>>>La isla a salvo de paparazzi

La isla a salvo de paparazzi

45.000 libras pagó Lord Glenconner en 1958 por hacerse con Mustique. Esa cantidad, o más, es la que hoy tendrás que abonar si quieres pasar una semana en esta isla privada.
Q
ue no te extrañe encontrarte al Príncipe Guillermo de Inglaterra cantando ‘Suspicious Minds’ de Elvis Presley en Basil’s Bar. Al menos trata de no parecer sorprendido. Es el tipo de normalidad que se lleva en Mustique. La familia real británica, Mick Jagger o Robbie Williams forman parte del reducido grupo de personas con las que te cruzarás si visitas esta isla, la más exclusiva de las 32 que forman San Vicente y Las Granadinas. Para tranquilidad de sus apenas 500 habitantes y sus visitantes, Mustique es zona de exclusión aérea. Mala suerte para los paparazzi. Pero que nadie se confunda, esta no es la isla de los famosos, es el lugar donde las ‘celebrities’ extravían temporalmente su estatus. Donde Tommy Hilfiger pierde los zapatos y el blazer por los shorts y las camisetas.
El precio de alquiler de una villa en Mustique oscila entre los $5,000 y $75,000 por semana.

A ritmo de blues

Una vez al año, la última semana de enero, se celebra el Festival de Blues de Mustique. Todo un acontecimiento para los lugareños que se concentran en Basil’s Bar, donde acuden artistas locales e internacionales. Los beneficios de la venta del disco del festival recaen en la Fundación por la Educación Basil Charles.

La isla está gestionada por la compañía Mustique, integrada por aquellos que poseen una residencia en la zona. Diseñada por el arquitecto sueco Arne Hasselqvist y el escenógrafo teatral británico Oliver Messel, fue un proyecto exclusivo desde su nacimiento en 1958. Colin Tennan, tercer Lord Glenconner, cuyo tatarabuelo inventó un proceso de blanqueo que revolucionó la industria algodonera en Escocia, describió la isla en sus inicios como “un cementerio mal cuidado”. Su idea inicial fue crear una plantación de algodón aunque sus planes cambiaron pronto. En 1960 cedió una parcela a su amiga la princesa Margarita de Inglaterra como regalo de boda, quien construyó la villa Les Jolies Eaux. Esto despertó el interés de los medios y la aristocracia por este archipiélago caribeño. Finalmente la isla quedó dividida en 120 parcelas y un variopinto grupo de la alta sociedad, artistas y diseñadores las adquirieron. Su heterogeneidad quedó manifestada arquitectónicamente en el Caribe en forma de ‘châteaux’ de estilo francés, ‘riads’ marroquíes o casas de inspiración balinesa.
“En Mustique todo vale” rezan desde la compañía. No hay apenas normas en una isla en la que el cliente puede hacer lo quiera, siempre y cuando no perturbe el relax ajeno.  Hoy cuenta con 89 villas privadas y dos hoteles. El más conocido es The Cotton House, una antigua fábrica de algodón reconvertida en hotel. Dispone de 19 unidades de alojamiento independientes. Veranda Restaurant es el restaurante del hotel donde degustar el mejor marisco y pescado fresco de la isla y probar el sushi de coco.
Sin coches, el transporte de la isla se realiza en carritos de golf.
Equitación en la orilla del mar, un partido en el club de tenis o disfrutar de una clase de yoga al amanecer en la playa son algunas de las actividades que ofrece Mustique. Si la isla, de 5,7 kilómetros cuadrados de extensión, se te queda pequeña, a solo un paseo en barco se encuentran las vecinas Bequia, Canouan y los Cayos de Tobago. Aquí podrás bucear con las tortugas y hacer un picnic en la playa donde Jack Sparrow fue abandonado por su tripulación en ‘Piratas del Caribe’.
En el antiguo molino de azúcar se encuentra un pequeño museo que muestra a través de fotografías y planos la historia de Mustique.
Mustique es el lugar donde los duques de Cambridge huyen para escapar del frío inglés o donde Paul McCartney celebró su tercera luna de miel en casa de Mick Jagger. Pero sigue sin ser la isla de los famosos. Mustique es una paradoja en la que las princesas, las estrellas de rock y los multimillonarios pagan un alto precio por la normalidad.

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