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La ciudad más romántica de China

Se ha ganado el apodo de la Venecia china. El 42% de Suzhou está cubierta por agua y sus arqueados puentes de piedra le hacen la competencia al Ponte Rialto.
U
n proverbio chino dice que “en el cielo está el paraíso y en la tierra, Suzhou y Hangzhou”. En la tierra o en el agua, porque casi la mitad de Suzhou se levanta sobre canales. El Gran Canal, terminado a principios del siglo VII durante la dinastía Sui, convirtió a la ciudad en un importante centro mercantil. La ciudad floreció. Incluso de forma literal. El éxito económico atrajo a aristócratas, eruditos y pintores, que levantaron fastuosos jardines por todo el territorio. Llegaron a ser más de un centenar, y aunque muchos han desaparecido, Suzhou sigue siendo ‘la ciudad de los jardines’. La UNESCO lo ratificó en el año 1997, al nombrar a nueve de ellos Patrimonio de la Humanidad.
La entrada a los jardines oscila entre los 15 y los 90 yuans. Suelen ofrecer descuentos para estudiantes.
Foto: walkdragon/Shutterstock.com

Suave como la seda

En el siglo XIV, Suzhou era el principal productor de seda de China. El Museo de la Seda de Suzhou recorre la historia de este tejido y su relación con la ciudad, que se extiende durante más de 4.000 años. También puede visitarse de forma gratuita la Fábrica de Seda de Nanmen Road, a las afueras de la muralla.

El más grande es el Jardín del Administrador Humilde, construido a principios del siglo XVI por un alto funcionario. Allí se retiró para cuidar su vergel y vender sus verduras, “la vida ideal de un hombre humilde”. Para poner en práctica su nuevo estilo de vida construyó este oasis de más de cinco hectáreas, lleno de pabellones, bosques de bambú y lagunas con gigantescos lotos ‘de fragancia distante’. Puertas circulares conectan las diferentes estancias en un laberinto imposible de piedra y vegetación por donde se pierden cada día miles de turistas. Pequeños detalles, como un pequeño museo de bonsáis o las carpas en el estanque, no pasan desapercibidos para cientos de ‘smartphones’, que los retratan sin descanso con la ayuda de un palo de ‘selfie’.
Más pequeños pero con el mismo encanto, el resto de jardines clásicos de Suzhou son el complemento perfecto a las románticas calles ‘venecianas’ del casco antiguo. El del Maestro de las Redes es el mejor conservado, el Pabellón de la Ola Azul, uno de los más antiguos, y el de las Parejas, el menos visitado, y por tanto, el más tranquilo. El jardín Liuyuan está muy cerca de Shantang Old Street, la calle más parecida a ‘la bella Italia’, aunque sea con farolillos y puentes de piedra disfrazados de neón. Cafés y restaurantes de aire occidental han instalado terrazas desde las que observar el ajetreo de esta calle con más de 1.200 años de antigüedad. Las fachadas blancas de sus casas han sido restauradas, pero si se continúa caminando, pasado el puente de la calle Guangji, se descubre el Suzhou más auténtico, allá donde no llegan los turistas. El mercado local de alimentación, callejuelas laberínticas y un aire cotidiano, con tendederos de ropa callejeros y cocinas improvisadas en la puerta de las viviendas, es lo que encontrarán los que se aventuren por el lado más desconocido de la ciudad.
Dentro de los jardines hay varios salones decorados con mobiliario antiguo
Foto:Anton_Ivanov / Shutterstock.com

La otra Venecia china

A tan solo 30 kilómetros de Suzhou, Zhouzhuang intenta disputarle el título de ‘la ciudad de los canales’. Destacan sus catorce puentes de piedra, como los Puentes Gemelos (Shuang qiao), construidos durante la dinastía Ming. También sus centenares de casas antiguas, conservadas a la perfección a pesar de tener más de cuatro siglos.

Por las noches, otra de las calles estrella, Pinqjiang Road, se llena de gente paseando junto al canal. Decenas de tiendas de madera custodian su orilla y no faltan los farolillos, los pañuelos de seda ni las tiendas de té. Elegantes puestos de helado (o ‘gelato’ pues en esto se parece también a su melliza italiana) conviven con barbacoas callejeras que aparecen de la nada a partir de las diez de la noche. El dulce aroma del barquillo recién hecho convive con otros olores ya familiares, como el de las patas de pollo o las cinco especias chinas. Aunque “la comida de Suzhou no pica”, defiende uno de los comerciantes al pedirle que evite el picante en la sopa de noodles (please, no là, no là).
Por la noche, se encienden los farolillos y comienzan a aparecer las barbacoas callejeras. Se monta una improvisada terraza con banquetas de plástico en la que cenar (o re-cenar) por poco dinero
Foto: Greir/Shutterstock.com
Después de la cena, un paseo a bordo de una góndola. Los gondoleros chinos cambian el sombrero de paja por uno de bambú. Es la forma más original de recorrer Pinqjiang y conocer desde otra perspectiva la ‘Venecia china’, paraíso de turistas, gondoleros y jardines, más o menos humildes.

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