes, Santa Claus y el Cascanueces comparten escenario.

 

Decoración navideña en almacenes Saks
El mejor lugar para ver las luces navideñas de Saks es desde los jardines Channel Gardens.
Foto: Mattew Penrod/ NYC&Company

La Navidad también ilumina los escaparates de las tiendas de la ciudad, que se transforman en sorprendentes historias tras el cristal. Un paseo por la Quinta Avenida ofrece paradas tan emblemáticas como la fachada con luces en movimiento de los almacenes Saks o la atrevida puesta en escena de Bergdorf Goodman. El glamur navideño de la avenida más elegante de Nueva York se completa con una bebida caliente en el salón Blue Box Cafe, en Tiffany & Co. o con un ‘cinematográfico’ helado de dos pisos en una de las suites del mítico Hotel Plaza, emulando a Macaulay Culkin en la película ‘Solo en casa 2’.

 

La sobredosis navideña se abre paso más allá de Manhattan y se materializa en Dyker Heights, un vecindario de Brooklyn donde las exuberantes decoraciones de las casas y jardines forman un alucinante e hiperiluminado mundo que merece la pena visitar: renos brillantes sobre los tejados, muñecos de nieve hinchables, figuras de Santa Claus motorizadas y árboles camuflados bajo miles y miles de bombillas.

 

Casa con decoración navideña en Dyker Heights
Algunos vecinos de Dyker Heights contratan a decoradores para realizar los montajes de luces.

No olvides que la Navidad de Nueva York sucede en sus calles, y muchos días de diciembre el termómetro no sube de los 7ºC. La nieve y el frío son la excusa perfecta para lanzarse a comprar sombreros, gorros y guantes en los mercadillos navideños.

 

El de Columbus Circle ofrece oportunidades únicas para completar la lista de regalos, mientras que en el de Union Square, algo más pequeño, los puestos con sidra caliente y pan de jengibre animan las compras. Después, con el gorro y los guantes puestos, nada mejor que deslizarse por el hielo en las diferentes pistas de patinaje de la ciudad. Si quieres ahorrarte las colas de Rockefeller Center o de Bryant Park –las dos pistas más concurridas–, prueba con Winterland Rink, en The Rooftop-Pier 17, donde las caídas se compensan con las increíbles vistas del puente de Brooklyn y del Empire State.

 

Pista de patinaje sobre hielo en Bryant Park
La pista de patinaje sobre hielo de Bryant Park es gratis (solo hay que alquilar los patines).
Foto: Brittani Petronela/ NYC&Company

Tras la visita de Santa Claus y la cena de Navidad (si no te haces con una mesa a tiempo, sigue la tradición judía y pide comida china), no puedes abandonar Nueva York sin despedir el año al estilo neoyorquino. Ver bajar la bola en Times Square es un valor seguro para besar a alguien, gritar y descontrolarse. Aunque si prefieres algo más tranquilo, un crucero por el río Hudson ofrece la despedida perfecta, brindando con una copa de champán mientras contemplas el ‘skyline’ más famoso del mundo. Con suerte, la estela de los renos de Santa Claus todavía no se habrá borrado.

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