>>>Islas Feroe: el sueño del ermitaño… y del instagramer
Foto: hollie-harmsworth/unsplash.com

Islas Feroe: el sueño del ermitaño… y del instagramer

En el mapa son tan diminutas que ni siquiera las cámaras de Google las habían rastreado. En persona, las islas Feroe son gigantes de piedra y mar donde la naturaleza manda.
F

ue una oveja la que inició el mapeo de Google Street View en las islas Feroe, un archipiélago en el Atlántico Norte, entre Escocia, Noruega e Islandia. Unas remotas islas, autónomas de Dinamarca, cuya población de ovejas es superior a la de personas -70.000 frente a 50.000- y en las que solo existen tres semáforos, los tres en su capital, Tórshavn, la más pequeña del mundo. Por algo las Feroe se consideran a sí mismas ‘el secreto mejor guardado de Europa’.

El asilamiento geográfico ha hecho agudizar el ingenio a sus habitantes. En 2016, con apoyo de la oficina de turismo de las islas, la feroesa Durita Dahl Andreassen, ayudada de un pastor local, colocó cámaras de 360 grados a cinco ovejas creando la web SheepView360, en la que reclamaba Google Street View para las islas. “Es un lugar que siempre ha estado oculto y lejos de todo, pero creo que estamos listos para invitar a la gente”, reivindicaba Durita. Google se hizo eco de la iniciativa y, desde finales de 2017, las islas Feroe ya se pueden visitar de manera virtual en su aplicación de mapas.

Faro de Kallur
La vista del faro Kallur, en la isla de Kalsoy, es una de las más espectaculares de todas las islas.
Foto: ©Gregoire Sieuw/Visit Faroe Islands

Frailecillos, estrellas secundaria

Las ovejas son las protagonistas de las islas, pero los pájaros también tienen su lugar. La isla de Mykines es ideal para el avistamiento de aves: frailecillos, pájaros bobos y hasta 300 especies se dejan ver, sobre todo en primavera y otoño. Los acantilados de Søltuvík, al oeste de la aldea de Sandur, son uno de los pocos sitios vírgenes donde acercarse a los asentamientos de frailecillos.

Más allá de viajes virtuales, merece la pena contemplar de cerca (y en persona) la belleza desnuda y áspera de estas islas moldeadas por la embestida constante de las aguas del Atlántico, donde ningún punto se encuentra a más de cinco kilómetros de distancia del océano. Acantilados de hasta 1.000 metros de caída que parecen flotar en la niebla, mar y hielo, y sobre todo, muchas ovejas que viven libremente entre los pastos de un verde deslumbrante que cubre todo, desde lo alto de las montañas hasta los tejados de las casas. En aldeas como Saksun (Streymoy), las casas se mezclan con el paisaje en una ilusión óptica de hierba sin fin.

 

Ni árboles ni mamíferos terrestres autóctonos ni casi nada que crezca por encima del suelo –solo hay un bosque en la isla de Kunoy- sobrevive a los fríos vientos del Atlántico norte. Aunque su temperatura media es una de las más altas de los países nórdicos, incluso a mediados de mayo la nieve reposa sobre el pico más alto de las islas, Slaettaratindur (880 metros). El restaurante Koks, el primero con estrella Michelin de las islas, usa agujas de pino para aderezar su plato estrella, cola de langostino a la parrilla.

Acantilado en islas Feroe
La falta de agricultura hace que las frutas y verduras que se venden en los supermercados se envíen desde Dinamarca.
Foto: ©Martin Paldan/ Visit Faroe Islands

Las islas -18 en total- se recorren combinando trayectos en coche con rutas a pie. La más grande de todas es Streymoy, donde se encuentra Tórshavn, la capital, desde la que parte el ferry que conecta la mayoría de las islas. Pequeñas aldeas de colores surgen en inmensos valles y asaltan al viajero, siempre entre cascadas, lagos y viejas historias vikingas. En Tinganes, el núcleo antiguo de la capital, se encuentra el parlamento más viejo del mundo, donde parlamentaban los vikingos hace 1.500 años. Exceptuando la capital y la norteña Klaksvík, la segunda ciudad más grande de las islas, apenas se ve gente por las calles, eso sí siempre en posible cruzarse con ovejas o frailecillos, las aves características de las islas. Incluso la diminuta isla Stóra Dímun es el hogar de 450 ovejas y solo nueve habitantes.

El carácter terrenal de los feroeses, estrechamente vinculado a la naturaleza, ha creado recursos en busca de ‘alianzas’ con la grandeza del entorno. El puente Streymin, que conecta las isla de Streymoy y Eysturoy, es uno de los pocos que existen en el mundo sobre el océano Atlántico. Las carreteras atraviesan montañas y túneles submarinos. Y los pequeños barcos de pesca, acondicionados para el uso de pasajeros, son la mejor manera de explorar las famosas grutas de los acantilados de Vestmanna, de 600 metros de altura; o las formaciones rocosas como ‘El Gigante y la Bruja’, que según la leyenda se volvieron de piedra cuando les dio el sol.

Contemplar (y compartir) la belleza de las islas Feroe también puede dejarnos de piedra, además de adornar nuestra cuenta de Instagram.

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