>>>La ciudad que peina al Cantábrico
Foto: San Sebastián Turismo/©Javier Larrea

La ciudad que peina al Cantábrico

La Concha, los ‘pintxos’ y Chillida. O lo que es lo mismo: mar, gastronomía y cultura. El trío que mejor define a San Sebastián.
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a imagen más conocida de San Sebastián (País Vasco, España) es, sin duda, la de La Concha, considerada “la playa urbana más bonita de Europa”. Y del mundo, si se pregunta a cualquier vasco. La ciudad vive mirándola en sana competencia con Zurriola, el otro arenal del centro de la ciudad, y el preferido por los surferos. El mar que las baña, el Cantábrico, es un reflejo de la fuerte identidad de la ciudad y de sus habitantes, los donostiarras. Topónimo de Donostia, el nombre en euskera (lengua cooficial del País Vasco) de la ciudad.

En el norte de España, y a media hora en coche de Francia, San Sebastián tiene menos de 200.000 habitantes, pero una oferta cultural y de ocio digna de una ciudad de varios millones –fue designada Capital Europea de la Cultura en 2016–. Festivales de cine y música otorgan ahora el prestigio del que ya gozó a finales del siglo XIX y principios del XX durante la Belle Époque. De la ciudad preferida de la aristocracia española por aquel entonces quedan algunos edificios como el Hotel María Cristina, el único 5 estrellas de la ciudad, o el Ayuntamiento, cuyo estilo fue definido por sus autores como “renacimiento moderno, ligero y de alguna fantasía”. En sus inicios albergó el antiguo Gran Casino, donde la alta sociedad se divertía en salones de juego prohibidos y celebrando bailes al ritmo de foxtrot y charlestón.

Club náutico de San Sebastián
El Club Náutico es otro de los emblemas de la ciudad.
Foto: San Sebastián Turismo/©Javier Larrea

Citas para 2017

San Sebastián está acostumbrada a acoger a grandes estrellas en sus festivales de jazz y cine. El primero, Jazzaldia, se celebra en varios escenarios de la ciudad cada verano. Este 2017 llega a su 52ª edición (20 al 25 de julio). El Festival Internacional de Cine tendrá lugar del 22 al 30 de septiembre.

Rompiendo con la estética clásica, el Palacio Kursaal representa la arquitectura contemporánea que también tiene cabida en San Sebastián. Obra del arquitecto Rafael Moneo, son dos cubos –Auditorio y Palacio de Congresos– dispuestos como “rocas varadas” frente a la playa de Zurriola.

 

En lo que a gastronomía se refiere, pocas urbes pueden igualarla. En un radio de 25 kilómetros se congregan nueve restaurantes con estrellas Michelin. Akelarre, Arzak, Martín Berasategui y Mugaritz con tres cada uno. Se convierte así en una de las ciudades con más estrellas Michelin (16) por metro cuadrado del mundo. Pero más allá de menús degustación, en San Sebastián también se come de pie, en las barras de los bares. En una mano, un ‘pintxo’ (tapa individual), y en la otra, un zurito (cerveza en vaso corto) o txikito (vino en vaso corto).

Gildas en una barra de San Sebastián
La Gilda es el ‘pintxo’ más típico de las barras donostiarras.
Foto: San Sebastián Turismo/©Javier Larrea

Es tal la influencia que la gastronomía tiene en el País Vasco, y más concretamente en San Sebastián, que acoge la primera Facultad de Ciencias Gastronómicas de España. El responsable de elevar la cocina a la enseñanza universitaria es el Basque Culinary Center, que además del espacio formativo, cuenta con un Centro de Investigación e Innovación en Alimentación y Gastronomía. Un proyecto único en Europa levantado en un campus de 15.000 metros cuadrados.

Peine del Viento
El conjunto del Peine del Viento de Ondarreta es de 1976.
Foto: San Sebastián Turismo/©Javier Larrea

Otro de los emblemas de la ciudad, conocida como la Perla del Cantábrico, es El Peine del Viento. Un conjunto escultórico de tres piezas creado por uno de los artistas más importantes que ha dado esta tierra, Eduardo Chillida. En realidad, es el modelo número XV de una serie a la que dedicó varias décadas de su vida. Este trío situado en el playa de Ondarreta –al oeste de la ciudad– es uno de los lugares más visitados de San Sebastián. Más aún en los días de temporal, cuando el oleaje embiste contra el acantilado. El aire y el agua se cuelan a través de un sistema de tubos, provocando un peculiar sonido y chorros de agua pulverizada. Ya se sabe, es la fuerza del Cantábrico.

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