>>>Marrakech, ciudad y musa
Foto: ® Reginald Gray

Marrakech, ciudad y musa

Sus luz, sus colores y sus jardines enamoraron a Yves Saint Laurent. Hoy nos conquista a nosotros con su glamour atemporal y un museo dedicado al genio de la alta costura.
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ingún lugar le inspiraba tanto como Marrakech. Todos los días 1 de diciembre y de junio Yves Saint Laurent se trasladaba a su refugio marroquí para diseñar su siguiente colección. La estancia solía durar unos quince días, en los que aprovechaba para perderse entre los zocos y jardines del Marrakech histórico, el bullicio de la plaza Jemaa el Fna y los cafés de la zona colonial. Todo lo que veía lo plasmaba después en sus creaciones. Solía decir que fue aquí donde descubrió su color, su cromatismo.

Su historia de amor con la Ciudad Roja comenzó en 1966 cuando viajó junto a su pareja Pierre Bergé al que pronto se convertiría en su destino favorito. Al año siguiente, compraron una casa en la Medina. Catorce más tarde, un jardín. Y no cualquier jardín, el Jardin Majorelle, que la pareja ayudó a salvar en 1980 y que gracias a su fundación conserva el colorido encanto con que lo concibió su creador, el pintor Majorelle, en 1937.

La Mamounia
La Mamounia se convirtió en hotel en el año 1923.
Foto: Alan Keohane www.still-images.net/La Mamounia

Un jardín de alta costura

Sus característicos edificios y fuentes de color azul cobalto, verde y amarillo eran una “fuente ilimitada de inspiración” para Yves Saint Laurent, que lo adquirió junto a su pareja para el disfrute del público. El Jardín Majorelle cuenta con 300 especies de plantas y un museo sobre la cultura bereber. Recibe cerca de 700.000 visitas anuales.

Esa primera vez, la icónica pareja se alojó en el también icónico hotel La Mamounia. No podía ser de otra forma. Winston Churchill le confesó a Roosevelt que era “uno de los lugares más hermosos del mundo” y contribuyó a dilatar una leyenda que se remontaba al siglo XII, cuando La Mamounia era un palacio protegido por las murallas medievales de la ciudad. Sus orígenes se hacen presentes en sus patios andaluces, en la arquitectura del Pabellón de la piscina, inspirada en el de la Menara y en sus exquisitos jardines, regalo de bodas del príncipe Al Mamoun a su esposa en el siglo XVIII.

 

La sobria distinción de La Mamounia ha atraído a numerosas personalidades, desde Churchill a Catherine Deneuve, pero no es la única referencia del lujo en Marrakech. Los huéspedes del rey Mohamed VI suelen alojarse en el Royal Mansour, del cual es propietario. Fue construido por más de 1.500 artesanos con presupuesto ilimitado y el resultado son 53 riads –las casas tradicionales de Marruecos– independientes conectados por paseos de árboles frutales y fuentes de inspiración morisca. Cada riad es una residencia privada con un diseño diferente. Pueden ser de una a cuatro habitaciones divididas en tres plantas, entre las que se incluye un patio con piscina. El respeto por la privacidad llega tan lejos que el hotel cuenta con un sistema de túneles que permite al servicio cumplir su función de forma discreta.

Jardin Majorelle
El color de los edificios del Jardín Majorelle adquirió tanta notoriedad que se empezó a conocer como “azul Majorelle”.

El hotel de cinco estrellas más pequeño de la ciudad también se encuentra en la Medina, a diez minutos de la plaza Jemaa el Fna. Las terrazas con vistas panorámicas de la ciudad, solarium y salones de masaje al aire libre son el principal atractivo de La Sultana, cuya oferta consiste en cinco riads conectados por un laberinto de corredores. Como La Mamounia, también tiene historia. Durante la dinastía almohade fue un granero de la corte y la familia real para siglos después, durante el protectorado francés, convertirse en sinónimo de fiestas y glamour. Hoy destaca por su belleza refinada y su hammam.

 

El lujo marroquí va estrechamente unido a su tradición, a los arcos de herradura, al mármol y los motivos geométricos y a costumbres tan sibaritas como el hammam. Una relajante mañana en uno de los baños árabes de la ciudad es un capricho al que pocos son capaces de resistirse. Les Bains de Marrakech son una buena opción para sumergirse en la tradición. Otra puede ser el Palace Spa del resort Es Saadi, con 3.000 metros cuadrados y los mejores tratamientos (incluidos los de Dior Institute).

Yves Saint Laurent Museum Marrakech
El dúo creativo Studio KO fueron los encargados de diseñar el museo de Yves Saint Laurent.
Foto: ®Fondation Jardin Majorelle, Marrakech/Nicolas Matheüus

El Es Saadi Marrakech Resort se encuentra en el barrio de Hivernage, una zona residencial conocida por su arquitectura art decó y sus espacios verdes. Pertenece a la llamada Ville Nouvelle, la parte nueva de la ciudad, donde se instalaron los extranjeros cuando Marruecos era una colonia. El Palmeral (Palmeraie) y el barrio Guéliz también forman parte de este lado de la ciudad, más moderno y tranquilo. En Guéliz abrió en octubre de 2017 el museo Yves Saint Laurent, que acoge el legado del modisto, una colección única en el mundo de la alta costura. Con este espacio, la historia de Yves Saint Laurent y Marrakech, el genio y su musa, queda unida para siempre al lado del que fuera su lugar favorito en el mundo, el Jardín Majorelle.

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