>>>Londres quiere ser Manhattan

Londres quiere ser Manhattan

Desde las cúpulas de las catedrales hasta los imponentes rascacielos, el ‘skyline’ de Londres es conocido en el mundo entero. ¿Qué es lo próximo que le espera al paisaje londinense?
E
l Gran Incendio de Londres arrasó la ciudad hace 350 años. Las imágenes de aquel fatídico 1666 muestran cuánto ha cambiado la ciudad. Igual de sorprendentes resultan las fotografias de su horizonte tomadas hace solo un par de décadas. En los últimos años, gracias al aumento de las inversiones extranjeras y un nuevo sentimiento de arrogancia, Londres ha abandonado su reticencia inglesa y ha imitado los gustos de Manhattan y Hong Kong aprendiendo a amar los rascacielos.
El arquitecto Renzo Piano se inspiró en los chapiteles de las iglesias que predominaban hace tiempo en Londres.

Proteger las mejores vistas

Los arquitectos no tienen completa libertad, como descubrieron los diseñadores del Cheesegrater. El edificio es triangular para que no ocultara la cúpula de San Pablo del paisaje. También garantiza que las vistas de San Pablo desde la colina del Parlamento en Hampstead, y desde Hampton Court Palace, a más de 16 kilómetros, permanezcan intactas.

En su libro ‘Context and the Genius of Place’, publicado en 2015, el arquitecto Eric Parry asegura que “una orgía de edificios altos transformará y, sin duda, desbordará Londres”. El ‘skyline’ ha cambiado drásticamente durante los últimos años, ya que los arquitectos modernos se suman a Christopher Wren (famoso por sus trabajos de reconstrucción de las iglesias de Londres tras el Gran Incendio) y dejan su huella en la capital. Mientras que los edificios de Sir Christopher fueron diseñados para la gloria de Dios, las maravillas modernas se consagran al dios Codicia, pues casi todos ellos se encuentran en la City, el corazón financiero de Londres.
Fue el 30 St. Mary Axe, también conocido como The Gherkin (El pepinillo), el que comenzó esta nueva era de rascacielos. Diseñado por Norman Foster, se eleva 180 metros por encima de las calles de la City. A diferencia de los edificios del pasado, que se conformaban con ser altos, es su forma lo que destaca al curvarse hacia el exterior y al estrecharse otra vez en la cima, como una bala gigante.
El 1 Undershaft será el edificio más alto de la City.
Foto: Eric Parry Architects

Mesas y taburetes privilegiados

Los oficinistas y los banqueros no son los únicos que pueden disfrutar de las vistas desde lo alto. Los nuevos rascacielos también han de tener espacios públicos. El Sky Garden, en la cima del Walkie Talkie, y la plataforma de observación The View from the Shard están entre los lugares más de moda de Londres.

Al lado del Gherkin se encuentran dos edificios que también rompieron esquemas. El Walkie Talkie (20 Fenchurch Street), de 160 metros, parece que fuera a derrumbarse, con su gigantesca mole inestable de metal pulido y cristal. Aunque ganó de forma infame el Carbuncle Cup en 2015, concedido por Building Design al peor diseño de Reino Unido, ocupa un lugar privilegiado en el horizonte londinense. De la misma forma lo hace el Cheesegrater (The Leadenhall Building), la obra de arte triangular de los arquitectos Rogers, Stirk, Harbor and Partners. Situado justo al lado de la catedral de San Pablo, sus 48 pisos están ocupados por oficinas, la solución ideal en una ciudad donde construir en las afueras no es una opción.
Eric Parry cree que construir hacia arriba devolverá ‘la calle’ a los ciudadanos.
Foto:Eric Parry Architects
Al otro lado del Támesis surge The Shard como un intimidante rascacielos angular diseñado por Renzo Piano, ganador del Premio Pritzker. Con 309 metros, es el edificio más alto de Gran Bretaña.
Esta carrera para vencer a Manhattan en su propio juego no terminará pronto. Se espera que aparezcan decenas de estos gigantes en los próximos años, entre los que se encuentra la aportación del propio Eric Parry. Con 295 metros de altura, 1 Undershaft será el edificio más alto de la Square Mile. Según los diseños de Parry, tendrá un vestíbulo elevado a 12 metros del suelo, que dejará libre la acera y creará un nuevo espacio público: una reinvención eficaz del distrito financiero.
¿Saciará esta última oleada de nuevos edificios la sed londinense por los rascacielos, o continuará la orgía de construcciones? Ya se dieron cuenta los neoyorquinos al decir: “no se puede construir más tierra”, así que parece que el emblemático horizonte londinense seguirá teniendo éxito.

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