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La Navidad es redonda y mexicana

Santa Claus tiene su casa en el Polo Norte, pero sus talleres para abastecerse de adornos están en Tlalpujahua y Chignahuapan.
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omo sacados de la imaginación de Tim Burton. En Tlalpujahua y Chignahuapan, enclavados en las montañas de Michoacán y Puebla, siempre es Navidad. Durante todo el año los habitantes de estas localidades mexicanas elaboran las esferas que adornarán los árboles de miles de hogares en el mundo. Unos 400 talleres producen de forma artesanal más de 140 millones de bolas al año. Prácticamente todo El Vaticano se abastece de sus adornos. Y la mayoría de la producción se exporta a Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

A medida que se acerca diciembre los destellos de las bolas se acumulan como las vetas de oro de una mina. Los pueblos comparten un pasado minero que, después del cierre de sus yacimientos allá por los años 60, les había condenado a la decadencia y el olvido.

En Tlalpujahua hay cerca de 200 talleres de artesanos que elaboran las esferas de Navidad.

Territorio de la mariposa monarca

La mariposa monarca, con sus tonos naranjas y negros, cruza más de 4.000 kilómetros desde Canadá para refugiarse en las montañas de Michoacán. Desde Tlalpujahua se puede acceder al Santuario de Sierra Chincua donde se observa el espectáculo natural de miles de mariposas que inundan el cielo. Esta especie es el insecto que realiza la migración más larga del mundo.

En Tlalpujahua se conserva la Virgen del Carmen que, según la tradición, evitó la inundación total del pueblo después del colapso de dos embalses saturados por los desechos de las minas. En el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, una joya franciscana del siglo XVIII adornada con tritones y sirenas, se conserva con orgullo la imagen con las manchas de la tragedia.

El presente lo mueve una compleja maquinaria de color y pacientes artesanos que producen esferas mediante la técnica del vidrio soplado. Ellos mismos parecen tritones con trompetas de lava que se transforman en bolas que luego son pintadas o a las que se les agregan diminutos nacimientos en su interior.

El Santuario de Nuestra Señora del Carmen, una joya franciscana del siglo XVIII, es el símbolo de Tlalpujahua.

En Tlalpujahua, entre las calles empedradas y los racimos de adornos que cuelgan de las casas de repente emerge La Casa de Santa Claus. En la entrada espera el propio Santa y en el interior se puede ver una muestra representativa de las esferas y adornos que se elaboran en el pueblo. En La Terraza, el restaurante situado en la azotea, se contempla la alfombra de luces que cubre Tlalpujahua.

La iglesia de Santiago Apóstol, en la plaza de la Constitución de Chignahuapan, es uno de los mejores ejemplos del colorista barroco indígena.

Chignahuapan, la puerta a otro mundo

Rodeado de ríos, arroyos y aguas subterráneas, Chignahuapan era la puerta a otra dimensión en la tradición prehispánica. Para cruzarla había que atravesar el río Chignahuapan con un perro sagrado.La leyenda aún flota en la vida del pueblo. Y es que al cruzar el río se entra en otro mundo, un mundo de esferas que resplandecen durante el día y que se iluminan como luciérnagas durante la noche.

 

Al igual que Tlalpujahua, Chignahuapan forma parte de la red de pueblos mágicos de México. No sólo destacan sus iglesias como la de Santiago Apóstol o la del Honguito (llamada así por un hongo petrificado en el que se puede ver a Jesús crucificado) sino por la exuberancia de la naturaleza que le rodea y por pertenecer al territorio de la mariposa monarca. Muy cerca se encuentra la Laguna Ajolotla o el salto de Quetzalapa, de 200 metros de altura. El pueblo es conocido también por sus aguas termales.

Pero su principal atractivo son las esferas de Navidad. Las familias viajan desde diferentes rincones de México o Estados Unidos para llenar sus maletas con bolas para adornar los árboles. Aquí se producen más de 60 millones de esferas al año y es posible visitar los talleres para ver su elaboración, el principal sustento local. El momento más especial ocurre en noviembre cuando se celebra la Feria Nacional del Árbol y la Esfera de Navidad, donde se han catalogado hasta 100 tipos de esferas. Chignahuapan se transforma en un cuento sembrado de esferas y luces y, con suerte, se puede ver una nube de mariposas naranja que cruza el cielo. Como si fuera la puerta de otro mundo.

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