>>>Múdate y vive más años
Foto: cristian-newman/unsplash.com

Múdate y vive más años

Ni la genética, ni las cremas, ni los tratamientos más sofisticados; el secreto para vivir hasta los 100 años se encuentra en las ‘Blue Zones’.
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or qué las personas de algunas partes del mundo viven más que otras? Es la pregunta que se hizo el investigador Dan Buettner en 2012. Para descubrir el secreto trabajó durante tres años junto con National Geographic y un equipo de médicos, antropólogos, demógrafos y epidemiólogos en buscar denominadores comunes entre todos los lugares que visitaron.

Tras viajar por todo el mundo, Dan y su equipo identificaron cinco pequeñas áreas donde la gente vivía más tiempo. Cerdeña en Italia, Ikaria en Grecia, Okinawa en Japón, Nicoya en Costa Rica y Loma Linda en California, las conocidas actualmente como ‘Blue Zones’, un nombre que debe su origen al color de las líneas con las que los investigadores marcaban estas zonas en el mapa. Extrayendo la sabiduría de estas comunidades llegaron a la conclusión que hay tres aspectos clave para la longevidad de estas zonas azules: la dieta, la actividad física regular, y el compromiso con la comunidad y la familia.

Plaza de un pueblo de Ikaria.
El estofado típico de Ikaria se hace con guisantes de ojos negros, hinojo, aceite de oliva y ajo.
Foto: Milan Gonda / Shutterstock.com

La dieta ‘Blue Zone’

Estas comunidades solo comen productos estacionales, entre los que tienen prioridad los vegetales frente al consumo de grasas y carnes. Los frijoles, soja y lentejas son la piedra angular de esta ‘alimentación centenaria’. Además, la mayoría respeta una norma, similar al mantra de Okinawa ‘Hara hachi bu’, que recuerda que hay que dejar de comer cuando el ochenta por ciento del estómago está lleno.

El Mediterráneo acoge dos de las zonas azules. Entre las montañas interiores de Cerdeña se encuentran los pueblos de la primera región longeva que se descubrió. Un lugar donde la dieta mediterránea se acompaña con vino tinto, las mujeres están a cargo de la economía familiar y se realizan diversas tareas físicas a diario. Más que ir al gimnasio, lo que se ha descubierto es que los habitantes de las zonas azules se mantienen activos de diferentes manera, ya sea caminando, cultivando un jardín, o amasando pan.

 

También mediterránea es ‘la isla donde la gente se olvida de morir’, Ikaria. Un área aislada del resto de Grecia con las tasas más bajas de mortalidad y de demencia del mundo. Sus habitantes, con un fuerte sentido de la comunidad, celebran reuniones frecuentes donde se recauda dinero para comprar comida que se saborea en grupo bajo la luz del sol y el ruido de las olas del mar Egeo.

Faro en la región de Cerdeña.
En Cerdeña, la dieta habitual contiene entre 1800 y 2000 calorías diarias, casi un veinte por ciento menos de las consumidas a diario en occidente.
Foto: NNikonov / Shutterstock.com

Además de la dieta y la actividad física, tener un propósito vital se recompensa con siete años de esperanza de vida extra. En la Península de Nicoya se descubrió una población de 100.000 mestizos con una tasa de mortalidad en edad media inferior a la normal. Todos los nicoyanos tienen el llamado ‘plan de vida’, una especie de misión personal que les otorga un motivo para levantarse cada mañana. En Okinawa, con la población femenina más longeva del mundo, este mismo concepto se conoce como ‘ikigai’, una filosofía que les hace vivir sin prisas y no realizar ninguna tarea sin un propósito previo.

Selva de la zona de Nicoya, en Costa Rica.
La mayoría de los centenarios en Nicoya viven con sus familias y forman parte de una comunidad espiritual o religiosa.

Rompiendo las estadísticas de Estados Unidos, donde más de un tercio de los ciudadanos padece obesidad, y uno de cada tres ancianos tiene Alzheimer, se encuentra Loma Linda, en California. Una población de 24.000 habitantes cuya mitad pertenece a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Las estrictas costumbres de esta iglesia -dieta vegetariana, vida en comunidad, y alcohol y tabaco prohibido- han hecho que sus habitantes vivan una media de 10 años más que el resto de sus compatriotas.

Aunque “no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor”. Esta máxima del proyecto ‘Blue Zones’ defiende que aunque la dieta es la clave de la longevidad, también lo son las pequeñas rutinas que alivian el estrés, algo que practican las personas más duraderas del planeta. Los okinawenses toman unos minutos al día para recordar a sus antepasados, los adventistas oran y los ikarianos duermen la siesta.

En favor de sumar años al reloj biológico de los habitantes de las comunidades más urbanitas y digitales, desde la organización de ‘Blue Zones’ animan a practicar las tres grandes premisas de las zonas azules: revisar nuestra dieta, incluir actividad física a diario y aclarar el propósito de nuestra vida. Dan Buettner añade una cuarta, algo más disruptiva: pensar en dónde vivimos (…y llegado el caso, mudarnos).

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