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La isla de las iglesias de madera

Los templos y casas de madera de la isla de Kizhi, al norte del lago Onega, en Rusia, han vencido la batalla contra el tiempo, el clima y la historia.
Volando velozmente sobre la superficie del lago Onega, varios barcos hidroalas trasladan diariamente a los turistas desde Petrozavodsk hasta el archipiélago de Kizhi. Las islas más famosas de las 1.650 que salpican el lago Onega conservan más de 80 iglesias y otras construcciones de madera. Algunas de ellas se remontan al siglo XIV y otras fueron trasladadas aquí procedentes de diversos pueblos de la región rusa de Carelia, limítrofe con Finlandia.
En el norte de Europa el dominio de la técnica de construcción en madera sin clavos produjo iglesias tan bellas como la de Borgund, en Noruega.

Otras iglesias de madera

De estilos diferentes, bien católicas, ortodoxas o de otra fe cristiana, supervivientes de bellas construcciones religiosas de madera se encuentran repartidas entre Noruega, Rusia, República Checa, Reino Unido, Polonia, Rumanía y Chile. Desde las vikingas de Urnes y Borgund, decoradas con dragones, a las de Maramures y Malopolska, de estilo gótico.

Todo el conjunto es un museo arquitectónico y etnográfico al aire libre protegido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Pero es el Pogost (recinto parroquial) de Kizhi lo que buscan conocer la mayor parte de los turistas que han desembarcado tras poco más de una hora de travesía. Las 22 cúpulas de madera de abedul de la Iglesia de la Transfiguración (Preobrazhenskaya) y las nueve de la Iglesia de la Intercesión sorprenden por la belleza de su talla y la grandiosidad de la edificación, que se remonta al siglo XVIII. Las caprichosas formas decorativas talladas en madera de pino, la anexa torre del reloj, el pequeño cementerio y una colección de frescos e iconos ortodoxos complementan el encanto de la visita. El motivo por el que se construyeron dos iglesias juntas es puramente funcional. En invierno era más barato calentar una iglesia pequeña. Por eso, algunos guías las diferencian como iglesia de verano e iglesia de invierno.
Aunque han sido restauradas varias veces durante los siglos XIX y XX, su supervivencia parece casi mágica. No es extraño que estén rodeadas de leyendas. La más conocida narra cómo el jefe de carpinteros utilizó una sola hacha encantada para construir la Iglesia de la Transfiguración. Una vez terminada la obra, la lanzó al lago para que nadie pudiera construir una iglesia igual. Desde entonces, descansa en el fondo cual Excalibur de la carpintería.
Los petroglifos de animales y seres humanos encontrados en las rocas de Izhi tienen una antigüedad de 4.000 a 6.000 años.

Los petroglifos de Kizhi

Las islas del archipiélago de Kizhi, en el lago Onega, han estado habitadas desde hace miles de años. Se han encontrado 1.200 petroglifos en las rocas que datan del cuarto al segundo milenio antes de Cristo. Los petroglifos son grabados en piedra que representan seres humanos, animales, barcos y figuras geométricas.

Los templos de Kizhi se construyeron en una isla como medida de protección frente a las incursiones de los vecinos suecos y polacos. Gracias a este aislamiento forman parte de uno de los pocos ejemplos que permanecen de la arquitectura en madera propia de las zonas rurales del norte de Rusia y Escandinavia. La abundancia de madera y el desconocimiento de las técnicas romanas de construcción en piedra originaron su generalización. El dominio de la técnica de construcción sin clavos ni martillos creó bellos ejemplos de arquitectura civil y religiosa hasta el siglo XVIII. Pero los incendios, el vandalismo y el abandono durante la época soviética condenaron después a muchas a su ruina.
Al ser una zona muy fría en invierno, los habitantes utilizaban las iglesias pequeñas porque se calentaban más fácilmente.
La isla es una parada habitual de los cruceros que navegan por el canal entre Moscú y San Petersburgo. La visita a Kizhi supone una inmersión en la vida de las comunidades rurales del siglo XIX. Además de las iglesias, concentra en seis kilómetros casas de campo, molinos, talleres, establos, graneros, campanarios y saunas. Todo fabricado en madera. Si tocar madera realmente da suerte, los visitantes no pueden ser más afortunados.

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