>>>Jordania: reinos perdidos, lagartos azules y gladiadores

Jordania: reinos perdidos, lagartos azules y gladiadores

Convertirse en Indiana Jones es solo el principio. A los niños les encantan las historias y Jordania está llena de ellas, reales e inventadas, todas ellas fascinantes.
C

olocarse un sombrero de explorador, surfear sin olas, pintarse las manos con henna o ver una batalla de centuriones romanos. Cualquier niño estará feliz de adentrarse en esta tierra de castillos y desiertos que tiene dos mares, uno para bucear y otro para flotar. Una llamada a la aventura y la imaginación que convierte a Jordania en un destino para toda la familia. Un país con muchas edades, para todas las edades.

Ammán es un buen punto de partida para una primera toma de contacto con la hospitalidad y las costumbres jordanas. Allí es imprescindible subir hasta la Ciudadela, su colina más alta a casi 900 metros, donde se juntan los niños jordanos a volar cometas que compran a los vendedores en los semáforos. Nos podemos unir a ellos o sentarnos a comer un helado junto al anfiteatro romano y ver atardecer desde las alturas.

Qasr Al-Kharrana
Se conservan una veintena de ‘Castillos del Desierto’, aunque no todos fueron refugio de los cruzados.

Buscando a Nemo

Para bañarse en el Mar Rojo lo mejor es ir hasta Aqaba, una ciudad portuaria y bulliciosa. Allí podremos bucear o practicar snorkel entre erizos y peces de colores. Si los niños son pequeños para bucear existe un tour para conocer el fondo marino a bordo del submarino Neptuno, que ofrece vistas únicas de corales, tortugas y hasta barcos hundidos.

Otra apuesta segura es el Museo de los Niños, donde se mezclan arte y ciencia con más de 150 actividades interactivas y teatro al aire libre. Para reponer fuerzas, un paseo por Rainbow Street, una de las calles más concurridas, nos mantendrá en marcha con un sándwich falafel y batatas fritas del restaurante Al-Quds.

Cerca de Ammán se encuentra Jerash, donde viajamos en el tiempo hasta la Roma de los centuriones. Sus ruinas romanas son las mejor conservadas de Oriente Medio, con columnas, templos y calzadas que dan paso a un grandioso anfiteatro. A los niños les volverá locos el espectáculo que ofrecen dos veces al día, donde reproducen escenas que parecen sacadas de la película ‘Ben-Hur’ o ‘Gladiator’. Centuriones con escudos, carreras de cuadrigas y combates de gladiadores donde ‘solo puede quedar uno’.

Las estrellas en Wadi Rum
Desplazarse en coche resulta cómodo por el tamaño del país y la calidad de sus carreteras.

Dejamos atrás a los centuriones para adentramos en las Cruzadas. Las historias siempre son fáciles de contar si los decorados originales permanecen. Y a medio camino entre Ammán y Petra se hallan los llamados Castillos del Desierto, donde destaca el de Karak, una antigua fortaleza, escenario de la batalla del rey Saladino. Las torres, túneles y pasadizos de Qasr al-Kharrana y Qasr al-Azraq también nos harán soñar con espadas y guerreros.

Familia en el desierto de Wadi Rum
En Petra y Wadi Rum hay que llevar agua fresca, protector solar, gorras y algo para picar.
Foto: VisitJordan.com

Nuestra historia se detiene en una de las maravillas de Jordania (y del mundo): Petra. La antigua ciudad de los nabateos que esconde el tesoro al-Khazneh, el famoso templo en el Cañón de la Media Luna donde Indiana Jones encuentra el Santo Grial en ‘La última cruzada’. Petra es enorme y lo mejor es recorrerla en carruaje, camello o burro. Estos transportes los ofrecen beduinos que salen al paso por toda la ciudad y se mezclan con los característicos lagartos azules que reposan en las rocas de arenisca. Un plan alternativo durante la visita son las clases de cocina que ofrecen en Petra Kitchen, una forma divertida de conocer otra gastronomía y otra civilización a la vez.

En Wadi Rum hay que explorar los gigantescos cañones y puentes de roca, geografía de otro mundo donde Lawrence de Arabia luchó y las viejas tribus beduinas guardaban sus secretos. Después de recorrer este paisaje marciano en 4×4, podremos ‘surfear’ las interminables dunas con una tabla de ‘sandsurfing’, para terminar el día alojados en un auténtico campamento beduino. Desde aquí también es posible llegar hasta el Mar Muerto. Flotar a 400 metros bajo el nivel del mar puede ser tan excitante como acampar en las arenas rojas del desierto.

Artículos relacionados

Wadi Mujib, la garganta de Jordania

A 400 metros por debajo del nivel del mar, Mujib es la Reserva Natural a menor altitud del mundo. Aunque...

Viajar desde el sofá

Google Street View nos acerca a los lugares más recónditos del planeta a través de la pantalla, y sin moverte...

Jordania en su punto

La gastronomía en Jordania es famosa por su contraste de culturas. Guisos beduinos se mezclan con los sabores de los...

Ammán, en las colinas del tiempo

Moderna y tradicional. Tranquila y agitada. Los opuestos se unen en Ammán y el bullicio de sus calles nos arrastra...