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Las islas del fin del mundo

En medio del océano Pacífico, las islas Marquesas flotan como esquirlas de un mundo perdido. No es el paraíso de los ‘resorts’, es el lugar primitivo donde todo náufrago o artista desearía perderse.
A
quí todo está lejos, las ciudades, las multitudes e incluso los vecinos. El continente más cercano, América, está a casi cinco mil kilómetros de agua y la isla que le sigue en el vecindario, Tahití, a más de 1.500. Alrededor de las quince islas que forman el archipiélago de las islas Marquesas, seis de ellas habitadas, solo hay aguas de abismos profundos y volcanes submarinos. De hecho, las islas son las aristas que se asoman de un gran volcán.
Como en toda Polinesia, los tatuajes forman parte de su cultura tradicional
Foto: Visualhunt

Paul Gauguin y su infierno perfecto

El pintor francés recaló en las isla Hivo Oa después de vivir Tahití, el paraíso que buscó para su inspiración pero que le pareció demasiado contaminado. En las Marquesas pintó mientra la sífilis lo iba consumiendo hasta la muerte. Fue enterrado en el cementerio Clavary de Atuona, la capital de la isla.

Allí vivió y murió el pintor francés Paul Gauguin buscando huir de la civilización para hacer una pintura más primitiva. O el cantautor belga Jacques Brel, quién solía entonar su famosa canción ‘Ne me quitte pas’ (No me dejes) mientras pilotaba su avioneta en las noches estrelladas del Pacífico.
Para llegar allí hay que volar a Tahití, la hermana mayor de las islas que conforman la Polinesia Francesa y quizás la más conocida. Las Marquesas también forman parte de esta colectividad de ultramar de Francia, aunque sus tradiciones son diferentes. Desde allí parten vuelos hacia las islas Nuku Hiva e Hiva Oa, aunque también se puede coger el carguero utilizado como crucero Aranui, que tarda 14 días en desembarcar en lo que muchos visitantes califican como el fin del mundo.
La tumba del pintor Paul Gauguin en el cementerio Calvaire de Atuona está decorada con la reproducción de una de sus esculturas
Foto: © GIE Tahiti Tourisme / Gregoire Le Bacon
El archipiélago fue otra sorpresa de las primeras circunavegaciones al mundo. El buque español San Lesmes, en su ruta hacia las Filipinas, se topó en mitad de la nada con las montañosas y afiladas islas para luego hundirse en una tormenta. Durante setenta años se creyó que había sido una alucinación de la tripulación hasta que, en 1595, el navegante español Álvaro de Mendaña las encontró de nuevo y las bautizó como Marquesas de Mendoza en honor al virrey de Perú, el marqués de Cañete.
Nuku Hiva, la isla más grande de las Marquesas, destaca por sus montañas afiladas originadas por las erupciones volcánicas.
La población actual, de origen polinesio e influencia francesa, no supera los 10.000 habitantes. La ciudad más poblada es Taiohae, capital de la isla Nuku Hiva, pero no supera los 2.000 habitantes. Por su geografía abrupta, donde abundan acantilados, bosques espesos y cascadas infinitas, como Hakui, la tercera más alta del mundo, se ha convertido en el paraíso del ecoturismo. También se pueden visitar rincones paradisíacos como las bahías de Hanahevane y Hanamenino, en la isla de Tahuata, con playas doradas y aguas esmeralda donde se puede practicar submarinismo.
El valle escondido de Taipi fascinó a Jack London y Herman Melville, dos de los escritores de viajes y aventuras del siglo XIX que se dejaron atrapar por las Marquesas, junto a Robert Louis Stevenson. Las rutas de senderismo y las excursiones a caballo organizadas permiten visitar sitios arqueológicos como Lipona, en Nuku Hiva, uno de los mejores conservados de la Polinesia Francesa, o Hikokua, en la isla de Hiva. En ambos se aprecian gigantes de piedra o ‘tiki’, más pequeños que los ‘moais’ de la isla de Pascua, pero con grabados y diferentes posiciones, lo que puede demostrar la teoría de que los habitantes de la isla de Hiva fueron los famosos ‘rapanui’, los primeros habitantes de la isla de Pascua.
Los nativos de las Marquesas lucen con orgullo sus pieles tatuadas con formas tribales, que ahora se imitan en las calles de Nueva York o Londres. Su cultura es artesana, experta en moldear piedra y madera. Su gastronomía se basa en cocidos y asados con los mariscos que tienen a su alrededor. En la isla Ua Huka se puede apreciar su trabajo mientras suenan los tambores ‘pahu’.
En este mundo apenas tocado por la mano del hombre encalló el escritor escocés Robert Luis Stevenson antes de escribir ‘En los mares del Sur’. Las imágenes y sensaciones de aquella travesía que recopiló en su libro resumen el sentimiento de los que visitan las Islas Marquesas por primera vez: “La primera experiencia nunca puede ser repetida. El primer amor, el primer amanecer, la primera isla de los Mares del Sur, son recuerdos únicos que conmueven un sentido no experimentado antes”.

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