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Sherry Minnard | Profesora y directora de programas de yoga

“Soy una guerrera del yoga”

Sherry Minnard abandonó el caos neoyorquino para ser profesora de yoga en Rajastán, en el ‘ashram’ que dirige Surajnath Siddh. Ambos enseñan cómo viajar hacia la calma mental y física.

Texto: Guadalupe Rodríguez y Patricia Gardeu | Fotos: Kreativa Visual | Video: Kreativa Visual

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os árboles te harán inteligente si pasas suficiente tiempo en el bosque”. Esa fue la frase que siendo niña le dijo su madre. Palabras que resonaron en la cabeza de Sherry Minnard cuando el trajín de Nueva York, sus tres hijos y el estrés laboral conformaban su día a día. Tanto que una mañana, no se reconoció en sus propios zapatos y decidió comenzar de cero. “No me gustaba mi vida ni mi trabajo y decidí emprender un viaje a India”, confiesa Minnard. Un camino que, aunque por entonces lo desconocía, se convertiría en su modo de hallar la felicidad. Llegó a un ‘ashram’ –espacio en el que, según la tradición hinduista, se enseña yoga y meditación– en Rajastán, cuna de la antigua civilización india, tierra de “santos, siddhas (maestros) y sadhus (monjes)”.
En India existen documentos sobre el yoga desde hace más de 4.000 años y esta disciplina es tan valorada que el país cuenta desde 2014 con un ministerio encargado de salvaguardar las medicinas y prácticas tradicionales. Así que Minnard, que llevaba 25 años practicándolo, apenas necesitó unos días para comprender que estaba en el lugar correcto. Al poco tiempo la invitaron a trabajar como escritora, diseñadora y profesora de yoga en el ‘ashram’ Shri Jasnath Asan, una fortaleza medieval ubicada en la región de Marwar. Minnard aceptó, adoptando el nombre espiritual de Shreejan Sita. Comenzaba así una nueva vida. “Han pasado cuatro años, me gusta mi trabajo, me encanta mi filosofía de vida y el lugar en el que aquí en India, tan lejos de la ciudad, he comenzado mi nuevo hogar”.
Al principio le asfixiaba la falta de espacio. La superpoblación en India –el doble de población que Estados Unidos en la mitad de espacio–, y un estilo de vida basado en compartirlo todo –desde la cama hasta la comida o los armarios– chocaban con el espíritu individualista occidental. “Lo veía invasivo hasta que entendí que formaba parte de mi entrenamiento”, recuerda.
La angustia vital le duró poco. “La principal lección que aprendí es que en realidad no necesitamos nada. Puedo sobrevivir y ser feliz sin nada, por eso cuando miro hacia atrás, hacia la vida que tenía en Nueva York, me doy cuenta del despilfarro”.
“Aprendí que no necesitamos nada”
Sherry Minnard haciendo yoga.
Para la yogui, cambiarse de nombre es similar a “asumir una nueva identidad espiritual”.
La región de Marwar es una de las más antiguas de India. “Es preciosa, pero intocable, incolonizable”, afirma Minnard sobre su hogar adoptivo. “El colonialismo no alcanzó el norte, cerca de la frontera paquistaní, así que no hay mucha influencia del oeste”, explica. “Pero está llegando”, matiza. La yogui destaca que a pesar de que la influencia occidental es cada vez mayor –“Tenemos muchas escuelas de Inglaterra católicas, influencia de la vestimenta occidental, la necesidad de hablar inglés…”–, aún viven en un ambiente “tradicional, similar al siglo XV en los vestidos de las mujeres, el trabajo… Van al mercado todos los días, viven en chozas…”.
“Es una manera natural de estar en contacto con la tierra, lo que nos mantiene sanos, apreciando una forma de vida sencilla sin tener que poseer muchas cosas materiales”, resalta Minnard. Otra de las enseñanzas adquiridas es que las personas “apenas necesitan tres días para dejar un mal hábito”. Mientras que para adoptar nuevas costumbres son necesarios “unos 21 días”. Tiempos que se adaptan al que los viajeros suelen pasar en India cuando se interesan por el turismo espiritual, y que abarca retiros –suelen durar de 14 a 21 días– centrados en el aprendizaje del yoga, la meditación y el cuidado del cuerpo y la mente.
Sherry Minnard con una escultura.
Con el nacimiento de su hijo, hace 25 años, empezó a dar clases de yoga.
  “La Unesco protege el yoga como tradición y patrimonio de la India y promueve la llegada de turistas con este fin”, explica Minnard, que recomienda su práctica no solo para quienes sufran una crisis existencial, sino para los que busquen ser más felices “adquiriendo un estilo de vida de yoga”, aunque no sea en India, sino en sus casas.
Por eso, aunque recomienda “acudir a la fuente” cuando comienzas –“Con suerte encuentras un buen gurú que te ayude a encajar en la vida moderna”–, reconoce que nadie “necesita dejar su vida por un ‘ashram’ en la India para convertirse en yogui”. “Puedes serlo con un poco de entrenamiento, un gurú adecuado y las enseñanzas correctas”.  
“Lo que está sucediendo ahora en India podría cambiar el mundo”
“Podemos llegar a la gente, lo que está sucediendo ahora en India podría cambiar el mundo”, detalla la profesora, que considera que el futuro está en el encuentro entre Occidente –“con su sistema, tecnología y publicidad”– y Oriente. “Tenemos el yoga, grandes maestros e interés por educar”, agrega. “No inventamos nada, usamos prácticas antiguas. Solo somos mensajeros, personas con habilidades y una pasión por ayudar a los demás, detalla la yogui, que anima a la lucha desde la espiritualidad. “Yo soy una guerra del yoga”, apunta, y concluye que cualquiera que sea capaz de buscar esa felicidad y “ayudar al mundo a sanar” será también “un guerrero del yoga”.
Surajnath Siddh en su centro.
Surajnath Siddh dirige un centro que se presenta como una alternativa de ocio ecológico y espiritual donde acallar la mente.

Surajnath Siddh | Monje y director del centro de yoga Shri Jasnath Asan

“El yoga es la ciencia de la vida”

Para alcanzar la paz, Surajnath Siddh, director del centro Shri Jasnath Asan, recomienda practicar yoga, una disciplina que define como “científica”.

Texto: Guadalupe Rodríguez y Patricia Gardeu | Fotos: Kreativa Visual | Video: Kreativa Visual

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onocimiento espiritual y de la vida, curación, consejos y apoyo psicológico y espiritual”. Estos son algunos de los servicios que ofrece Shri Jasnath Asan, uno de los ‘ashram’ más antiguos de la región de Marwar. Así lo explica Surajnath Siddh, monje y director de este centro situado en el pueblo de Panchla Siddha, en Rajastán.

Un espacio de retiro y meditación, con más de 500 años de historia, que ofrece clases de yoga y meditación y también garantiza un servicio a la comunidad a través de programas gratuitos de comida y becas infantiles.

“Si el visitante quiere ayudarse a sí mismo, le damos la bienvenida”

“Los ‘ashram’ son centros espirituales, y para continuar con esa energía debemos mantener la serenidad y no permitir demasiado ruido”, detalla Surajnath Siddh cuando se le pregunta por la compatibilidad de la paz espiritual con la faceta turística. “Hacemos un balance, cuando los visitantes vienen les preguntamos por qué han llegado hasta aquí, cuál es su intención, qué quieren aprender… Y si quieren ayudarse a sí mismos, les damos la bienvenida”.

El yoga es el eje central del espacio, una disciplina que el director define como “científica, sistemática, con sus técnicas y métodos”, y en donde también es importante el estilo de vida de quien lo practica: “Qué come, qué bebe, cómo se comporta”. “Es la ciencia de la vida, una buena herramienta para lograr que una persona esté física y mentalmente saludable y en paz”.

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Panchla Siddha. Via - Khimsar, Dist. Nagaur, Rajasthan
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