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Jerusalén más allá del turismo

Explora otros barrios, prueba la comida local en el mercado, descubre la vida nocturna… El Jerusalén que espera después de visitar la Ciudad Vieja es toda una sorpresa.
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os 3.000 años de historia que contemplan a unas de las ciudades más complejas del mundo hacen que casi todo su influjo turístico se sitúe en torno a los rincones históricos que esconde la Ciudad Vieja. Pero existe otro Jerusalén, el que viven –y disfrutan– día a día los locales, y que merece la pena explorar una vez se haya completado el ‘check list’ de los imprescindibles.

Barrios como Rehavia o Nachlaot esconden el Jerusalén más ‘cool’. Aquel que espera a quienes se aventuren a ir más allá del área más turística. Rehavia, construido en los años 20, fue el primer distrito planificado con grandes espacios verdes; y en sus calles, que conservan el nombre de rabinos y poetas judíos, vivían intelectuales y profesores europeos. Se ubica en el centro de la ciudad y está repleto de pequeñas boutiques y cafeterías. Y es que la cultura del café está muy arraigada en este distrito, cuyas referencias más famosas se concentran en torno a la calle Azza. En el número 17, por ejemplo, se encuentra el Café Yehoshua, cuyo ambiente acogedor y con un toque ‘hipster’ lo convierten en el favorito de los lugareños.

Músicos tocando en la calle.
Jerusalén es una ciudad joven, la media de edad de los habitantes es de 23 años.
Foto: judithscharnowski vía Pixabay

El barrio de Nachlaot, por su parte, se está convirtiendo en lugar de encuentro para jóvenes estudiantes. A dos calles de allí –en el oeste– se encuentra una de las referencias indiscutibles de la ciudad tanto para locales como para foráneos: el mercado Mahane Yehuda.

De la época otomana, no sucumbió ante los intentos del imperio británico para cambiar su diseño, por lo que mantiene su antigua disposición. Así, cada una de las calles de este mercado cubierto están nombradas según la mercancía que allí se vende. Especias, frutas, panes, dulces y encurtidos son los productos más abundantes en este zoco de 250 puestos. El día grande es el viernes, cuando los judíos se abastecen para el ‘shabat’, su jornada de descanso. El mercado también es conocido como ‘Machneyuda’, el mismo nombre que tiene uno de sus restaurantes más afamados. Ubicado en la calle Beit Ya’akov, sirve cocina mediterránea en un ambiente distendido.

Performance del Israel Festival
Durante la celebración del Israel Festival –organizado por primera vez en 1961– las calles de Jerusalén se transforman.
Foto: Israel Festival ©Lisa Rastl

En Mahane Yehuda comienza también la vida nocturna de la ciudad. Sin la fama de la noche de Tel Aviv, la de Jerusalén es bastante más animada de lo que se pueda pensar. Locales como BeerBazaar despliegan sillas y mesas hasta bien entrada la noche. Abre todos los días –los miércoles son los más concurridos– y ofrece más de un centenar de cervezas artesanales. Los lunes de verano también son un buen momento para visitar el mercado, que amplía su horario y organiza eventos especiales, talleres, exposiciones…

Muy cerca del mercado se encuentra HaTipa, otro de los bares más frecuentados por los habitantes de Jerusalén. Variedad de cervezas y vinos en un ambiente tranquilo que invita a conversar. Y con precios que harán suspirar a quienes hayan llegado desde países europeos. También existen rutas guiadas por los bares de la ciudad cada miércoles. El tour cuesta unos 70 NIS (unos 16 euros).

Mehane Yehuda
El mercado Mahane Yehuda se encuentra a una media hora andando de la Ciudad Vieja.

Entre la Ciudad Vieja y el barrio de Montefiore se encuentra La Cinemateca, una de las referencias más habituales en la agenda cultural de Jerusalén. Fundada a principios de los años 70, no se inauguró oficialmente hasta 1981. Surgió de la iniciativa de George Ostrovsky, quien quería crear una cinemateca en Israel, y de Wim y Lia Van Leer, que por aquellos años se dedicaban a hacer proyecciones periódicas. De su unión surgió Israel Film Archive y Jerusalén pudo empezar a mostrar películas de calidad gracias al apoyo de la industria (incluido Hollywood). Tras este impulso, en 1984 se creó el Festival de Cine de Jerusalén, que cada verano exhibe unas 200 películas tanto nacionales como internacionales. En este mismo espacio se proyectan –en directo– las funciones de la Metropolitan Opera House y obras del London’s National Theatre.

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