>>>Heli ski, el rey (fuera) de la pista
Foto: Danny Stoffel / CMH Heli-Skiing

Heli ski, el rey (fuera) de la pista

Volar en helicóptero para deslizarse por las cumbres más sorprendentes con el nuevo ‘must’ de los deportes de riesgo. Coge los esquís, la adrenalina del frío está aquí.
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n descenso en vertical de más de 1.500 metros aguarda en la estación de Riksgränsen (Suecia), 200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. Un helicóptero se abre camino entre nubes y niebla, y consigue dejar en la cima de la montaña al grupo de esquiadores que afrontan impacientes su bajada más libre y temeraria en terreno virgen.

Un sueño para cualquier esquiador o snowboarder y que es posible gracias al heli ski, una de las modalidades más exclusivas de los deportes de invierno. Permite llegar hasta cimas imposibles en helicóptero para descender por laderas fuera de pista e inaccesibles de otra manera. El visionario de este deporte fue el canadiense Hans Gmoser, que tras el éxito de una expedición en helicóptero en 1963 a las montañas de Cariboo (Columbia Británica) se atrevió a comercializarlo y poner su experiencia en alta montaña al servicio de los más osados.

Descenso en vertical de esquiador en Alaska
Los destinos más codiciados, además de Norteamérica, son los Alpes suizos y franceses, Islandia, Suecia, Rusia, Turquía, Chile y Nueva Zelanda.
Foto: Justin McCarty/ alaskaheliskiing.com

Entre el cielo y la tierra

Abordar el helicóptero a través del agua en un yate aporta una emoción extra. La agencia Elemental Adventure permite descubrir las vías protegidas de Groenlandia, Alaska y la Columbia Británica a través del mar. Las oportunidades de acceder a vertientes más difíciles se multiplican con esta base de operaciones marítima.

Explorar la naturaleza indómita es uno de los mayores placeres de esta modalidad y la convierte también en una de las más exigentes. Todd Jones, ralizador de vídeo y miembro de una expedición con ‘Last Frontier’, una de las agencias que operan en Columbia Británica, asegura que “las pistas son inmensas y la sensación de soledad no tiene rival”. En días claros el helicóptero puede subir hasta cotas de 3.500 metros. Las bajadas con verticales interminables ponen a prueba las piernas de los esquiadores más expertos, que llegan a acumular hasta 8.000 metros de desnivel. Puro esquí fuera de pista entre paisajes de blancos eternos, descensos por vertientes abiertas, contornos naturales y claros entre árboles, que requiere un alto nivel de técnica y preparación.

 

Como diría Kilian Jornet, campeón del mundo de esquí alpino, “la montaña te obliga a ser quien eres”. En el caso del heli ski la soledad y el frío ponen a prueba la resistencia. La posibilidad de aludes es alta y aunque se practica en grupos de entre cinco y diez personas con guías especializados, cada esquiador lleva su propio equipo de salvamento y recibe un curso de supervivencia.

La naturaleza más ‘chic’

El lujo no está reñido con el entorno más elemental. Al sur de Nueva Zelanda, cerca del lago Wakatipu, se encuentra Blanket Bay, un exclusivo complejo sumergido en las montañas. Las suites-chalet cuentan con chimeneas de piedra donde sacudirse el frío tras una sesión de heli ski por las cumbres más cercanas al polo sur.

Canadá y Alaska son los mejores terrenos del mundo para practicar este deporte extremo. Pero el coste no es apto para todos los bolsillos. Un viaje de cinco a siete días suele rondar los 10.000 dólares, y una salida por horas unos 1.000. La estación de Whistler, en Columbia Británica, es uno de los destinos estrella. Elegida por la revista ‘Ski Magazine’ como la mejor estación alpina de Norteamérica, cuenta con la ventaja de tener una nieve muy suave y descensos con diferentes niveles de dificultad.

 

Agencias como ‘CMH Heli-Skiing’ ofrecen exclusivos ‘lodges’, formados por cabañas de lujo ‘eco friendlys’ que compensan la crudeza del entorno. Bañeras de hidromasaje, saunas, una selecta carta de vinos, masajistas y comidas gourmet componen la cara más glamurosa del heli ski.

Montañas Whistler en Canadá
El monte Whistler (Alaska) ostenta el récord del mayor desnivel de Norteamérica con casi 1800 metros.

En Alaska las montañas son una locura para los esquiadores pro y snowboarders que visitan esta zona cada año, entre febrero y marzo. Aquí las temperaturas son muy frías y absorben la humedad de la capa de nieve dejando el polvo aterciopelado. “Las montañas de Haines están bendecidas con un montón de nieve y sol, más que en cualquier otro lugar al sureste de Alaska”, nos cuenta Seandog, guía de la agencia‘Alaska Heliskiing’, que lleva más de veinte años operando en esta zona. Sus bajadas de hasta 60 grados de inclinación hacen de esta cordillera, pegada al glaciar Davidson, el lugar ideal para iniciar el descenso.

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