>>>Madrid o cómo sentarse en una terraza en pleno invierno sin parecer un loco
Gingko Sky Bar
Foto: Ginkgo Sky Bar

Madrid o cómo sentarse en una terraza en pleno invierno sin parecer un loco

Un simple rayo de sol basta. En Madrid la vida se hace en la calle y la sobremesa se alarga hasta las cinco de la tarde. Olvídate de pasar por el hotel a descansar, hay mucho que hacer (y comer y beber) al aire libre.
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n día cualquiera del mes de diciembre, mientras el resto de Europa nos debatimos entre el glühwein o un chocolate caliente, los madrileños siguen tomando cañas y tapas en una terraza como si estuvieran en pleno agosto. Lo único que cambia es el outfit, porque el resto –hablar a voces, las carcajadas, los ‘¡otra ronda!’– son exactamente iguales. Y no es que no pasen frío, al contrario, tienen la nariz roja y los dedos congelados, pero no pueden evitarlo, son adictos a la vida al aire libre. Y en cuanto te tomes tu primera cerveza, a ti también te pasará. Ponte la bufanda y el abrigo, te presentamos las mejores terrazas de Madrid en invierno.

 

Mercado de San Ildefonso
Los mercados gastronómicos de la capital también tienen espacios al aire libre. En el de San Ildefonso hay dos terrazas semicubiertas.
Foto: Carlos Luján

Nuestra primera parada brilla en la planta 12 del hotel VP Plaza España Design. Ginkgo Sky Bar abre las puertas del cielo de Madrid tanto de día como de noche y lo hace durante todo el año. Música en directo, cócteles sorprendentes y una carta con influencias asiáticas te esperan en esta terraza con vistas panorámicas a los tejados madrileños. Su completa agenda de espectáculos incluye veladas de jazz los lunes y miércoles y sesiones noventeras todos los viernes. Los domingos por la tarde suena lo que tú quieras: un grupo interpreta las canciones favoritas de los asistentes de 17:00 a 19:00.

 

Muy cerca, el Sky Bar y terraza 360º del nuevo hotel Riu Plaza España se dispone a vivir su primer invierno en la capital. Abrió en agosto de 2019 y promete convertirse en una de las imprescindibles de la temporada. Una pasarela acristalada ‘vuela’ a 100 metros de altura y permite observar desde lo alto el movimiento frenético de Gran Vía. En el horizonte, se puede observar el ‘skyline’ madrileño desde todos sus ángulos: las Cuatro Torres, el faro de Moncloa, las torres Kio, el Pirulí y el Templo de Debod, sin olvidarnos del Palacio Real y las montañas rusas del Parque de Atracciones.

 

Ginkgo Sky Bar
La propuesta gastronómica de Ginkgo Sky Bar combina cócteles de autor y platos inspirados en la cocina mediterránea y asiática.
Foto: Ginkgo Sky Bar

Una buena opción para frioleros son las terrazas cubiertas. Vale que es un poco trampa, pero no nos importa si son como la de Doña Tecla. El verano se perpetúa en este espacio decorado con colores vivos, camas balinesas y hamacas colgantes gracias a una enorme jaima que cubre su terraza durante los meses más fríos. No importa la temperatura que haga fuera, nada te impedirá disfrutar de su delicioso jardín con palmeras, nísperos y bambús a solo dos pasos de la Castellana.

 

La Terraza de la Reina, en pleno barrio de Chueca, es otra de esas terrazas previsoras que adaptan su mobiliario en función de la climatología. En su caso combaten el frío con mullidas mantas de lana y estufas. Con un menú de platos sencillos inspirados en la gastronomía alemana, triunfa desde el desayuno hasta la hora de los cócteles. Y es que el secreto de los madrileños es aprovechar todas las horas de luz del día. Las cañas empiezan a la hora del aperitivo y se alargan hasta el amanecer durante el fin de semana. A diario, toca coger sitio en las terrazas a la salida del trabajo –el jardín climatizado Pipa&Co es perfecto para un picoteo ‘afterwork’– y dejar que las tapas (y los calefactores) hagan su magia.

 

Terraza de la Reina
La Terraza de la Reina se define como un ‘biergarten’, con cervezas Paulaner y auténticas salchichas de Frankfurt.
Foto: Grupo Mercado de la Reina

Para aprovechar los últimos rayos de sol no hay lugar mejor que Doña Luz, con vistas a la Puerta del Sol y al mítico cartel de Tío Pepe (y en Navidad, también al gigantesco árbol de luz que instalan en mitad de la plaza). Su acogedora terraza parece querer trasladarnos a tierras caribeñas con un menú fusión de influencias latinas y una decoración que recuerda a los patios coloniales de Cartagena de Indias. 18 puntos de calefacción por infrarrojos ayudan a continuar la ilusión, garantizando una temperatura agradable en pleno diciembre, y demostrando que en Madrid las terrazas también son para el invierno.

 

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