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Luna de miel (fuera de ruta) en Luzón

Si en Boracay el romanticismo se traduce en lujosos spas con toallas en forma de cisne, en Luzón las parejas llegan equipadas con tablas de surf y botas de trekking.
E

n la segunda isla más grande, de las 7.000 que componen el archipiélago de Filipinas, las paradisiacas playas no son las únicas protagonistas. A Luzón se viene para sumergirse en el interior de las montañas en busca de las míticas terrazas de arroz de Banaue, de volcanes dormidos en medio de lagos, de selvas donde residen oscuras tribus que dibujan en la piel, y en el caos ordenado de su capital, Manila. Se viene para tomar vino de arroz con lugareños, comer al lado de la carretera rodeado de cabras y hacer preguntas para llegar a lugares remotos.

El viaje comienza en el norte de la isla, la parte más inhóspita, allí las antiguas ciudades coloniales como Vigan se mezclan con la selva y las montañas de la Cordillera, un gigantesco sistema montañoso que atraviesa Luzón y reúne algunos de los picos más altos de Filipinas. Merece la pena ascender y acampar durante la noche en los montes Pulag (2.922 metros) o Napulawan (2.642 metros) para ver el amanecer sobre un mar de nubes. En Sagada, una encantadora ciudad de la Cordillera con paisajes dignos de los mejores instagramers, se pueden visitar increíbles cuevas con ríos subterráneos o precipicios rocosos con ataúdes colgados –una antigua costumbre funeraria–. Salir en busca de la aventura practicando trekking, espeleología o kayak, es una opción. Acurrucarse todo el día en alguna de sus cabañas de madera frente a una chimenea al aire libre, es otra.

Playa en La Unión
La mayoría de spots de La Unión se concentran en la localidad de San Juan. Las dos temporadas de olas son de julio a octubre y de noviembre a marzo.
Foto: jeff-nafura/unsplash.comPlaya en La Unión

En busca de las olas

Miles de kilómetros de costa esperan para ser surfeados lejos del interior de Luzón. Al norte, la región de La Unión es famosa por sus gigantescas playas con excelentes rompientes. Baler, en la costa oeste, está considerado el origen de este deporte en Filipinas a raíz del rodaje en sus playas de algunas escenas con tablas de surf de la película ‘Apocalypse Now’.

En pleno corazón de la Cordillera se encuentra la provincia de Ifugao, un área escarpada y lluviosa esculpida por colosales terrazas de arroz que tiñen de verde esmeralda sus laderas y se ha convertido en uno de los mayores reclamos de la isla. Esta obra de ingeniería agrícola, ideada por las tribus indígenas hace más de 2.000 años, consiste en un sistema de riego de manantiales que distribuyen el agua procedente de las selvas a los cultivos.

En la región de Banaue es posible asomarse a algunas de las terrazas más vertiginosas entre las que destaca Batad, declarada Patrimonio de la Humanidad. Es fácil encontrar guías de montaña locales que ofrecen sus servicios por las estrechas carreteras que conectan las aldeas de esta zona. La mejor opción para desplazarse entre las pronunciadas pendientes es una de las furgonetas compartidas conocidas como yipni, el medio de transporte público más común en Filipinas, inconfundibles por los llamativos colores con los que están decoradas.

Pescador en lago dentro del volcán Taal
Las familias que habitan en la zona del volcán Taal viven de la pesca en el lago y de la agricultura en la tierra volcánica.
Foto: rocky-gonzales/unsplash.comPescador en lago dentro del volcán Taal

Al norte de las terrazas de arroz, las parejas más valientes se pueden aventurar en una excursión hasta la provincia de las tribus Kalinga. Sin apenas infraestructuras, este exótico paisaje ofrece interesantes rutas de trekking. En la aldea de Buscalan, donde la electricidad llegó hace solo unos años, reside María Fang-od Oggay, la última tatuadora de estas tribus. Uno de los privilegios por llegar hasta este remoto lugar es conocer a esta artista –de cien años de edad– que recibe visitas de personas de todo el mundo para llevarse un recuerdo único bajo la piel (o sellar su amor para siempre).

Skyline de Manila
En las calles de Manila se mezclan la arquitectura colonial de la zona de Intramuros con modernos rascacielos.
Foto: luca-bucken/unsplash.com

La explosión de la naturaleza deja paso al confort urbano en Manila, puerta de entrada y salida de Luzón. La visita a los volcanes, todavía activos, de Mayón y de Taal –un volcán con una isla dentro que a su vez tiene su propio cráter– al sur de Manila, da paso a otros placeres. Saborear la estupenda escena gastronómica de la capital asiática, presidida por galardonados chefs como William Mahi, ex chef del restaurante Spondi, con dos estrellas Michelin, o el español José Luis ‘Chele’ González, de la Galería Vask, es el broche final para acabar de alimentar el amor en Luzón.

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