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Isla de Lobos, minimalismo natural en Fuerteventura

Cuatro kilómetros, ni un carretera y un solo restaurante. Así es este discreto islote del archipiélago canario.
I

sla de Lobos o Islote de Lobos? El primero es el nombre oficial; el segundo, el popular, se lo debe a sus escasos 4,5 kilómetros cuadrados. A menos de dos millas de la costa norte de Fuerteventura (España), no hay habitantes ni carreteras. Solo un faro y un restaurante, en el que es imprescindible reservar en persona. Eso sí, cocinan pescado del día. Incluso el capturado por los clientes.

El último habitante de la isla fue Antonio Hernández, conocido como “Antoñito, el farero”. Vivió hasta 1968 con su familia en el Faro de Martiño, que sigue en funcionamiento –ahora sin supervisión– y es la única obra oficial de Isla de Lobos. Construido a finales del siglo XIX, es de estilo neoclásico y se encuentra al norte de la isla, mirando a Lanzarote –a unos ocho kilómetros de distancia–.

Faro de Martiño
Isla de Lobos se encuentra en el Estrecho de la Bocaina, que separa las islas de Fuerteventura y Lanzarote.

Zona de protección de aves

La que fuera isla de los lobos marinos, ahora lo es de las aves. Marinas (pardela, guincho, gaviota patiamarilla), que nidifican en los acantilados, y migratorias como el charrán y la garza real. En tierra les acompañan pequeños reptiles como la lagartija y el perenquén.

Formada hace 135.000 años, Isla de Lobos es la zona más joven de Fuerteventura. Debe su nombre a quienes fueron sus habitantes más duraderos, los lobos marinos (o focas monje), que vivieron aquí hasta hace 500 años cuando fueron cazados por los conquistadores que llegaron hasta Lanzarote y Fuerteventura. En su honor hay una estatua de dos lobos marinos, que desentona en este espacio casi virgen. Aunque, curiosamente, no es la única escultura de la isla, también hay una dedicada a la escritora española Josefina Pla, nacida aquí en 1903.

 

Los romanos también pasaron por Isla de Lobos. Al menos, como un estacionamiento temporal para cultivar múrice, un caracol marino de color púrpura muy preciado como tinte.

El Puertito
A Isla de Lobos se llega desde Fuerteventura, y el viaje cuesta unos 12 euros.

Ya abandonada por romanos, conquistadores y fareros, actualmente está deshabitada. Hay algunas casetas de construcción muy básica, en las que sus dueños tienen lo necesario par pasar el día. Para llegar hasta la isla lo habitual es coger un ferry o un pequeño barco de pescadores desde Corralejo (Fuerteventura). El recorrido no lleva más de 15 minutos. En destino esperan aguas tranquilas, unas de las más turquesas de todo el archipiélago canario. Un relax reparador que tiene su cénit en El Puertito. En esta piscina natural uno cree estar en un paraíso de aguas transparentes que contrasta con las rocas volcánicas.

Sendero ruta Isla de Lobos
El Puertito, la Playa de la Concha o las Salinas de Marrajo son algunas de las paradas imprescindibles.

Además de un baño inolvidable, esta zona es perfecta para practicar una de las actividades más populares en la isla, el snorkel. La otra es el senderismo gracias a las excursiones hasta el cono volcánico de la única montaña de la isla, La Caldera. Con 127 metros de altura, es un reto asumible que despunta ante el resto del paisaje y que ofrece una vista panorámica de la isla.

Isla de Lobos está declarada parque natural por lo que algunos espacios son de acceso restringido. Más allá del sendero y de las playas, el islote está cubierto de malpaís volcánico: terreno repleto de rocas poco erosionadas. Nadie dijo que fuera fácil ser un islote abandonado en pleno Atlántico. Se puede ‘habitar’ por un día, ya que está permitida la acampada. Eso sí, se necesita autorización previa del Cabildo de Fuerteventura.

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