>>>Macao: el puente entre Lisboa y Pekín

Macao: el puente entre Lisboa y Pekín

Empieza en China, sigue por Portugal y acaba en un canal de Venecia. Así es un paseo por Macao, la joya asiática de estilo europeo a orillas del río de las Perlas.
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os hijos se parecen a sus padres. Por eso, en Macao las comidas se acompañan de té chino o de un buen vino de Oporto, fruto de su herencia portuguesa. Quizá en esa equilibrio se encuentre el secreto de la longevidad que ha llevado a los habitantes de la península de Macao, en la costa sur de China, a los puestos más altos de los rankings de esperanza de vida. También han contribuido los ingresos generados por el turismo, que se han invertido en mejorar el sistema sanitario público. Pero ya lo dijo Confucio, además de arroz para vivir, hacen falta flores “para tener algo por lo que vivir”. Y en ese sentido, Macao tiene argumentos de peso.

Su encanto colonial le ha valido el reconocimiento de la Unesco, que nombró a su centro histórico Patrimonio de la Humanidad en 2005. El casco antiguo de Macao refleja el encuentro entre las culturas china y portuguesa, pero también de muchas otras, pues durante siglos fue la puerta de entrada al gigante asiático para el resto del mundo. Así, los mercaderes que seguían la ruta de las especias procedentes de África, India y Malasia también dejaron su huella en la región. Este intercambio cultural se refleja en su gastronomía y sus tradiciones, pero también en el carácter de los habitantes de Macao. Lejos de identificarse con una sola civilización, presumen de ser la mezcla de muchas, una cultura única e irrepetible, la macaense.

Adornos en la plaza del Senado
La plaza del Senado suele acoger eventos públicos y celebraciones como el Año Nuevo Chino.
Foto: SAHACHATZ / Shutterstock.com

El doble de fiestas

Una de las ventajas de ser el cruce entre dos culturas es que hay el doble que celebrar. En Macao puede asistirse tanto a fiestas tradicionales chinas (como el Año Nuevo Lunar o el festival de los Barcos-Dragón), como a celebraciones católicas. Las más importantes son la Semana Santa y la procesión de Nuestra Señora de Fátima.

La mejor forma de conocer su historia es perderse caminando entre los edificios coloniales, las residencias de estilo chino y las plazas que suenan a fado pero huelen a pimienta de Sichuan. Se puede empezar por la plaza del Senado (Largo do Senado), cuyo pavimento en forma de olas nos traslada a 11.000 kilómetros de allí, a las calles adoquinadas de Lisboa.

El paseo atraviesa una avenida de edificios de color pastel y arcos de estilo europeo, entre los que destacan la Santa Casa da Misericordia y la iglesia de Santo Domingo. El recorrido termina en las ruinas de São Paulo, altar simbólico de la ciudad. Su icónica fachada es lo único que se conserva de la antigua iglesia de la Madre de Dios, construida por los jesuitas a principios del siglo XVII y destruida por un incendio. En ella hay estatuas y grabados de Jesús y la Virgen María, pero también de inspiración oriental, como dragones y caracteres chinos. Se accede a las ruinas por una escalinata decorada con arbustos y flores, un guiño a Confucio y sus razones para vivir.

Iglesia de Santo Domingo en Macao
La procesión de Nuestra Señora de Fátima parte de la iglesia de Santo Domingo para acabar en la capilla de Nossa Senhora da Penha.
Foto: aphotostory / Shutterstock.com

A unos metros de las ruinas se encuentra el templo tradicional chino de Na Tcha, construido en 1888. Y es que a pesar de que sus calles y su cultura llevan grabada la huella de Portugal, a quien perteneció hasta 1999, el corazón de Macao es asiático y marinero. Como su templo más antiguo, el de A-Má, dedicado a la diosa protectora de los pescadores. Se dice que cuando los colonos portugueses llegaron a la península en el siglo XVI y preguntaron a los locales por el nombre del lugar, estos respondieron “A-Má-Gau”, que significa “Bahía de A-Má”. Los portugueses lo transcribieron como Macau.

Calle de Macao con carteles en portugués
Aunque el portugués es el idioma oficial junto al chino, pocos macaenses lo dominan. El idioma más utilizado es el cantonés.
Foto: Eddy Galeotti / Shutterstock.com

La fusión entre Oriente y Occidente también está presente en su recetario, donde el bacalao dorado convive con el pato a la pequinesa, y los ‘dim sum’ dan paso a las natillas. Aunque el postre por excelencia son los ‘pasteis de nata’, un capricho de yema de huevo inspirado en los que elaboraban los monjes del convento de los Jerónimos en Belém (Lisboa). Lord Stow’s Bakery, en la plaza principal de la isla de Coloane, vende 14.000 pasteles diarios, casi tantos como la pastelería lisboeta original. Tal es su éxito que cuenta con ocho establecimientos en Macao, uno de ellos dentro del lujoso hotel The Venetian. Allí se puede degustar esta delicia chino-portuguesa frente a los canales venecianos (con góndolas incluidas) del centro comercial The Shoppes. Otra cultura más que añadir al cóctel macaense.

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