>>>India, en polvo te convertirás
Foto: Salani Mohan

India, en polvo te convertirás

El festival Holi reúne en la región de Braj, la tierra de Krishna, a creyentes y no creyentes para recibir la primavera. Un día en el que todos somos iguales y en el que arden las hogueras que simbolizan el triunfo del bien sobre el mal.
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os cubriremos el rostro, la piel y la ropa de polvos de colores brillantes, de agua también coloreada, danzaremos, cantaremos, saltaremos, aplaudiremos y reiremos. Pero antes de que llegue todo eso debemos salir a buscar leña. Los hindúes celebrarán a Krishna, uno de sus dioses más queridos, una de las encarnaciones de Visnú, creador y destructor del universo, o dios primigenio origen de los poderosos Krishna y de Shiva, según la corriente hinduista en que se crea. Pero antes se recogerá la leña. Entre febrero y marzo, cada año cambia la fecha, sobre todo en India, pero también en otros países donde el hinduismo es la religión mayoritaria como Nepal, la llegada de la primavera se celebra con el festival Holi, que reúne a creyentes y no creyentes, que ya ha trascendido la religión.

Ese día las calles de las ciudades se abarrotan de gente que ríe y se lanza los gulal, esos polvos de colores con los que todos nos tornamos azules, amarillos o rosas y con los que desaparecen así las diferencias. En Holi todos somos iguales. Por unas horas en la descomunal India, en un país de desigualdades y contrastes sociales, donde más de mil millones de personas viven clasificadas y condenadas de por vida según dónde nacieron, no hay castas ni razas. No hay hombres ni mujeres. Tampoco ricos ni pobres. Pero antes debemos conseguir la leña.

Personas hacia el templo de Sri Banke Bihari.
Miles de personas caminan en procesión hacia el templo de Sri Banke Bihari, en Vrindavan.

Y Radha se tornó azul

Al pequeño Krishna no le gustaba ser oscuro. Miraba a las muchachas, a Radha, que sería su consorte, y veía su piel más clara con envidia. Harta de su sufrimiento, su madre decidió darle color a la piel de Radha para igualarlos a ambos. Esta acción es hoy una de las leyendas detrás del origen del festival Holi.

Esta es una de las fiestas más famosas del hinduismo, exportada al mundo por su diversión y celebrada en muchos rincones del planeta por los emigrantes indios y ahora también por sus vecinos locales que la han adoptado como propia. El equivalente a los carnavales que se celebran desde España hasta Brasil. Pero vivida en India, su país de origen, sobre todo como un momento de exaltación, de emoción y de espiritualidad.

Holi es el día de mayor libertad del año. Cuando no solo se quiere celebrar la eclosión de esa primavera incipiente sino también la personal. En Holi llueven mantos de polvo desde los balcones y las ventanas de las casas, el suelo se torna de color azul y entre la procesión multitudinaria que camina por las calles o se dirige a los templos no se diferencian jóvenes de ancianos. Todos antes, también, han recogido su leña.

 

Retratos callejeros

Las mujeres se protegen el rostro con sus saris y los niños encaramados a los hombros de sus padres lanzan globos de agua amarilla. Nadie se queja, no hay protestas ni motivos para ellas. Tampoco los viajeros –cuidado: Holi no respeta ni las mejores cámaras fotográficas– se libran, frecuentemente convertidos en objetivo predilecto de los lugareños, a quienes la presencia de los extranjeros en sus calles siempre despierta esa curiosidad tan sorprendente que hace incluso que una docena de personas puedan arremolinarse alrededor de uno en una calle o pedirle que pose para un retrato callejero, como se para a los actores de cine o a los futbolistas, ahora que los smartphones han democratizado la fotografía. Pero antes de que eso suceda todos habremos recogido

Participantes en el Holi, en India.
Los participantes lanzan kilos de polvos de colores al aire y confeti de papel pintados.

Celebrado en todo el país, Holi tiene su epicentro en la región de Brag, en Uttar Pradesh, zona norte del país. Allí, en sus bosques, como recogen los textos sagrados, pasó Krishna su infancia y juventud. De ahí que sea en sus ciudades como Agra o Mathura, pero sobre todo en la más pequeña e histórica Vrindavan, donde la fiesta gane en efervescencia y se alargue durante más de dos semanas.

 

Mujeres de Vrindavan, en el Holi.
Las mujeres de Vrindavan se envuelven en sus saris y bailan como ofrenda a Krishna.

De esos bosques en los que el pequeño Krishna se transformó en Lord Krishna proviene de hecho la mejor leña. La misma con la que la víspera del festival se levantan las enormes piras que arden simbólicas del triunfo del bien frente al mal, el fuego en el que los demonios se convierten en ceniza y que nos recuerda la leyenda sobre cómo el príncipe Prahlada se salvó de la muerte en una hoguera protegido por Visnú cuando se negó a adorar al malvado rey Hiranyakashipu. En su lugar ardió la terrible Joliká, hermana del rey. La mujer que da nombre hoy al festival más famoso del país.

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