>>>‘Keep calm and… sawadee krap’

‘Keep calm and… sawadee krap’

Desde un retiro en un templo budista hasta una tumbona en una playa paradisiaca, pasando por un masaje o un spa. Relajarse en Tailandia es un propósito en sí mismo.
S

awadee krap’, bienvenido a Tailandia. Y siempre pronunciado con voz cantarina y una sonrisa. Precisamente ese gesto es el que les provoca a los viajeros no solo los paisajes y templos de este país del sudeste asiático, sino también sus gentes y sus costumbres.

Tailandia es uno de los países más atractivos para quienes quieren meditar y acercarse al budismo. Sus miles de templos lo convierten en un destino ideal para un retiro en busca de calma. En la mayoría, como en Wat Ram Poeng de Chiang Mai, acogen a los viajeros en sus ritos de iniciación. Para los que no disponen de los 10 a 15 días que suele durar un retiro de este tipo, otros templos, como Wat Mahathat, permiten estudiar con horarios más flexibles y en plena ciudad de Bangkok.

Monje budista rezando en un templo
La mayoría de los retiros espirituales transcurren en absoluto silencio.

La meca del masaje tailandés

Quienes quieran seguir mimando el cuerpo tras el viaje pueden aprovechar para aprender a dar un masaje tailandés. Por todo el país hay escuelas que ofrecen cursos de aproximadamente un mes. La meca de los masajes es la Thai Massage School Shivagakomarpaj, conocida como ‘el viejo hospital’ de Chiang Mai.

Sin necesidad de sumergirse a fondo en el budismo, un spa puede ser el mejor broche a un largo día de turismo por los ‘wats’ (templos) de la capital tailandesa. Los hoteles más lujosos presumen de sofisticados spas y de las mejores terapias relajantes. Muchos emulan a los antiguos santuarios budistas. Es el caso del centro de hidroterapia del hotel Mandarin Oriental, un viejo conocido de las listas de los mejores spas del mundo.

Fuera de los hoteles también hay opciones, sobre todo en Bangkok. Face Spa, por ejemplo, se inspira en la milenaria Ruta de la Seda e incluye dos restaurantes, un bar y una pastelería. Con una decoración más moderna, Infinity Spa piensa en los viajeros y ofrece un pack especial para el jet lag, que “rejuvenece cuerpo, mente y alma”.

Masaje en un spa
El masaje tradicional tailandés se realiza aplicando presión con manos, codos, rodillas y pies.

En muchos de estos centros se ofrece el tradicional masaje tailandés, aunque no es necesario acudir a un spa para darnos este capricho. Por las calles de cualquier ciudad de Tailandia, incluso en algunos templos, se ofrecen económicos masajes de cuerpo entero o bien de pies, de cabeza… Uno de los lugares más prestigiosos es el templo del buda reclinado, Wat Pho, que presume de ser el ‘guardián’ de la medicina tradicional tailandesa. La mayoría de los masajistas, si se les pide, adaptan el enérgico masaje tailandés, suavizándolo para quienes no están acostumbrados a tanta vehemencia.

Una pareja descansa en un barco en la costa tailandesa
Las excursiones en barco son un ‘must’ de las estancias en las playas tailandesas.
Foto: Turismo de Tailandia

Saliendo del bullicio de Bangkok, Tailandia es un paraíso tropical. Un 25 por ciento de su superficie es bosque, por lo que una excursión en busca de paz y tranquilidad está al alcance de cualquiera. Hacer trekkings por la selva, acercarse a los elefantes, o descender en canoa por un apacible río son algunas de las actividades frecuentes en casi todos los parques nacionales. Uno de los más populares es el de Doi Inthanon, al norte del país, a unos 100 kilómetros de Chiang Mai. Debe su nombre a la montaña tailandesa más alta, que se eleva 2.565 metros sobre el suelo, y se puede ‘sobrevolar’ en tirolina. En el sur también hay opciones. En el corazón del Parque Nacional de Khao Sok, con una extensión de 739 kilómetros cuadrados, se esconde el lago Cheow Lan. Descansar en una de su cabañas flotantes es una buena recompensa a una excursión por la selva.

Uno no se puede ir de Tailandia sin disfrutar de sus playas. Si lo que se busca es descansar, mejor huir de las más abarrotadas y ‘fiesteras’, como Patong Beach, en la isla de Phuket, o Haad Rin, en la de Ko Pha Ngan. La isla de Koh Lanta, a la que se accede desde Krabi, conserva el encanto del paraíso poco masificado. Aquí, el arrullo del mar y una buena tumbona ayudan a la relajación tanto como un buen masaje tailandés.

 

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