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Jordania en su punto

La gastronomía en Jordania es famosa por su contraste de culturas. Guisos beduinos se mezclan con los sabores de los zocos y la comida callejera de Ammán.
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na invitación a comer en Jordania va seguida de la frase “Sahtain wa ‘Afiya”, que significa “Te deseamos buena salud y una comida agradable”. La hospitalidad está presente en todas las reuniones sociales y la comida es la piedra angular de esos encuentros. Los jordanos aman su cocina y se enorgullecen de su variada y atrevida gastronomía con una clara influencia de la zona geográfica conocida como Levante, que mezcla platos de Oriente Medio, África, Persia y el Mediterráneo.

El aroma de oriental de las especias como cardamomo, canela, comino, pimienta de Jamaica, cúrcuma o cilantro se cuela en todos sus platos y recuerda que Jordania ha sido un crisol de culturas durante milenios. Esta mezcla de influencias pasa de la cocina a la calle. Caminar por su capital, Ammán, es un viaje culinario a través de los tradicionales puestos callejeros con platos de orígenes tan variados como el ‘shawarma’ (pan de pita con verduras y pollo, cordero o ternera) de Egipto, carne picante de Irak o pasteles ‘baklava’ de Turquía. En Ammán es de visita obligada el legendario restaurante Hashem, dirigido por una familia turca desde hace más de 50 años. Ni la familia real jordana ha podido resistirse a probar el mejor falafel de la ciudad.

Panadería tradicional en Ammán
La mayoría de las fuentes de comida se acompañan del pan de pita típico de Jordania, muy delgado y sabroso.

Para chuparse los dedos

Los jordanos tienen normas en la mesa. No hay que probar un solo bocado a menos que todos los invitados estén presentes. Con frecuencia se usan las manos para comer, siempre la derecha. Siempre hay que elogiar y agradecer la comida de nuestros anfitriones y no está bien visto rechazar platos.

El verde de la menta fresca y el rojo de los tomates son los protagonistas de la mesa jordana que se llena de coloridas fuentes de comida. Desde guisos a base de cordero y exóticos platos vegetarianos, hasta exquisitos platos de marisco y pescado de Aqaba, recién traídos del mar Rojo, y que se deben probar en Captain’s Restaurant. Una explosión de sabores que satisface a los ‘foodies’ más exigentes. Cualquier comida jordana comienza con un ‘mezze’, que es un surtido de entrantes que incluye pan de ‘khubz’ o pita, salsa de yogur y aperitivos como ‘fattoush’ (ensalada con pan de pita), tabulé, ‘warak enab’ (hojas de uva rellena), ‘hummus’, ‘baba ghanoush’ (puré de berenjena) y falafel.

 

El sabor del desierto jordano se refleja en el plato nacional. El ‘mansaf’ es un guiso beduino de cordero, acompañado con salsa ‘jameed’ y servido con arroz o bulgur. Debido a la escasez de agua los beduinos cocinaban este plato con ingredientes secos como arroz y yogur seco (‘jameed’) que podían transportar fácilmente. Presente en las celebraciones importantes como bodas, nacimientos y fiestas religiosas, el ‘mansaf’ se come al estilo del ritual beduino: el plato o la fuente se coloca en una mesa elevada y los comensales en pie alrededor de ella, a veces con el puño izquierdo detrás de sus espaldas, y utilizando la mano derecha en un movimiento de ahuecamiento para recoger el arroz y la carne en bolas. El restaurante Tawaheen Al Hawa, en Ammán, prepara deliciosos platos de ‘mansaf’, con raciones muy abundantes y precios asequibles.

Beduino preparando café en el desierto
La preparación del café beduino es todo un ritual. Se cuece a fuego lento y se mezcla con cardamomo para darle más sabor.
Foto: jjay69 via Visualhunt.com

A esta atrevida mezcla de sabores hay que unir una cultura cafetera que rivaliza con la de Europa. El gusto adquirido de los jordanos por el café turco es una herencia directa de las tradiciones beduinas. Estas tribus tienen muy presente esta bebida como una manera de agasajar a sus invitados y zanjar discusiones. Eso sí, cuidado con decir ‘no’ a la primera taza de café ofrecida por un beduino, ya que se considera una ofensa.

Postres tradicionales árabes
Los ingredientes base de la mayoría de los dulces tradicionales son la miel y los frutos secos, sobre todo pistachos.

No hay comida que no termine con algo dulce. El fuerte vínculo culinario con los países árabes y mediterráneos se traslada a los postres. Los más típicos son ‘baklava’, un pastel cubierto de almíbar o miel relleno de pistachos u otros frutos secos y el ‘kanafeh’, un rico postre levantino hecho con queso blanco sobre una masa crujiente con jarabe dulce. Así que no olvides dejar hueco para el postre, porque una invitación jordana a comer significa ‘no traigas nada y cómete todo’.

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