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Los dragones verdes de Liubliana

La dormida ciudad austrohúngara, capital de Eslovenia, es la Capital Verde Europea 2016. En un tiempo récord, ha pasado de los atascos y la contaminación a convertirse en un bucólico enclave ribereño.
Liubliana es uno de los nostálgicos restos del desaparecido Imperio Austrohúngaro. Conformó a su imagen la arquitectura de una ciudad renacentista y modernista muy al estilo de las austriacas Graz y Salzburgo. Su símbolo no puede ser más imperial: el Puente de los Dragones, con 20 de estos seres mitológicos en su superficie, se construyó en 1901 para celebrar el jubileo del emperador Francisco José I de Austria. Desde este pasado glorioso, pero un poco desleído, cercado por los automóviles y la contaminación, la ciudad ha dado un giro ecológico y sostenible hasta convertirse en la Capital Verde Europea 2016.
El Mercado Central abre todo el año, de lunes a sábado de 7:00 a 16:00 (sábados cierra a las 14:00).

Paseos naturales sin salir de la ciudad

El preferido de los nativos es el Parque Tivoli, junto a las colinas de Rožnik y Šišenski, mientras que el Parque Natural Liubliana Moors fue nombrado Patrimonio Universal por la Unesco gracias a su biodiversidad. El Camino de la Memoria y la Camaradería incluye 34 kilómetros de ruta circular entre más de 7.000 árboles.

Los responsables de la candidatura aseguraran con orgullo que “aquí, hasta los dragones son verdes”. Si tu guía señala los atractivos culturales y gastronómicos del casco viejo, pero no dice nada de sus méritos botánicos y fluviales, no te extrañes: la ciudad ha reverdecido más rápido que las guías de viaje y en tres cuartas partes de su territorio se pisa la hierba.
El responsable es el programa Vision 2025, que arrancó en el 2007 y ya ha cambiado sustancialmente la capital. Antes, era una ciudad de solares y terrenos degradados alrededor de la curvatura de un río, el Liublianica, al que se le daba la espalda. La ribera se usaba como parking, el centro estaba perennemente atascado y cruzar la ciudad era un largo suplicio. Ahora, Liubliana ha recuperado 80 hectáreas de terreno y cada vecino toca a 542 metros cuadrados de zona verde. La orilla del río se ha repoblado de cafés y paseos verdes y se ha cerrado el centro a los vehículos de motor, con lo que se han aumentado en un 620 por ciento las áreas peatonales.
Biblioteca al aire libre en el Parque Tivoli.
Foto: Nea Culpa
“Estamos especialmente orgullosos de que el turismo y la vida ciudadana en Liubliana estén extremadamente enalazados y tengan la sostenibilidad en el corazón”, afirman desde la Oficina de Turismo de Liubliana. El objetivo es que en el 2020 un tercio de los viajes urbanos se hagan en coche, otro tercio en transporte público y otro tercio en bicicleta.
Una alternativa al tradicional paseo en barco por el río es la práctica del paddle surf.
Foto: Nea Culpa
Este año el visitante va a tener que llevar ropa cómoda y zapatillas deportivas para recorrer las muchas vías verdes que cruzan los cuatro grandes parques situados en las colinas que rodean la ciudad. Una caminata que incluye también el Jardín Botánico (de 1810 y con 4.500 variedades de plantas, la tercera parte endémicas) y culmina en el Mercado Central, lleno de puestecillos de comida e instalado al aire libre en las plazas de Vodnikov y Pogačarnev. Ahora, en Liubliana no se sabe dónde termina la ciudad y dónde empieza el campo: en los meses cálidos (de abril a octubre) se pasea entre la sombra de miles de árboles, el trinar de 161 especies de aves (86 de ellas protegidas) y el murmullo de multitud de fuentes que ofrecen un agua tan pura que no necesita tratamientos.

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