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Malasia: capital Metrópolis

48 horas en Kuala Lumpur: o cómo posar en las Petronas como un superhéroe, disfrutar del mejor pollo a la parrilla y reconciliarse con las grandes ciudades asiáticas.
C
ada uno puede elegir con qué se queda. Los habrá que miren hacia arriba sus 452 metros mientras se esfuerzan por meterlas en la pantalla del ‘smartphone’. Los que analicen la estructura de hormigón, acero, aluminio y cristal. Los que destaquen el diseño con forma de estrella de ocho puntas homenaje a la arquitectura musulmana con el que el argentino César Pelli las dibujó. O los que simplemente suban sus 88 pisos en ascensor para ver Kuala Lumpur desde el cielo. Pero la forma en la que más se disfrutan las Torres Petronas, los rascacielos gemelos que desde que se abrieron en 1997 hasta 2004 figuraron en el ranking como los más altos del mundo, es colocándose delante, cruzando los brazos desafiantes y dejando que alguien nos fotografíe en escorzo desde abajo. Prueben… ¿A que parecen un superhéroe? ¿A que se creen Superman reinando en Metrópolis?
Masjid Jamek es una de las mezquitas más antiguas de Kuala Lumpur.

‘Kuala Lumpur fried chicken’

Jalan Alor, en el centro, es la calle más famosa para cenar en la ciudad. Decenas de pequeños restaurantes y puestos de comida callejera para disfrutar de platos sencillos y sabrosos como el pollo a la parrilla que sirven desde hace más de 30 años en Wongh Ah Wah.

Ese aspecto, sobre todo al anochecer, un tanto de ciencia ficción, casi de render de arquitectura, es el efecto de las Petronas, el gran atractivo de Kuala Lumpur. Decir que visitarlas en un viaje a la capital de Malasia es obligado se queda corto. Las Petronas, que pronto cumplirán 20 años, son Kuala Lumpur. Así se ve además cuando se camina a sus pies por el KLCC Park, donde decenas de malayos y turistas se reúnen a pasar la tarde alrededor del lago o de la piscina de apenas 30 centímetros de profundidad en la que los niños chapotean y salpican. Algo insólito para el corazón del distrito financiero de una ciudad donde uno espera encontrarse trajes, maletines y prisas.
 
Por la noche el barrio chino se llena de turistas y locales.

Donde habita Murugan

La estatua del dios hindú Kartikeya anuncia que hemos llegado. Imposible no verla con sus más de 40 metros de altura. Tras ella, las cuevas naturales de Batu albergan el templo dedicado al dios Murugan, a 13 kilómetros de Kuala Lumpur y accesibles en metro.

Pero Kuala Lumpur es sobre todo habitable y cómoda. A pesar de estar diseñada para los coches, contrasta con el caos y las multitudes de las grandes urbes de Asia. Es verdad que son solo dos millones de habitantes. Pero es una ciudad sin prisas y asequible en 48 horas. Incluso dedicando una tarde entera a sus torres gemelas. Antes podremos haber caminado por ese distrito financiero o haber buscado las vistas desde otro rascacielos, como la torre Menara KH, desde donde ver las Petronas (con bar en la azotea incluido). O habernos resguardado del calor en un centro comercial. Y después podremos ir a cenar a Changkat Bukit Bintang, la calle más bulliciosa, repleta de restaurantes, bares y clubs de dos alturas y abiertos a la calle.
La escalinata consta de 272 peldaños
El segundo día en la ciudad, para acentuar esa sensación de oasis (quizá demasiada calma incluso) llevará a la moderna Mezquita Nacional de camino al parque Taman Tasik, con largos paseos, jardín botánico y reservas de mariposas, pájaros y tortugas. De regreso al centro dos de los sitios más históricos de la ciudad, la mezquita Masjid Jamek y la plaza Merdeka, de la independencia, donde ondeó por primera vez la bandera de Malasia. Y aún quedará tiempo para recorrer una de las zonas más populares de la ciudad: Chinatown, territorio de tenderetes ambulantes de falsificaciones y de buena comida callejera y cerveza fría.

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