>>>‘Kentucky on the rocks’
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‘Kentucky on the rocks’

El estado del Derby se reivindica como destino turístico gracias al ‘boom’ del bourbon y a la ruta por sus destilerías.
P
atrick trabaja en un hospital de Louisville pero tiene la tarde libre. Por eso ha acudido al parque Waterfront, junto a la orilla del río Ohio, para ver la célebre carrera de barcos de vapor que cada año se celebra en mayo. Siempre el miércoles previo al Derby de Kentucky, la carrera de caballos más famosa de Estados Unidos. “Dígame algo que sea muy de Kentucky”, le pido, tras varios minutos de conversación. Lo piensa serio unos segundos. Después sonríe satisfecho. “Beber”, responde.
Entrada al hipódromo de Churchill Downs.

La leyenda de Ali

Louisville no es solo la capital del estado y del bourbon, también la ciudad donde nació y creció Muhammad Ali, el que fuera el boxeador más famoso de la historia. A él y su legado está dedicado el completo museo con su nombre que se puede visitar en el centro.

“Piense que tenemos dos semanas de fiesta por dos minutos de carrera”, explica. Se refiere al tiempo que duran las celebraciones durante los días previos al Derby. “Pero sobre todo es que tenemos el bourbon”, añade. Esa es la clave. Kentucky es desde hace más de 200 años el estado donde se destila el que está considerado oficialmente como el único licor “nativo” de Estados Unidos. Aquí empezó a fabricarse y aquí ha continuado haciéndose incluso cuando el alcohol estuvo prohibido durante los años veinte. Hoy se destila a niveles de producción récord (1,2 millones de barriles) y el estado se ha convertido en una atracción turística gracias a sus destilerías. Fábricas como las de Jim Beam, el bourbon más famoso y vendido, en Clermont, Makers Mark en Loretto o Wild Turkey en Lawrenceburg reciben cada día a centenares de visitantes. Un millón en total el año pasado, de 52 países diferentes. Allí los acoge un paisaje de prados verdes, de jardines meticulosamente cuidados, de césped segado con cortapelo. Es un escenario de casas de madera típicas de listones iguales, pintura repasada, techos a dos aguas y porches con mecedora. Y una certeza de chimenea de humo que permite saber por el olor que dentro se está cociendo el maiz del que se destila mayoritariamente el bourbon. Si la cadena sigue su curso después de una hora de visita llegará el momento esperado, el de la cata. Uno se sentará ante cuatro o cinco copas de las variedades de cada marca y probará el “nectar de ámbar” como llaman en la zona a esta variedad de whisky americano más dulce que el de otras zonas del país.
El tour de Jim Bean dura 90 minutos y su precio es de $12 (gratis para menores de 21).
Patrick llevaba razón. Algo muy de Kentucky es beber. Sobre todo ese bourbon. Y más ahora con esta ruta de las destilerías que alcanza su apogeo y se convierte en una alternativa diferente a la del vino de California. Aquí, como cuenta Jennifer mientras guía la visita por las instalaciones de Jim Beam, hay visitantes que incluso se arrodillan ante la puerta de entrada. Pero tanto ya no es necesario. Hay más de una veintena de destilerías que se pueden visitar y hace casi un siglo que terminó la prohibición. Por eso sonríe Patrick.
El 95% de la producción mundial de bourbon procede de Kentucky.

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