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La máscara es la vida

Cada dos años se celebra en Burkina Faso, FESTIMA, un festival dedicado a las máscaras africanas con desfiles y bailes rituales.
En la tradición cultural africana cada aldea cuenta con sus propias máscaras. Son representaciones de clanes, animales o espíritus de la vegetación. Como ocurre en ocasiones con las tradiciones ancestrales, su práctica se ha ido dejando de lado con el paso del tiempo. El festival FESTIMA nació para ponerlas en común y establecer un diálogo entre ellas.
Percusiones rítmicas, bailes frenéticos, artesanía con materiales naturales, vestimentas de colores vivos, espíritus del bien y el mal… Todo eso se ve y se respira en el festival internacional de máscaras y arte africano más importante del mundo que se celebra en febrero en Burkina Faso cada dos años.
La máscara Guèlèdè es una máscara sagrada propia de Benin.

Nueve días de ritos ancestrales

FESTIMA son nueve días de máscaras que bailan desde la mañana hasta la noche. Es una reunión social que incluye un mercado comunitario y noches de cabaret con competiciones de cuentacuentos que miden su elocuencia ante una audiencia entusiasta. Este año se celebra del 26 de febrero al 5 de marzo.

El festival se creó en 1996 y es el mayor evento centrado en defender la cultura tradicional de la máscara africana. “Es un patrimonio de nuestros ancestros que no se puede perder”, explica KI Léonce, secretario ejecutivo adjunto de ASAMA, entidad organizadora del festival.
Un punto de encuentro de decenas de sociedades africanas llegadas de Burkina Faso, Benin, Costa de Marfil, Gambia, Malí, Togo y Senegal. La ciudad de Dédogou muta y se convierte durante cuatro días en el epicentro para la difusión de esta manifestación cultural. Cada edición atrae a casi 100.000 visitantes de todo el mundo. “La máscara es la vida. Tiene la capacidad de proporcionar alimentos, lluvia, salud y otras bendiciones a la sociedad”, explican desde la organización. Y añaden, “la máscara es el mensajero que permite a los humanos comunicarse con los ancestros”. De esta manera, la máscara es religión. La ponemos en valor para asegurar la supervivencia de la humanidad”.
Burkina Faso es uno de los países más pobres a nivel económico, pero cuenta con una enorme riqueza cultural.

Un mascaródromo de dos kilómetros

El momento más esperado es el desfile de más de quinientas máscaras en un circuito de dos kilómetros. Cincuenta aldeas de Burkina Faso están representadas en el festival, que ofrece numerosas actividades simultáneas. Entre ellas, 42 espectáculos de danza.

La programación incluye conferencias y debates con investigadores, un mercado de productos locales seleccionados, exposiciones, talleres e incluso sesiones especializadas para niños. En FESTIMA se escenifican grandes ceremonias en las que antílopes, liebres, caimanes, patos, monos, serpientes, tortugas, y los espíritus de los habitantes de la sabana exhiben sus bailes en un espectáculo milenario. Una puesta en escena que destaca por la belleza de las máscaras y por la complejidad de las coreografías. Es la mejor oportunidad para ver en movimiento cerca de quinientos atuendos realizados con hojas, fibras, paja, corteza o tela. Deleite de los sentidos para los foráneos, ceremonia de auténtico culto para los locales, las máscaras tienen el poder de abrir una brecha en el presente y hacernos entrar en otra dimensión.
El uso de máscaras en ritos iniciáticos y funerales es habitual entre los Dogon.

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